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EN CUOTAS
En el libro ADN, Jorge Lanata abre uno de sus capítulos afirmando: “Ninguna ciudad se puede fundar dos veces y ningún pueblo puede independizarse en cuotas”. En pleno “Día del amigo”, escribo estas líneas habiendo pasado 13 años del Atentado a la AMIA. Y me gustaría, al menos, que lo que Lanata marca como defecto, al menos aplique a la Justicia. Digo “al menos” – bajando nuestro nivel de aspiraciones- porque finalmente uno ansía una justicia en cuotas como si fuera un regalo. Ni eso. Sólo engaños al estómago. Engaños con la peor alimentación, que ni siquiera sabe a dulces. Y no es con esto que pretendo un engaño bien puesto en escena. Sencillamente pienso que el letargo que nos caracteriza se convierte en insensibilidad, en una resignación sobre los actos intencionales que parece vinculada hacia los acontecimientos naturales. Estamos resignados a que no haya justicia. Estamos resignados a no exigirla. Mientras el escenario político y la mentalidad social de la “no política” siguen ignorándose los unos a los otros, la única traducción del desprecio hacia las figuras políticas es votar con resignación. Después del “que se vayan todos”, el escenario sigue siendo de los mismos. Y las propuestas para las próximas elecciones, desoladoras. Nuestro sentimiento: impotencia. ¿Qué podemos hacer? La idea de generar una nueva política, o una “política” a secas, es una utopía. Entendemos política como gerenciamiento, y el negociado inter-empresario-político es moneda corriente. La política como catapulta de acceso al Estado para los negociados, está legitimada socialmente por conocida, por costumbre, por falta de contraste con “lo que se debería hacer”. Quizás cabe recomendar una historia del Quijote que no pertenece al relato de Cervantes. Es la película de Frank Capra “Caballero Sin Espada” (Mr. Smith goes to Washington), en la que el personaje central interpretado por James Stewart parece surgido de un cuento de hadas, pero se enfrenta con una realidad vigente hoy, ya existente en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. ¿Es posible pensar en la política? En numerosas materias que se estudian en las carreras de Ciencias Sociales existe la propuesta “pensar la política”. ¿Hay una ingerencia entre quienes se forman en la Universidad para modificar el campo? Posiblemente dependa de la intención. ¿Es falta de intención? Es muy posible que la intención no sea suficiente. Así como “Caballero sin Espada” referencia a un Hearst ficiconal (como unos pocos años después lo haría directamente “Citizen Kane” de Orson Welles), hoy los Hearst tanto de la información como del esquema financiero son más que molinos de viento. El Esquema Mundial nos hace pensar en otro movimiento pendular. En Argentina, el movimiento Pendular Político-Institucional quedó regido no sólo por “democracias” y “dictaduras”, con genocidios imperdonables en períodos democráticos por sometimiento al mismo esquema financiero de las dictaduras, sino por los poderes que cambiaron de eje (de Inglaterra a Estados Unidos, cambiando la relación carnal) y los acuerdos de exportación e importación que influyeron, con una clara intención mediante, en el escaso desarrollo industrial argentino, y en los constantes procesos inflacionarios. Hoy, entre estos vínculos externos con los poderes que atraviesan a los pueblos, el movimiento pendular que rige al Mundo no es estrictamente financiero, sino un esquema de flujo de capitales con una influencia dual: el Petróleo y el Narcotráfico. Ese movimiento pendular (¿cuál es el poder más definitorio en el planeta?) alimenta al hijo bastardo que es el mercado armamentista. Este movimiento pendular de negociados e intereses en pugna, que alimenta de paso el fundamentalismo y todos los “ismos” violentos posibles, nos trajo a los muertos. A nuestros muertos. Y la Justicia es lo único que no nos ofrecen en cuotas. No hay tarjeta para eso. No tenemos solvencia. Nuestro recibos de sueldo no sirven. No nos dejan reclamarla. Sólo nos permiten gritar por ella, pero sometidos a la resignación de no ser escuchados. 20 de Julio de 2007
¿POR QUÉ ES FERIADO? 7 de Mayo de 2007 Mayo. Mes de conmemoraciones. Mes de los trabajadores. Mes del Cabildo. Mes de French y Berutti. Mes de feriados. Mes de estrenos. Mes de afichajes insoportables por la ciudad. Mes de campañas. Mes de luchas. Mes de dolores (¿hay alguno que no lo es?). Más de lo mismo. Guerras de campañas quizás más directas, y guerras contra las campañas (sátiras a sus colores, a sus abordajes, a sus retóricas, a sus diseños gráficos). Un candidato "que en la mitad del tiempo hizo el doble" da lugar a la tentación de complñetar la frase: "de cagadas". El hablar popular se sobrelee al de los publicitarios. Y la pregunta: ¿los publiictarios tratan de vender a sus candidatos o de "mandarlos al muere"? Hay momentos en que los afiches, sinceramente, dan risa. O los candidatos se venden como emblemáticos hijos de víctimas luchadoras contra el Terrorismo de Estado más que por sus propias propuestas, o se muestran como administrraciones diferentes a la que pertenecen. Un vicegobernador que pertenece a la misma administración de un gobernador acusado, convietiendose en gobernador y proclamándose algo distinto, cuando toda una administración debe ser acusada, es un caso paradójico. La pregunta es si la gente verdaderamente se traga esos sapos. Hablo de los argumentos, no de los candidatos. Bueno... ¿por qué no apelar a la capacidad de abstracción y aprovechar el mote para todo? Porque en el deber ser periodístico el respeto a las investiduras se impone. Pero simplemente la investidura no puede, no debe, imponerse. No sobre los derechos, no sobre la constitucionalidad, no sobre la representación. Es interesante que el Feriado se conmemore, aunque se impongan argumentos del más descarnado conservadurismo de derecha cuando la represión contra docentes previa intervención de establecimientos educativos nos lleva al inexplicable asesinato de Carlos Fuentealba, cuando medularmente el día recordado -no se si "festejado", porque la conmemoración es duelo por las víctimas de la lucha obrera y al mismo tiempo un festejo y reconocimiento a su férrea voluntad- proviene de las huelgas anarquistas de Chicago. Más paradójico cuando nuestra historia guarda en su seno una Patagonia Trágica surgente de un gobierno elegido por sufragio. Un modelo exitista nos rige. Un modelo en el que hay que aguantar la imagen de Coco Basile o Adriana Varela vinculados al Patromonio Cultural de la UNESCo en que se convierte Buenos Aires. Y como siempre, los ejes principales de conflicto, se van desplazando. Seguimos en una ciudad que se convierte en una trampa mortal con cámaras eléctricas en contacto con el agua de la inundación, que se forma con un Katrina que no es tal. Una tormenta fuerte. No es un temporal. No es un ciclón. No es un tornado. Es una torementa fuerte. Y Buenos Aires no la puede atajar. Responsabilidad de...? De una procesión de inoperantes que atraviesa todas las décadas y sistemas de poder posibles: dictaduras, democracias, dictaduras, democracias... Ferrocarriles: siguen los descarrilamientos,
los incendios, la ruina de un Servicio regalado a la explotación
privada que no invierte, y que debería ser acusada de negligencia,
aunque no falta poco para quye tenga que ser acusada de homicidio agravado.
La discriminación de las zonas Oeste y Norte es alevosa. ¿De
quién depende? No de la ciudad. Sencillamente se extiende el modelo
de siempre. El corporativo. El beneficio de la empresa. El perjuicio de
la gente. En todo caso, del trabajador. La desprotección contrasta
con los feriados; con el 25 de Mayo, con el Cabildo, con el Día
del Trabajador, con la Independencia. Todo es una maqueta troquelada de
la Revista Anteojito (que lamentablemente, ya no está entre nosotros.
Anteojito es otro Mártir).
Reflejos del Crimen Pascuas de 2007: Domingo 8 de Abril Escribí este editorial una y otra vez. Contra todo el "deber ser" del periodismo, me "desdije" de lo escrito. Además, lo publiqué una y otra vez. Es que no resulta fácil. El Cerebro reaparece después de unos cuantos meses. Y a este periodista le han pasado muchas cosas. Felices, por cierto. Hace muy poquitos días, doce apenas, nació mi primera hija. Hace apenas doce días, nuestra familia se llenó de dicha. Y es por esto que la bronca se profundiza al vivir el duelo de un compañero docente. El duelo de otra semana Santa fatídica, como tantas. Porque estoy viviendo una dicha que a otra familia le han arrebatado. Porque vivo esa dicha, me tajea en el alma el dolor de la familia de Carlos Fuentealba. Por eso no alcanzan las palabras. Reescribo una y otra vez, y más allá de lo poco ético de un efectismo en la argumentación, no encuentro que las palabras logren transmitir el grito de tinta. ¿Sería posible establecer una analogía entre el dolor de la cosmogonía religiosa y el dolor con la claridad de la intención más perversa y la seguridad de la bronca más arraigada hacia los barracudas que NO ENTIENDEN, y por eso, SIGUEN MATANDO? Simplemente, en la democracia, no hay lugar para ellos. Y si esto resulta paradójico, porque la exclusión, la proscripción, el desear "no verlos más", es propio de la más descarnada autocracia, no hay forma aparente de integrar el elemento violento con la convivencia que implica la civilidad. NO HAY MANERA de albergarlos en este país posible. Entonces: ¿qué hacemos? Entonces... ¿cómo llegó al poder un gobernador que militariza las entradas a las escuelas? Entonces... ¿a quiénes votamos, período a período? Entonces: ¿cómo averigüamos las intenciones? Entonces: ¿cómo construimos una política posible para no alimentar más el aparataje mafioso que atravesó, necesidad del establishment financiero mediante, las fuerzas armadas funcionales a ellos y a sí mismas, y los peores bagartos de una política que no existe? Mafia militar. Mafia política. Mafia financiera. Siempre son ellos. Siempre la violencia traiciona los derechos más elementales. Parece que no pueden acomodarse a esa lógica de la convivencia. No pueden. No quieren. Entonces... entonces... entonces... Estamos sin poste de amarre, con bronca reprimida, y gritos de clamor de justicia que se acallarán cuando se seuplten las causas, mientras las pantallas de Gran Hermano abarcan la Agenda Setting, arraigando a los mocosos y figuritas mediáticas como prioritarias en los medios. La peor de las barbaries comenzó hace mucho tiempo. La Semana Trágica de la Patagonia, un signo dramático de tantas masacres ocurridas, no ocurrió en Semana Santa, pero sí en democracia. El gobierno de Yrigoyen autorizó esa "limpieza". Otro signo doliente que se pierde en el eco de la historia. Algunos quieren que pase lo mismo con la masacre de Avellaneda. Algunos quieren que ese eco se pierda con nuestra historia de los argentinos desaparecidos. Entre las matanzas de unos poderes, y las matanzas de desquiciados solitarios, como la que se llevó a los chicos de Floresta, se construye la seguridad de la impunidad y la presencia del "apriete", del "no te metás que no te conviene". Se construyem otra vez, el miedo. La peor de las barbaries, esa que se extiende a través de las décadas, esa que mata una y otra vez a la más mínima expresión de insatisfacción o pedido de justicia, esa que siempre respondió al grupo de interés. Grupo de interés que cambia de nombres, caras. El hundimiento de la última dictadura argentina, obviamente no hundió al grupo de interés Se pasó de personajes funcionales a otros personajes más funcionales. Y la violencia funcional no tiene vergüenza. Ni siquiera busca pretextos armados, o fundamentos imposibles. Ni siquiera. El patoterismo se vuelve alevosía. Y no defendemos con esto a la hipocresía. Simplemente afirmamos que se cambió de un estado de "construcción de la realidad" a un estado de "esto es así", sin explicación. Ninguna violencia sirve; ni la oculta ni la expuesta. Pero cuando es expuesta, se abre el campo para el recrudecimiento de la alevosía, de la no explicación, del no reconocimiento de ningún derecho constitucional. Y ahora, seguramente recaerá toda la culpa en un solo responsable. A no dudarlo: el que disparó el proyectil de gas sobre la cabeza del maestro es el salvaje útil de turno; un tipo que no debía estar en las fuerzas; un tipo que por chicanas judiciales estaba ahí, donde no debía estar. Y es por eso. ¿Por qué estaba ahí él? ¿por qué estaban todos ahí? ¿Qué hacen los gendarmes sobre quien tiene el derecho de manifestar por una causa que considera justa? ¿Quién puso al asesino en ese tablero? ¿Quién los puso a todos? Una bestia. Muchas bestias. La bestia del poder. Seguro: una bestia será expuesta como lo que es, como se merece, pero será para liberar otros cogotes que están más arriba, y por eso tendrá toda la carga contra él. No será sobre el aparato de la represión. No será sobre los intereses detrás de la gobernación. No será sobre el poder. Será sobre los salvajes útiles. Como siempre. No es suficiente. Otra Semana Santa de terror. Otra Semana Santa de dolor. Otra vez, lo impensable, el "nunca más", es derribado por el acto consumado. La Bestia del Reino permanece corporizada en aquellos procesables, pero sigue intacta. Por eso, hermanos, como otro docente más, en este momento personal en que mi dicha por la llegada de mi hija se conjuga con el dolor compartido, los abrazo. Los abrazo con dolor. Los abrazo con fuerza. Porque no podemos dejar que el Reino pinte la bestia que le conviene, para tapar su propio salvajismo, como lo hacían en la Edad Media. La Bestia del Reino, a través de los reinos.
No somos dioses Seguimos dividiendo bandos. ¿Por qué? Sí, siempre se nos dice que hay que tomar posición. Pero creo firmemente que tomar posición no es, necesariamente, elegir un bando. La construcción del enemigo, tanto interior como exterior, ha justificado a lo largo de la historia, demasiados crímenes. Con argumentación se justifica todo. En todo caso, entender cómo son los mecanismos que nos llevan a la construccióin de la imagen negativa de un "otro", suficientemente odiable, detestable, con acciones que motiven crímenes en masa, data de la Edad Media. No. De antes. Desde los relatos bíblicos de un Herodes masacrando niños. Independientemente de las creencias del lector que sigue estas líneas, lo que podemos ver es que los argumentos que justifican el exterminio realmente empezaron a latir hace mucho tiempo. Exterminio. Limpiar. Sanar. Depurar. Palabras que intentan trocar el horror por asepsia. Igual que el militar que le explica al explorador las bondades de su "máquina de la muerte" en el cuento "En La Colonia Penitenciaria" de Franz Kafka. Hace muy poco conmemoramos la última de nuestras masacres en masa (hubo otras, lamentablemente, sin que el "atentado" fuera el motor de las masacres). Con un clima de impunidad terrible, con una justicia que no avanza, o se pronuncia demasiado tarde para salvar vidas, o preservar la posibilidad de crecimiento de otras (como el reciente fallo tardío que permite, demasiado tarde, el aborto para la joven de 19 años discapacitada mental que fue violada), lloramos una vez más; pero este llanto, más que llevar a un "nunca más", nos lleva a otros más. Leer los mensajes con el "no a la guerra" que, por otro lado, siguen condenando a las partes, que siguen buscando culpables absolutos, nos hace ver que sin darnos cuenta, sembramos más fundamentos para la masacre. No obstante, el debate efectúa otra siembra: la de la posibilidad de una mirada crítica y constructora. Pero existe aún el fantasma de la impotencia. Sentimos que frente a los poderes mundiales, al hecho consumado de siempre, a la decisión políticia, a un desquiciado que decide cuál es el bien y cuál es el eje del mal, los genocidios se disparan más allá de cualquier concepción social de los derechos humanos. En definitiva, el redireccionamiento de la política y los tratados internacionales, permite tachar, habilitar o deshabilitar derechos. ¿Cómo hacer para convertir el grito humano compartido en la certeza de un estado de Derecho internacional que se debe aceptar? Por utópica que parezca esta pregunta, no hay otra vía. Comenzamos un siglo con guerras decididas, posiblemente, mucho tiempo antes. Uno puede escribir una profecía y luego cumplirla. No hay terrorismo aceptable. Ni el que se conoce como Terrorismo, ni el Terrorismo de Estado. La Alemania Nazi, utilizando una primera argumentación económica, convirtió en eje del Mal a su población de origen judío, infrahumanizó su ser para convertirlo primero en monstruos que había que evitar, y luego una inferioridad que era necesario desintegrar. Hizo que se sintiera en la sangre el odio hacia lo que no era humano, hacia lo que no podía tener derechos. Pero miremos con atención: esa infrahumanización que tan fuertemente parecía construirse, de la cual muchos estaban convencidos, no era tal para los jerarcas. Como "En La Colonia Penitenciaria", se necesitaba una sistematización de la muerte para evitar la mirada del horror; al menos, la mirada internacional. Hoy conocemos el "dar la espalda" que hubo internacionalmente durante el Holocausto. Y también sabemos que de la misma manera Estados Unidos infrahumanizó a los japoneses. En el momento de escribir estas líneas, se recuerdan 61 años de la bomba de Hiroshima. Se mataron civiles. Estados Unidos justificó erradicar civiles, dandolo como blanco necesario. Sacrificios necesarios, como los de los propios soldados estadounidenses durante las pruebas de experimentación de la bomba atómica en territorios propios. Se deciden las vidas que se suprimen y las que quedan. Y no lo deciden los pueblos. Lo deciden los jerarcas. Este periodista cae también en el error de confeccionar un nuevo bando cuando critica la división en bandos. Sin duda. La responsabilidad por los hechos existe. Se asume o no se asume. Los "garcas" aparecen al final de muchos genocidios: los jerarcas, los monarcas, los oligarcas. Sólo una salvedad: mucho antes de los aztecas, existieron los toltecas en la región mezoamericana. Una leyenda de la que da cuenta el libro de López Portillo, es la de Quetzalcoatl: una serpiente emplumada que pasa de reptar a volar, y que comparte ese camino evolutivo con los demás seres. No se trata de una sola divinidad, sino de compartir esa evolución. Existió también un Quetzalcoatl hombre, y una de las bisagras frente a los pequeños y grandes reinados preexistentes, fue la siguiente: abolió los sacrificios humanos, redimensionando el valor de la vida humana.
11 de Julio: después del Mundial, con todo calmado. CURUCÚ CONSUMADO Don Gaspar, un viejito que vende Biromes, una vez me contó torpemente un chiste. Y el chiste lo conocía con el "Dunga Dunga" que los nativos de una tribu africana decían para violar a un explorador antes de comérselo. Pero Gaspar usó "Curucú" en vez de "Dunga Dunga". Don Gaspar a veces decía "no calienta, no calienta vos... no calenté". Y otras, puteaba. Puteaba fuerte, y los que pasaban alrededor se alejaban. Curucú consumado es, improvisando el término y su posible descripción en un diccionario etimológico, la violación acabada (nos dejaron el oro -las palabras-, decía Neruda), sin preaviso, pero con la legitimidad de la consumación de un matrimonio. Nótese que dije "legitimidad", y no "legalidad". Como se "data" más arriba, todo está calmadito mientras escribo estas líneas. Muy calmadito. La canallada de los superpoderes, la historia repetida, el estreno inminente de Súperman, un par de circos en Buenos Aires, las vacaciones de invierno que se vienen, un Patoruzito cuyo afiche recuerda al de "Mingo y Aníbal en la Mansión embrujada", los "bañeros" del cine otra vez con la típica canchereada nefasta y discriminatoria, más "phising" internetianos que nos "pishan" encima, y como siempre, una Buenos Aires irrespirable. Debo reconocer, sin embargo, que durante este Mundial, un "anti-fútbol" como el que escribe, se descubrió a sí mismo viendo los partidos, incluso alguno en el que no jugara la Selección Argentina (y estoy seguro de que, en un país donde las faltas de ortografía abundan hasta en los medios impresos -cuyos correctores antes no dejaban pasar una- si hubiera escrito "selección argentina" en minúsculas, más de uno me hubiera llamado la atención por no utilizar las mayúsculas). Aprendí a desconectarme un poco... ¿por qué no? Seguir una jugada gritando, putear cuando algo está mal cobrado, y decir estupideces al no saber nada de fútbol (al menos esto es lo que mi esposa me hizo notar. Suerte que no había más amigos alrededor, ya que seguro terminaba amordazado). El que escribe la presente es docente de varias disciplinas ligadas a los medios en algunas universidades de Buenos Aires y el resto del País. Uno de los ejercicios que efectuamos para "radio" es realizar un "apócrifo" al estilo de lo que Orson Welles logró con su adaptación para radio de "La Guerra de los Mundos" en la "Noche de Brujas" de 1938. Dentro de cierta ingenuidad, algunos trabajaron la idea de que debido a la "gripe Aviar", Alemania podría suspender el Mundial de Fútbol. Varios estudiantes manifestaban desconocer que el rumor efectivamente tuvo lugar en los medios, desmentido luego por algunos, pero también se difundió que fue propuesto por algunos diputados europeos (bastante atacados por semejante propuesta). Otro de los apócrifos, consistió en afirmar que Alemania declararía feriado los días en que se jugaran los partidos del Mundial. Aquí, ya sabemos cómo fue la cosa. No hubo feriados, y tampoco era "como si fuera feriado", porque las actividades no se suspendían "oficialmente", ya sea por decisión estatal o de cada ámbito de actividad, y sin embargo todo terminaba truncado por la paralización del Mundial. Como siempre, viviendo a medias o puenteando, muchos abandonaban la actividad durante los partidos, mientras se declaraba que las actividades eran normales. ¿Por qué no tomar una decisión concreta? Aquel viernes en que Argentina jugó contra Serbia-Montenegro, tuvimos una emergencia médica y concurrimos con mi esposa a la Guardia del Sanatorio Güemes. Viernes por la mañana, antes del partido. Un médico que atendió bastante "a las apuradas" a mi esposa, le envió una serie de análisis para realizar en aquel momento, y no se tomó más tiempo para la revisación. En el laboratorio le dijeron que estarían "en dos horas" (sabíamos que entre medio estaba el partido, pero...). La espera: en un bar a la vuelta, con el televisor encendido, por supuesto, y los seis goles festejados. Obligadamente festejados, como obligado se vuelve ver un partido cuando a uno lo carcome la angustia de una cuestión médica que necesita resolver. Volvimos a buscar los estudios. No estaban. Hubo que esperar otras dos horas. Por qué, en todo caso, no nos dijeron antes que "estarían en cuatro horas"? ¿Por qué esta informalidad? ¿Por qué un médico, si está de guardia, considera que el partido es más importante? ¿Por qué el laboratorista se fue a la mierda? No, no tenemos pruebas. Es lo que uno adivina, desde el llano, sin los elementos que obligan a trabajar con rigurosidad periodística. Pero por ese tiempo no cumplido -y no anunciado- perdimos una jornada de trabajo, simplemente porque hubiera ayudado que al menos sinceraran el tiempo en el que estarían realmente los estudios, en vez de jugar con el tiempo ajeno. Bendito partido. ¿hay algún poste de amarre para no ahogarnos mientras otros están en las tribunas? Don Gaspar, el que vende las biromes, me mira con ojos secos, y desde la bronca ciudadana, con las palabras que un periodista no debe pronunciar, me pregunta: - ¿Somos tan mierda, tan basura, tan bagartos? Y ese momento, asiento con la cabeza. No se trata (solamente) de la guardia de un sanatorio: hay otra guardia condenable. La que espera la distracción de la mayoría. Entonces se votan y aprueban aumentos de sueldo de funcionarios. Se tratan los superpoderes del Ministro de Interior, y otra vez me interrumpe Don Gaspar: - ¿Vendrá alguna generación política que no sea mierda? ¡Carajo! Y otra vez... una y otra vez. Gente en la calle, masas cartoneras que crecen, pibes que se funden en el mármol de los zaguanes, mientras algunos, que manejan en definitiva el destino de un pueblo, se mudan a Puerto Madero. Y Don Gaspar, desde el llano, desde la bronca, dice: "que se venga una inundación y que tape hasta Azopardo". No nos habíamos dado cuenta, y el Curucú estaba consumado. Una vez más. Lo sorprendente es que en vez de insensibilizarnos de tantas veces que nos lo hicieron, siempre duele como la primera vez. Es bueno que duela. A veces uno reacciona. ¿O seremos de esos que dicen "más, más" y "llamame Marta"? Este periodista está pensando en no seguir transcribiendo lo que dice Don Gaspar. Es que esta costumbre de culpar a otro por lo que hace uno ya me está enfermando. Es el típico modelo argentino que nos llega por mail: "¿podés culpar a otro?". Y también es una técnica periodística; lo sabemos: poner en boca de un entrevistado lo que nosotros queremos decir. Pero Don Gaspar no existe. Es un manotazo de ahogado para hablar con la falsa liviandad de quien nunca está seguro de hasta dónde llega su libertad. Al fin y al cabo, eso somos: que la pague el más pobre, decimos. No tiene poder para tomar represalias. O al menos, eso creemos.
25 de Marzo de 2005 1976-2006 VOS NO OPINES Quien vivió ciertos episodios, a veces suele desautorizar a quien no los vivió. Los dichos "pibe, yo lo viví" o "Vos no lo viviste. No sabés lo que fue" son recurrentes. Es cierto. Pero no ahora. No ahora. Generaciones que vivieron se sumergen en la vergüenza y no pueden dar la cara, no por culpa, sino por credulidad. Y empiezan las preguntas. ¿Sabíamos? ¿No sabíamos? ¿Nos hacíamos los ciegos? Y aparecen, también, las historias negadas. Vergüenza. ¿Cómo pudimos tragarnos ese sapo? O acaso... ¿nosotros cocinamos el sapo sabiendo lo que era? Nacer en el 62, 63, 64, 65 no fue lo mismo. El año exacto de nacimiento fue definitorio para ciertas vivencias. Es cierto. El que nació en el 60 quizás llegó a flirtear con la militancia en la temprana adolescencia, cerquita de los que nacieron entre el 55 y el 58. El del 64 por raspón no terminó en Malvinas. Y en la mente de alguien que vivió la infancia en ese tremendo movimiento pendular político- institucional (citando al historiador José Gabriel Vazeilles, autor de "La Ideología Oligárquica y el Terrorismo de Estado"), el ambiente gris y confuso del cóctel de la violencia construida por la Triple A, la renuncia de "La señora" y el golpe final, aquella bisagra terrible que, aún después de la Patagonia Trágica, la Masacre de Trelew, y los sucesivos golpes a la democracia (no siempre existente en la realidad si tomamos en cuenta lo narrado por Osvaldo Bayer en "Los vengadores de la Patagonia Trágica", narrando las ejecuciones sistemáticas a los anarquistas durante el gobierno de Yrigoyen) borraron las diferencias entre un sistema y otro. Esto es: al autor de estas líneas, en su infancia, no se le hablaba de la diferencia entre dictadura y democracia. ¿Toda la sociedad estaba sumida en el mismo letargo? ¿Qué argumentos, mecanismos, convicciones, complicidades, permitieron instaurar el reinado del terror que taladró la carne de un pueblo durante siete años para seguir ardiendo otros veintitrés? Escuchaba la otra vez el programa especial de Radio Del Plata con Nelson Castro, Fernando Bravo, Jorge Lanata, César Mascetti y Mónica Cahen D'Anvers, cuando en un momento emitieron el audio de la primer marcha de las Madres de Plaza de Mayo. La voz de una de ellas clamaba a los periodistas: "Ustedes son nuestra última esperanza". ¿Quiénes sabían? ¿Quiénes decían? En la importante producción de la memoria activa que pude apreciar estos días, vi rostros controvertidos. Algunos aparecen, pero no evalúan públicamente su propia acción durante esos años. Otros, quienes firmaron decretos de "aniquilamiento", hoy se muestran a sí mismos como políticos comprometidos con la democracia. Documentos desclasificados que aún no llegan a constituir, en el imaginario social argentino, la prueba contundente de la maquinación del genocidio... por lo cual aún hay "señoras" que siguen afirmando el "algo habrán hecho". Y el la pregunta que transparenta temor es... ¿cuán polarizada se encuentra aún la mirada sobre nuestra tragedia? El enemigo interior. Una construcción mítica que data de la Edad Media cuando se inventaba la bestia que asolaba al reinado. Y quizás antes. En lo personal, estaba en sexto grado cuando llegó el golpe. Recuerdo todas las propagandas de la televisión: el dibujo animado del tanque de la DGI, el techo y piso que subían y bajaban para explicar las políticas económicas, mi ingreso a la secundaria el mismo año que sonaba esa música cuasi-escolar del Mundial 78, Videla saludando a los jugadores de la selección, los rumores de posibles simulacros de apagones y bombardeos por la "inminente" contienda ante el diferendo con Chile, los mapas para hablar de soberanía en televisión, y los comunicados de la Junta Militar sobre Malvinas. Adolescente, con 17 años, mi primer recital fue el de la Solidaridad en las canchas de Obras. Obviamente, llevé mi aporte en alimentos. La vergüenza asoma en mí. Es posible asociar nuestro "no pasa nada" o "cuidarnos el traste" con el horror vivido. Es posible porque la construcción de una sociedad plena nos exige que tomemos parte y dejemos la "culpa del otro" para sustituirla con el trabajo para impedir que se repita. El "Nunca Más" no puede ser un slogan, sino un objetivo. Y el objetivo necesita trabajo. Hablamos de las corrupciones continuadas. De modelos instaurados. De pactos que deben dejar de ser invisibles. Del cajoneo. Del "dejá que a este lo sacamos y ponemos al otro". De prácticas golpistas en la vida cotidiana para propiciar la comodidad de unos pocos... o de uno. Letargo al fin... letargo del que simula estar dormido en el colectivo cuando sube alguien que necesita que le cedan el asiento. La vergüenza, aún en esos casos, no puede ser ocultada. El esfuerzo por ocultar la vergüenza (la presión para apretar los párpados), por simular el sueño, es mayor y más dañino que abrir los ojos directamente, levantarse y ceder el asiento. La toma de conciencia nos encuentra con una sorpresa; en el ejercicio torpe y accidentado de nuestra civilidad, el que "la vivió" no puede tener la petulancia de desconocer al adolescente de hoy que nos acompaña en la conmemoración de los 30 años del golpe militar. Conmemoración de una fecha trágica. Conmemoración de un crimen. Un luto que se convierte en grito de justicia. Un luto que pide que pongamos voz a quien velamos, porque nos necesita, porque el mensaje que se truncó una vez, hoy será escuchado por fin. La bendición es ver a pibes de la secundaria hoy, apoderándose de la memoria que demuestran quienes nacieron en nuestra accidentada pero esencial democracia. Pibes a los que te dan ganas de abrazar, y te llenan de ternura por estar hoy. Y no arrastrados por otros, sino porque es posible que la opresión que hoy pueden sentir, opresión de las corrupciones vigentes e injusticias sin respuesta, los hacen mostrarse y pronunciarse también. Este autor ha encontrado en muchos nacidos en democracia una conciencia muy fuerte que contrastaba con el despertar lento de otros que vivieron los años del terror de Estado. Quizás el despegue, o la ausencia de vergüenza, o la seguridad de que no ha tenido responsabilidad en la Argentina negra, les permite mirar sin barreras, de frente. Puede ser. Esto, en todo caso, no anula el esperanzador viento que su presencia y voz genera. Por eso, el "vos no opines, que no la viviste" no cabe más. Ellos hoy están fortaleciendo nuestra memoria. Este año, sentí que hubo más voces, más producción, más trabajo profundo en todos los sectores en todos los ámbitos. La seguridad de que fue nuestro Holocausto (como prolongación del mismo a través de la corrupción han sido el atentado a la AMIA, Embajada de Israel y la herida abierta de Cromañón) se convierte hoy en tema de la escuela primaria. Eso sí: no hay historia en la escuela que valga, si tenemos los ojos cerrados para mirar a nuestro Creo, firmemente, que somos muchos los que deseamos mirar.
13 de Marzo de 2006 Curvas de Presión Sumergidos en las crisis de todos los días, y al ser la crisis el océano desde nuestro nacimiento, parecería que no resultan posibles los contrastes, y por ello las crisis dejan de ser tales y la atmósfera de la miseria es el infierno aceptado sumisamente. Sin embargo no es así. Las tragedias, el clamor de justicia, y los fenómenos sociopolíticos que se dejan ver resultan justamente del contraste de una injusticia sobre otra, de una tragedia sobre otra. Cabe preguntarse, si tomamos la idea de "tematización" de Miguel Rodrigo Alsina en su "Construcción de la Noticia", cuándo terminan los temas en el ritmo social que señala, por otro lado, el semiólogo Eliseo Verón. ¿Cuándo terminó el tema de Cabezas? ¿Cuándo terminó el tema de la AMIA? ¿Cuándo terminó la investigación del atentado a la Embajada de Israel? ¿Qué pasó con las cuentas de Suiza de Menem? Quienes luchan día a día por que se haga justicia, seguramente dirán que los temas nunca terminaron, y tendrán razón. Pero en la agenda social no laten imprimiendo el ritmo al paso de los argentinos. La cuestión es, también, en qué medida el conflicto muta, el tema cambia de eje, o deja de verse con la profundidad y complejidad que se impone. Pero la reflexión se vuelve delicada, y cualquier enunciado puede ser tomado como tendencioso hacia un bando cuando no se trata de valores polares. Si decimos que Ibarra tiene que pagar por su responsabilidad, tomamos una posición. Si decimos que la destitución no es la solución, el enunciado nos ubicará en una posición contraria. Si decimos que quien asume el Gobierno porteño es un "qué" y no un "quién", decimos también que la gestión no es un nombre o persona. La gestión es la misma. El "vengo en busca de paz" de Telerman que suena como si fuera alguien nuevo, una gestión inicial, resulta ridículo. Quizás la destitución de Ibarra juegue como símbolo dramático. ¿Es suficiente? ¿Es la forma? ¿Y ahora? El "que se vayan todos" dio paso, inexplicablemente, a rostros en campaña electoral presidencial que eran imposibles. Los mismos rostros. ¿Cómo volver a la problemática de la responsabilidad social en la existencia o no de la corrupción? En los primeros días luego de la tragedia de Cromañón, se señalaban aquellos que eran considerados culpables directos, pero hoy quedó en una esfera muy difusa el aparato aún existente que hizo posible tal tragedia. No alcanza. ¿No alcanza con la destitución? No alcanza con pensar que la resolución del conflicto está alcanzada. Porque, obviamente, tedremos otras tragedias, si esta realidad sigue siendo alimentada. Entonces, vuelve la pregunta: ¿y ahora? El ahora necesita construirse. Repasar un poco la historia a veces puede ayudar. En el libro "La Mano en la Lata" de Beto Casella y Darío Villarruel, el repaso de los casos de corrupción lleva a la Inspección General de la ciudad de Buenos Aires. Allí dice, a manera de ejemplo, que "el propietario de una discoteca que funciona en Barrio Norte, pudo instalar un local sin las condiciones de seguridad requeridas. Por 40 mil pesos, consiguió una habilitación que contiene, por supuesto, sellos auténticos". El copyright de la edición del libro mencionado indica el año 2000. Y seguramente el trabajo periodístico da cuenta de una historia muy anterior. Y esa historia parece borrarse a veces. Hay que tomar posición. Pero la posición no se deja una vez que la justicia se pronuncia en parte de la manera que esperamos. Nadie, en el escenario de la corrupción, parece poseer una imagen digna de confianza. Por ende: ¿quién podría erigirse en sucesor como si empezara un cuaderno nuevo? Y otra vez: no termina. Y una vez más: la hipocresía de los intereses que se agarran del palo del carro de quienes claman justicia en forma genuina. Y ojalá este autor se equivoque, y no haya más. Pero la práctica del puenteo, del no pasa nada, de la "avivada", no terminó. Y no depende sólo de funcionarios, aunque bien merecido el castigo tienen. Pensemos, simplemente, si queremos más de lo mismo, y en qué medida hace falta repasar nuestra propia conducta.
Editoleja del Sexto Aniversario Ese zurdito de barba... 7 de Octubre de 2005 Cada día, cada minuto, cada segundo, aparece la motivación para decir algo. Lamentablemente, en muchos casos como repudio, como denuncia. Y luego el periodismo es acusado de una construcción de la realidad absolutamente negra, catastrófica, sangrienta, en pos de las ventas. Obviamente, no podemos ser ingenuos. La construcción de la realidad existe. Sin duda. Y la responsabilidad de los medios existe. Por supuesto. Y en todo proceso, sea mediático o no, las instancias de encuadre, recopilación, selección y jerarquización de lo que "queda" y de lo que "se habla" están allí, aún en aquella autocensura cotidiana que en una reunión de amigos nos lleva a "abrir la boca" o "cerrarla". Y siguen, por supuesto, muchos "y...". En la sociedad del control y autocontrol, la línea que permite distinguir entre un ser ubicado y otro censurado o autocensurado es muy delgada. Las sanciones afectivas, jurídicas, sociales, o aquellas propias de la dinámica de grupos que llevan a cualquier persona a una exclusión o autoexclusión, generan estas sutiles formas de verse a sí mismo falsas, en función de una imagen requerida externamente. ¿Espejo lacaniano? Quizás haya que desarrollar nuevas teorías sobre los espejos. Las formas, por otra parte, que obligan a un profesional como el periodista, a fundamentar cada palabra en honor a una objetividad inexistente -en cuanto a que no existe una objetivación posible de nuestra mirada, ni en toda nuestra percepción sensible- le impiden descargar broncas y denuncias sin que antes pase por la evaluación de lo "relevante" para la sociedad. Sabemos, también, que esto no es siempre así. Y que muchas veces lo consideramos válido, en cuanto el periodista es un ser social y, si sincera su subjetividad, entonces nos resulta honesta su expresión. Pero es cierto que estamos sumergidos en una época de amoralidad en cuanto a cuáles deben ser los temas relevantes, con una construcción de la Agenda-Setting arbitraria, y que es aceptada -o alimentada- por el público ya que, de alguna manera, debe responder a una exigencia, a una sublimación de demonios mediáticos para exorcizar, quizás, los demonios internos. En los periodismos existentes -construcción de opinión, periodismo científico, divulgación cultural, información, periodismo de investigación, periodismo de vindicación- la puja por la legitimidad de cada uno cada vez se ve más lejana, para, definitivamente, desaparecer las exigencias disciplinares de la práctica. Y así vemos lo que vemos. Por ende, empresas con poderes financieros que detentan -o mantienen- la posesión de medios de comunicación, construyen un andamiaje de autocontrol a veces cercano a lo invisible, en los seres-periodistas que hay en su interior. Ahora, esta responsabilidad del ser-periodista en función de las presiones de la empresa que lo alberga, parece anulada desde el sistema de valores actual. La apología del golpe de Estado que en alghún caso pudo escucharsele a algún periodista, se convierte en opinión. La criminalización de la protesta social que se alimenta también desde la supuesta opinión pública que se refleja desde el ejercicio de los medios, se transforma en "sentido común". Y como de cosntumbre, como en toda la historia argentina que polarizó los valores y prometió las soluciones instantáneas, no es posible reflexionar a un nivel más comprometido, ni vislumbrar los matices, ni desconstruir el generalismo que no permite distinguir que en medio de estructuras corruptas, existen sujetos involucrados. Y esa, al fin y al cabo, es la historia mediáticamente negada. Los piqueteros se convierten en negros que no quieren trabajar; el periodismo independiente se convierte en zurditos; una protesta social se convierte en incidente; mientras que, a la inversa, un genocidio como el del Proceso se convirtió en "exceso", como tan bien lo marcó Rodolfo Walsh en su carta a las Juntas Miltares. Argentina se muestra clasista y racista. Volviendo atrás, "negros" es un símbolo verbal negativo; "zurditos", con el diminutivo que se enlaza con aquel término de "estudiantina" que algún legislador deslizó en plena democracia, es un término del cual pareciera querer despegarse "la gente" (convertido esto en un término verbal positivo que resulta opuesto al "zurdito" o "piquetero". Que los vagos existen, sin duda. Y los vemos en legisladores que no van a las sesiones del Congreso. Los "no hay quórum" por el panza arriba de los que disfrutan sueldos increíbles. De aquellos cuyos nombres a veces no conocemos... y aparecen en la lista de la boleta para votar. ¿A quién más votamos con el nombre que figura en grande? No tenemos la menor idea. Patoterismo dictatorial
de grupos de derecha que no se denuncian. Hace días, al candidato
de Izquierda Unida lo golpearon impunemente en la calle, y se bancó
el término "zurditos". Se bancó que le
sugirieran que Videla tendría que haber terminado el trabajo. Este
periodista no siente una simpatía especial por ningún partido,
y fuertes son sus críticas hacia la forma en que la representación
política de la izquierda argentina ha organizado sus discursos
y propuestas, especialmente en cierta desintegración de los grupos
en momentos en que la Sociedad Argentina debió mostrarse más
unida que nunca. Pero creo que ningún candidato, "zurdito"
o "derechito" -ya que estamos, porque el "centro"
sabemos que no existe como tal, lo mismo que el Centro Porteño
está en el bajo- tiene por qué vivir en el miedo. Y si algún
candidato -o funcionario en ejercicio- merece un castigo, que sea la Ley.
Y que la Ley funcione. Y que nosotros la hagamos funcionar. Esta es la
apología, si se lo quiere, de quien escribe. Asi mismo, urge la responsabilidad mediática en los valores que se transmiten,. En esta edición digital de El Cerebro hacemos pública la carta que los profesionales de la Salud han hecho llegar al Ministerio de Salud ante la generalización de un diagnóstico en los niños de falta de atención como una "carencia", como una "disminución", y por ende con la propuesta de un tratamiento con fármacos que arrasa con cualquier mirada analítica, con la necesaria discriminación de los casos y el entendimiento de la infancia y el proceso de crecimiento como la compleja constelación que es. Y los medios periodísticos (donde el periodismo científico debería exigir una fundamentación o conocimiento específico sobre el área en los periodistas a cargo) no auto-observan su aporte a la construcción del mismo diagnóstico. La Sociedad Argentina no se sacude con la noticia del aumento de la pensión jubilatoria del ex-dictador Bignone. No lo hace, porque los niveles de indignación han bajado demasiado. O no lo hace, porque necesitamos también una relación más conciente entre periodismo y sociedad. Porque seguimos como si no pudiéramos hacer nada, con la misma resignación que en una dictadura. Pero la libertad existe, o bien hay que hacerla valer como derecho. Pero existe y hay que comprometerse con ella. Nuestro medio está cumpliendo seis años en esta vía tan particular, sobredimensionada a vaces, sorpesiva siempre, posibilitadora si sabemos lo que deseamos. En nuestra "manipulatoria" comunicación, trataremos de seguir haciendo relevantes los temas que consideramos, en la típica arbitrariedad de quien cree estar acertado, afectan a la gente más cercana. Obviamente, esta arbitrariedad es la primera palabra. Todo diálogo comienza de alguna manera. Esta es la nuestra.
Escupir la Yerba 5 de Septiembre de 2005 ¿Alguien me puede decir qué cuernos hace Mariano Grondona en televisión otorgándole un bloque entero a López Murphy y su séquito de señoritos de su partido hablando bien de él porque es su referente político? ¿Alguien me puede decir por qué no hizo lo mismo con los otros candidatos? ¿No es sancionable que en un programa periodístico se haga un acto de proselitismo barato, ese circo que ya no nos cabe digerir? ¿No deberíamos refrescar aquellas grabaciones en las que Grondona y Neustadt, durante la guerra de las Malvinas, dijeron "Sí, Juro!"? ¿Tenemos que bancarnos esto? No son preguntas retóricas. Ojalá pueda escuchar alguna respuesta. En democracia no tenemos por qué decir "a este tipo hay que sacarlo... no puede estar en un medio", porque sería una práctica más de lista negra. Sin embargo, sí es importante la sanción social ante tanta impunidad. ¿Alguien me puede decir cómo en ese mismo programa Patricia Bullrich defiende el cerrojo que se sufrió en la marcha el viernes próximo pasado, referenciando el Código de Convivencia Urbana, un código nefasto, excluyente? Porque en todo caso, seamos coherentes: si cortar la calle para no llegar a Plaza de Mayo es impedir que se altere la libertad de los otros... ¿por qué permitieron llegar a la 9 de Julio? ¿Querían proteger una parte de la marcha y la otra no? Basta. Al salir de la dictadura, hemos recreado todos los anteriores quiebres de la democracia. No existe uno que no recurra el hecho consumado, a la prepotencia, a la amenaza del castigo físico posible. Seguimos con el aparato mafioso. Seguimos con el aparato represor. Seguimos con la desautorización del otro. Seguimos con el helicóptero de un canal que vigila y después distorsiona lisa y llanamente el acontecimiento. Así, la marcha del viernes se traducía en un "Piqueteros no pueden llegar a Plaza de Mayo". Así, la marcha contaba con los trabajadores del Garrahan y algunas agrupaciones estudiantiles. Que la marcha haya sido multisectorial y contuviera también el reclamo de las universidades, con estudiantes y docentes, era un tema que merecía ser mediáticamente separado. O eso parecía. Carajo. Y mil veces carajo. Buenos Aires tiene un Gobierno Autónomo y por lo tanto su legislación. Es normal que choque con otras. ¿Qué pesa más? ¿Nuestro derecho constitucional a manifestarnos, o el Código? Según a quién beneficie. Pero estoy siendo injusto cuando hablo de acciones excluyentes cuando tenemos candidatos que pretenden convertir a los excluídos en un negocio... Pensaba en muchas cosas. En la eterna imagen de la policía, esa imagen que no cambia. Estoy convencido de que cambiaría, como lo haría su constelación interna de creencias, si el poder no le impusiera siempre el mismo rol, el de ser funcional a los fines parciales de turno. Aunque el turno, a no engañarnos, siempre ha sido el mismo. Porque a la larga, ese poder de turno siempre hace que se enfrenten los que están más abajo. Y pucha, en el libro de lectura de primer grado las páginas me enseñaban que el agente del barrio era un gran amigo. Desde la mayor de las ingenuidades, y la más genuina de las esperanzas de un soñador, cómo me gustaría hoy tener esa certeza (no hablemos más de imágenes). Pensaba en la repugnancia que me da la Sociedad Rural, cobrando una entrada de 10 pesos, más cinco la revista catálogo, y no permite que chiquitos de una escuela rural ingresen gratuitamente, a menos que procedan de "escuelas agrotécnicas". Pensaba en el zoológico que no tenemos, porque la ciudad no tiene un zoológico propio, público. Pero aquel que en un tiempo lo vivió y disfrutó, hoy se tiene que encontrar con una bandada de empleados que nos quieren vender pases múltiples a sumas de dinero extraordinarias. Un cordón igual al policial, que nos impide pasar, pero de empleados que se nos tiran encima para sacarnos y vendernos una foto, y sin embargo cuando alguien se accidenta (como este periodista vio con sus propios ojops un domingo al mediodía) NO EXISTE UN PERSONAL en cada sector para atender esas emergencias. Y también me repugna. Me acordaba de aquel editorial de Eduardo Aliverti en su programa Marca de Radio, y del cual tuvo la gentileza de permitirnos su reproducción. Lo titulaba "Asco", y vibró a la frecuencia de muchos argentinos, no sin antes hacer la aclaración acerca de las formas periodísticas que necesitaba dejar de lado. Un periodista como el que escribe no quiere, no puede, no debe hacer apología de ninguna índole. Sólo puede llamar la atención -en todo caso y cuando se trata de dejar bien asentada su posición ideológica y sincerar la subjetividad propia del periodismo de opinión-, sobre aquellas injusticias que podemos denunciar, o en todo caso otorgar las herramientas informativas para dar cuenta de dicha irregularidad. Pero el clima del miedo ante el castigo, la tendencia a pensar que en cualquier momento seremos tildados de subversivos, el temor a que por cualquier cosa nos caiga una bala de goma en la cara, se mantiene presente. Más presente que nunca. Insistir en esto es también alimentar ese miedo. Anular el miedo es construir otra realidad. Empezar con la desconstruicción del "acontecimiento único" digitado por los medios funcionales al poer y viculados al establishment financiero, es una tarea ardua, que lleva un tiempo muy lento. Quijotesca parecerá seguramente a muchos, mas no vana como la del Hidalgo de la literatura, esta tarea. Es preparar el agua para que el mate se vaya haciendo, con paciencia y sin tratar de puentear el tiempito de ensayo y error. A veces hay que escupir yerba. Pero no hay que tragarse sapos. En un momento, con los acontecimientos de diciembre de 2001, tuvimos que volcar el agua hervida para empezar de nuevo. Parece que descuidamos el agua otra vez... pero aún hay tiempo. Aunque siempre parezca que no.
VOCES ENCERRADAS 12 de Julio de 2005 Las musas no existen. Los estímulos sí. Pero para que esos estímulos motiven el decir, hace falta ejercicio. El ejercicio de tomar posición. El ejercicio de escuchar. Y por ende, de existir. Es posible que los argentinos vivamos a medias. La mayoría, debajo de la línea de pobreza, tiene la voz anulada, aunque encerrados entre las tumbas virtuales en que sistemáticamente son ubicados en vida y por adelantado, pugnen por gritar, por hacerse escuchar. Pero hasta se les cortan las manos para evitar que, al decir de Sui Generis, rasguñen las piedras. ¿Quiénes tienen voces? Todos. ¿Cuáles existen para el oído de los demás? Las de la Agenda Setting. Hace pocos días, con un debate tan prolongado como postergado su tema central en el abordaje legislativo, se dio a conocer el decreto de necesidad y urgencia Nº 527 que “posterga” –a propósito del Decreto - Ley Nacional de Radiodifusión 22.285 sancionado por la dictadura militar y firmado por Videla, Martínez de Hoz & Co.(Compañía General de Exterminio y Genocidios Generales)- el plazo para concursos públicos para acceder a las licencias de explotación de los medios de radiodifusión argentinos. Esta “prolongación” de las licencias en manos de los poderosos de siempre, no puede ser nombrada como tal porque la figura del decreto habla de “suspensión” de plazos, y no prolongación de licencias; lo que es exactamente lo mismo. Al repudio general del periodismo independiente se sumó el de quienes, como siempre, quedan afuera del derecho a acceder. Concretamente no pueden las ONG’s, por ejemplo, o una escuela, poseer una licencia para un medio de radiodifusión. Aclaremos que aún estamos atados también al esquema anacrónico de las leyes nacionales, dictadas durante la violación de los derechos civiles, y que no debería ser legítima en plena democracia. Si sumamos (ver editoleja del 29 de Mayo) la existencia (y a la fecha, la inminente derogación por la cual hay que luchar) del artículo 45 de la citada ley, tendríamos que hablar de Comunicación y no de Radiodifusión. Los medios llamados “ilegales” tienen frente a sí, como fiscales acusadores, a los multimedios que desbordan prácticas de ilegalidad. ¿Hay que ganarles, o generar un escenario de coexistencia? En la arena de la lucha por la comunicación alternativa, existen posturas que defienden una profesionalización muy seria para, en masa, generar una verdadera propuesta a elegir. El otro aspecto de la comunicación alternativa, es el de dar voz a los que no tienen. Y en ese sentido, la “no profesionalización” está emparentada con la existencia de un medio que garantice el derecho a la información y tenga como política principal el “hacerse eco” de dichas garantías. En una reciente jornada de debate sobre el tema que tuvo lugar en el Centro Cultural de la Cooperación, y de la que participaron entre otros el director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA Damián Loretti, Juan Pablo Cafiero, el presidente de FARCO, Néstor Busso, entre otros, surgieron distintas aristas de la cuestión. Pero finalmente, se entendía que, más allá de pensar la coyuntura desde la especificidad de la disciplina de la comunicación, lo que obstaculizaba todo es el clientelismo y la falta de voluntad política. Es en este punto donde las leyes devoran el sentido común y la dignidad, siendo artificios jurídicos de la expropiación y el despojo de derechos. Lo mismo que la práctica de burlarla, “cajonearla” o “puentearla”. Partidos políticos inventados a último momento. Votos comprados. Arreglos. Poder. Sigue siendo la expropiación de la voz. Sigue siendo la criminalización de los que defienden un derecho. Así como es visible la lucha por la despenalización de las FM comunitarias, deja también una estela de humo sobre este bendito país, y bastante fuera de la Agenda Setting, la penalización de los trabajadores de las fábricas y empresas recuperadas. Entre el derecho de propiedades privada y el derecho del trabajador hay pocos artículos de la Constitución Nacional, y un abismo en realidades, en prácticas, y en espacio para las injusticias morales (las que no prevé la Ley) más feroces caradurismos, como la aplicación de la figura del crack down sobre los trabajadores. El escenario es el mismo: decretos-ley (práctica de la demagogia que se sostuvo a lo largo de todos los gobiernos “democráticos”), leyes que debieron derogarse en el inicio mismo de la democracia, las caripelas políticas de siempre (siempre son ellos), la práctica del curro político de siempre, la criminalización del oprimido y la legitimación del criminal, del genocida, del tránsfuga del peor calibre. Quizás sea momento, para salvar este error por el cual “política” es sinónimo de mala palabra por culpa de quienes la practican, y lo que nos lleva al peligro de perder el Estado de Derecho por las mugres a las que le da lo mismo un Estado o el Otro, que cambiemos el nombre de los “políticos” por el de “kiosqueros parlamentarios” o “gubernamentales”, para que la política vuelva a ser tal desde su sentido filosófico más medular. Quizás con cambiar de nombre no cambiemos nada, si sólo pensamos en empezar el cuaderno nuevo para mancharlo de la misma manera. Pero el camino indudable es tomar la voz cuando y donde se pueda, y garantizar que se escuche la voz de quienes tenemos cerca, cuando nosotros podamos otorgar no digamos un micrófono, sino el espacio propicio para que los oídos puedan –y quieran- estar atentos. 29 de mayo de 2005 Llevate algo de torta que sobró Suena bien. Rico. Si alguno de ustedes pasó por una fiesta de casamiento hace poco, seguro que al día siguiente se le habrá cruzado un "que b... por qué no aproveché y comí más...". Pero claro, en la fiesta, uno siente que es suficiente en algún momento. Como sugieren los comensales reunidos ante la mesa descripta en "El Banquete" de Platón, no hace falta obligarse a "hartarse" de vino, y puede beberse lo deseado, sin necesidad de desbordarse. Y si bien los argentinos somos de convertir la gula en un deporte nacional y hasta de redactar un petitorio para que una encíclica papal elimine la idea de "pecado" para esta praxis tan nuestra, a veces decimos "es suficiente". Sólo a veces. La praxis de este deporte, por otro lado, es exclusiva de menos de la mitad de la población del país. Un deporte de elite, se podría decir. La torta... no siempre es deglutible o "gastable". A veces, el ansia de absorber nos lleva a apoderarnos de la fábrica de dulce de leche. Y la fábrica de dulce es el dominio de los medios de información. Desde los fatídicos 80 de la dictadura militar en Argentina nos rige una Ley Federal de Radiodifusión firmada por Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz. El menemismo derogó el inciso "e" del Artículo 47 que impedía a los dueños de un medio gráfico poseyeran también la licencia de un medio de radiodifusión. Con esta modificación, se inició el vertiginoso proceso de concentración de medios en grupos cada vez más grandes y reconocidos. Los "multimedios" comenzaron a ser, desde entonces, sólo un aspecto del fenómeno en la carrera por el dominio de los mercados y tecnologías de comunicación. La telefonía celular, el satélite, y la informática, agregarían luego el resto de los condimentos a este plato para ojos de muchos y paladar de unos pocos. Como en su momento comenté en el libro "Radio, lienzo sonoro", en 1995, existió un hecho vinculado a los concursos para la explotación de licencias de emisoras de radio que provocó una reacción social importante: en la frecuencia 1110 funcionó durante mucho tiempo Radio Argentina, que durante sus últimos años de existencia sub-alquiló (o vendió) los espacios a diferentes representantes de la iglesia evangélica. Por motivos no debidamente difundidos, la licencia ya no quedó en manos de quienes la explotaban. El grupo empresario principalmente representado por el periodista Daniel Hadad y Marcelo Tinelli, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, detentaron la explotación de la frecuencia 710, correspondiente a Radio Ciudad (antes Radio Municipal) que se dedicaba a la difusión de cultura, y se consideraba "la radio de la gente de la Ciudad de Buenos Aires". Hoy sabemos que esta emisora que finalmente terminó manejando el grupo Hadad, obligando a Radio Ciudad a "mudarse" al dial 1110 (mucho más difícil de sintonizar), es manejada mayoritariamente por intereses extranjeros. Lo que se pierde una y otra vez, es el Derecho a la Información. Si desde la concepción de las redes ferroviarias tenemos un flujo hacia una Buenos Aires centralizadora, el de la información muestra un tejido que se dispersa desde el centro medular del interés financiero. No hubo, desde el inicio de la democracia en Argentina, ninguna nueva ley. Pero tampoco asomó la intención de una nueva política de comunicación. En los últimos años, hemos publicado en El Cerebro todos los acontecimientos vinculados a las discursiones y estudios de una nueva ley de comunicación, ya no sólo de radiodifusión. Tras los modelos que parecen obsoletos y se vuelven a erigir, tras las caras que ya parecían no tener cabida en el escenario y vuelven a convertirse en íconos que nos sentimos sometidos a digerir, hace apenas unos días se sancionó el Decreto 527/05 que establece de suspensión del plazo de licencias de empresas de radiodifusión por 10 años. Por ende, ese plazo limitado -incluso, en este caso, para la injusta "repartija" de medios para grupos concentrados que fueron beneficiados por el menemismo y el abuso neoliberal- que implica cumplimiento de comprimisos, es extendido por 10 años más. Si tomamos en cuenta la arbitrariedad que en su momento también estuvo ligada a la repartición de medios desde la misma dictadura militar, hablamos de 25 años en que la política de comunicación de nuestro país, no se debate públicamente. Decretos de preotencia, como los que ya caracterizan a nuestro país vuelven a surgir, aunque se respiraba un clima de posibilidad de que estos mecanismos ya no seguirían latigando nuestros espaldas. Sabemos que en Argentina los grupos minoritarios, o ONG's, no tienen posibilidad de acceso a los medios de comunicación debido a los costosos pliegos de bases y condiciones para entrar en el concurso de obtención de licencias. Concursos, por otra parte, bastante cuestionados en cuanto a transparencia. El proceso de concentración de medios impide diversidad de información. Por ende, impide la democratización de la información. Cabe destacar que en periodismo, la omisión es una acción que puede ser considerada delito. ¿Qué pasa con la parcialización de la información, con el enmarcamiento que deja parte de la realidad afuera? ¿No puede ser considerada una omisión en gran escala? La torta a repartir no se cuestiona. Simplemente se reparte. 10 años más de arbitrariedad, y de exclusión del sistema de comunicación para personas, instituciones y organizaciones que, en defensa de este derecho a la información, podrían edificar proyectos de medios y ahora están impedidos de hacerlo. Una vez más. Y encontramos que ese dulce de leche... ya nos cae muy mal. 22 de marzo de 2005 Irrespirable borde Irrespirable. Inconcebible. A
la par de los mundos dentro del mundo que se queman entre sí, sin
que nadie se lo pida al otro, generamos día a día el microcosmos
del infierno. Nuestro propio infierno. El de una Buenos Aires que es extensión
de una historia copiada. De la construcción de modelos intolerantes.
Y la intolerancia se hace carne y combate. La defensa propia se vuelve entonces un ataque
preventivo. ... No sabemos qué especie somos. La especie argentina... quizás sea demasiado imaginarnos como renacuajos con una evolución por delante. Esto siempre, claro está, aglutinando las peores experiencias en un -paradójicamente- reduccionista plano general. Lo otro es olvidarnos del ruido y mirar para el costado. Veremos otra cosa. Veremos muchas otras cosas. En la arena, a orillas del riacho, encontramos esas partículas doradas, brillantes. No desatan fiebre como el Oro, no todos quieren quedarse con ellas, pero son mucho más perdurables. Estas partículas no tienen edad. No se diferencian por clase, o mejor dicho, podemos encontrar de toda clase. Y brillan porque su brillo, justamente, no les importa. Quizás sea el momento de parar un poco. Sentarse, y empezar a rescatar esas partículas al borde del riacho. Quizás nos contagien un poco. Quizás transformemos el color de la arena de la orilla. Quizás. Sólo quizás.
3 de enero de 2005 El Todo Vale nos duele Ayer, mi esposa y yo pasamos por la marcha de los familiares y amigos de las víctimas de la tragedia de Kromagnon. Ayer, un taxista, por avenida Rivadavia, pasó por un costadito igual, como si la marcha le molestara. Ayer, un conductor bastante joven, con un auto último modelo, hizo lo propio por el otro lateral, en vez de desviarse, y apenas vio libre la calle, aceleró metiendo ruido con una violencia inconcebible. El 31 a la noche, esperé el silencio. Esperé no ver fuegos artificiales. Hubo menos, pero hubo. Alguien me dijo: "Y bueno, tienen toda la pirotecnia comprada. ¿La van a guardar? No se puede". Y me quedé con la bronca de no poseer el reflejo inteligente para responder lo adecuado. Pero hay motivos para no festejar desde hace décadas si de impunidad y corrupción se trata. A un cómplice del atentado más grande de la historia del país hace poco lo recibieron con festejos. Dicen que la vida sigue. Hasta que sentimos que se nos tapó la garganta y ya no podemos respirar. El final de una idea bretchiana llega como un látigo, con un ángulo inesperado: ahora nos toca a nosotros. Las palabras sirven. No necesariamente son válidas para calmar el dolor, pero si la forma de comunicación social de esta civilización tiene la palabra como código, con ella nos tenemos que entender. Posiblemente el miedo, lo emotivo, lo doloroso, vaya por un carril distinto al de la palabra. Pero cuando alguien se pregunta "¿por qué?" frente al ser perdido, espera la palabra de respuesta. Hay mucho por aprender del dolor. Y necesitamos asumirlo. Posiblemente, uno no desee "lecciones" en el momento del dolor. Posiblemente... Lo imposible eclipsa a o imaginable. Ese es el peor golpe. La trascendencia de un hecho en un pequeño sector de una población no tiene la dimensión merecida en un inicio. "Un boliche". "Una bailanta". "Hubo un incendio en un boliche". "No. Es un recital de Rock". "Ah, entonces puede haber alguien conocido". De la polarización social acerca de los afectados posibles, y de lo relevante para la gente en base a "quiénes" pudieron ser víctimas, hay bastante que decir, pero no es mi intención desarrollarlo en estas líneas. Del boliche a la tragedia. Y la relevancia del hecho varía según cuán cerca nos toque la tragedia. ¿Debería ser así? Susanita, en una de las tiras del Mafalda de Quino, exclamaba con relajo tras leer el diario: "Ah... por suerte el mundo queda tan lejos...!". El mundo es aquí. Es cerca. Pero siempre caemos en eso con dolor. El país del "todo vale" nos duele. El "todo vale", el que debemos combatir. El "todo vale" que indigna después del genocidio (¿in?)voluntario. Medidas de efecto que se toman tarde. El país de las coimas, de la vista gorda, del "no pasa nada". El país que puentea la cultura, el que delega responsabilidades para culpar a otro, el que mira la educación como cura del insomnio, el que enseguida "baja gente" como golpe de efecto y después se queda dormido sin trabajar para mantener esa "deber ser social". Aquel que saltó en los episodios del 19 y 20 de diciembre del 2001 y luego, inexplicablemente, permitió que resurgieran figuras genocidas en lo social como el ex presidente Menem. ¿Cambió el escenario? ¿Podría cambiar ahora? Es el país de quienes venden alcohol a menores a cualquier hora a pesar de que no se pueda. Es el país de los kiosqueros que le venden pirotecnia a menores aunque esté prohibido, y de los padres que mandan a los pibes a comprarlas sin acompañarlos. Es el país del "paso yo primero". El país de mirar para el costado para evitar dar el asiento. Pero la indignación estalla cuando, condensada en una noche, sufrimos el daño que este "ser nacional" puede provocar. Es momento de pensar en la responsabilidad compartida. Es importante, también, sentir la seguridad de que la impunidad no salve del castigo a los responsables directos. Pero esa exigencia debe ser sostenida más allá de la explosión que brota del dolor. Mantenerla como conducta. Construirla con el ejercicio de la civilidad. Convertirla en el contexto normal, y no en la excepción para castigar a uno. Porque hay muchos más. Y en este mantener, seguramente aparecerán las consecuencias de nuestro propio accionar. "Nada pasa" hasta que pasa. Y pasó. Ahora, a todos, se nos tapa la tráquea. 27 de diciembre de 2004 A los pibes (... y no tanto). En algún punto particular de su vida, el periodista puede verse en la disyuntiva de abandonar su rol, y hablar desde otro lugar. En algún punto de su vida, una persona, un ser humano, puede preguntarse cuál es su rol. A veces necesita que alguien se lo recuerde. A veces simplemente otros se encargan de revelarle a esa persona, un rol hasta entonces insospechado. El periodista tiene roles que a veces se convierten en mitos: la objetividad inexistente, la aparente posesión de datos que el lector no tiene, el aporte a la construcción de la opinión pública o el siempre latente activismo que pretende un cambio de conciencia. Esto, más la mirada crítica que ubica al periodista como "opositor" o "oficialista" (calificativos hoy obsoletos, ya que en Argentina, al menos, hoy caben otros) hacen que el carácter meramente crítico o analítico desaparezcan como una necesidad. El involucramiento personal hace que uno deje ese lugar crítico y milite, si se lo quiere, en la causa que más lo movilice. Así, el rol como contenedor de la conducta se vuelve cuestionable. ¿Qué es, entonces, quien tiene alguna influencia sobre otros? Para empezar, todos, individualmente, tenemos esa influencia. Si negamos una moneda al pibe que nos viene a pedir en la calle, el instante nos modifica. Podemos disparar la proyección de cientos de argumentos válidos, consistentes, probables, como "la moneda se la sacan los padres para tomar vino" o el "no podemos cambiar nada". Indudablemente, si la negación tiene lugar al mismo tiempo que tomamos un café en una mesa de bar en la vereda, nos sentiremos una mugre, o nos diremos a nosotros mismos que "somos una mierda" y asumimos un nuevo papel con resignación. Ese papel se vuela con el viento cuando alguien nos muestra otra cosa. Hoy, entonces, no escribo como periodista, sino que me asumo como docente. Lo asumo al menos públicamente, ya que nunca dejé de hacerlo en el vivir cotidiano. Y asumo esto públicamente por la evidencia que conlleva: aquella que demuestra que en un país en crisis, donde los valores están en juego (a nivel mundial, cabe aclarar), se habla de quienes dejan el país, y se reflota el "no futuro" en medio de una ridícula modernidad publicitaria, la gente existe más allá de la escenografía. La gente es joven. Y también anciana. Y también madura. En el vínculo que he tenido este año (y que se ha dado también en muchos años anteriores) los chicos, los estudiantes, aquellos que por jóvenes no tienen por qué cargar con la responsabilidad de corregir los chanchullos de quienes -como he dicho en otros editoriales- nos violan con solvencia, son los que me han llenado de combustible: moral y espiritual. Si quienes a menudo son vapuleados y sometidos al "verdugueo", (además de juzgados), nos enseñan que la entrega a un proyecto, a un sueño, a un anhelo, es TOTAL... ¿quién tiene derecho a señalar que nada puede hacerse? Energía pura es la que queda, y tras el estrés o agotamiento por las exigencias del año, quienes tienen la posibilidad de recibirla a cambio pueden agradecer (si lo desean). En mi caso, lo hago con dicha. La dicha de ver crecer. La dicha de ver florecer. La dicha de formar parte. Este autor aún no tiene hijos. Pero cree que está sintiendo un pedacito de eso. Quizás. Sólo quizás. Después de nuestro nacimiento, después de nuestro paso, después de nuestra respiración, nadie es igual... Chau, Maestro. "Vos vení, hinchá las pelotas e insistí", me dijo un día. Y así fue siempre, desde el '85, en que lo iba a ver junto a Dolina en "Demasiado tarde para lágrimas" a radio El Mundo, llevando pilotos de programas de radio para escuchar sus consejos. Más tarde, cuando en ATC conducía "La Noticia Rebelde", sus consejos seguían. Me invitaba a ver el programa, a ver cómo trabajaban los que sabían. Yo estaba ilusionado con epmezar en radio. Me faltaba mucho camino. Pero la ilusión estaba y grababa pilotos todos los sábados, de incógnito, en otra radio donde un amigo era operador técnico de noche. A Castelo le llevaba esos cassettes para que los escuchara.
Hablaba de la perseverancia como valor incalculable, y de la práctica, y de la insistencia. Nunca un gesto de fastidio o hartazgo, aún en aquellos momentos en los que, realmente, estaba muy cansado. Podríamos enumerar cualidades. Hoy, están de más. El dolor no necesita que lo expliquemos. La bronca tampoco. Sin embargo, es inevitable señalar que era auténtico, fresco, y creador de sí mismo. Productor, periodista, editor, escritor, humorista... encasillarlo es de baja escala. No necesitaba mirar modelos a los costados. El fue precursor siempre, y un poquito patriarca, si se lo quiere, de todas esas cosas que siempre nos trajeron esa brisa nueva: Semanario Insólito, La Noticia Rebelde, El Ventilador, Medios Locos... Estas líneas son simplemente un agradecimiento público. Gracias por haberme ayudado a empezar. Gracias por no dar vuelta la cara, por la sonrisa y por tomar en sus manos mis sueños primigenios para ponerlos en camino. Chau, maestro.
13 de Septiembre de 2004 América
Anestesiada En uno de mis viajes "docentes" por mi país, tuve ocasión de visitar en la ciudad de Rafaela, Santa Fe, una galería de arte llamada Ahrus. Allí se exhibían las obras del plástico rafaelino Alberto Delmonte, inaugurada el 20 de Agosto de este año. Además de disfrutar "en vivo" de estas obras, me obsequiaron un catálogo impecable, con reproducciones fotográficas de las mismas. Hojeando un libro sobre su obra a disposición del público visitante, y las páginas del citado catálogo, me encontré con una cita del autor, extractada de una entrevista realizada en 1998 por Rafael Pascual Robles: "América, aunque pletórica de defectos, me transmite la impresión de ser algo con fuerza virginal, en donde todo está por hacerse, en donde laten ganas de crecer, de cambiar la realidad, como si transitásemos desde la adolescencia hacia la madurez". Allí se me cruzó por la mente otra serie de citas y escritos, en los cuales se hablaba también de una América dormida que jamás supo despertar. Y es allí donde uno no está demasiado seguro de cuándo soñar es la clave para proyectar un futuro posible, y cuándo el sueño es el letargo que se prolonga indefinidamente, en ese espejo de color que inunda el imaginario social, haciendo pensar en realidades que no son. Algunos espejos, como "globalización" o "revolución productiva" se rompierom por suerte. Los años de pésima suerte no vienen por romper estos engaños, sino por prolongar este efecto anestésico, el modelo que sumerge y no permite abrir los ojos. Esta imagen de una américa "pletórica de defectos", y la fuerza de cambiar las cosas, hace pensar en nuestro propio país. Demasiada anestesia mata, lo sabemos. Despertar a un sonámbulo es peligroso. También lo sabemos. ¿Cuál es el justo intermedio? Despertar con conciencia de que lo estamos haciendo. Asumir nuestro despertar. Asumir, también, que necesitamos tiempo para darnos cuenta, para incorporar el aprendizaje, para entender que las vivencias afectan y enriquecen el camino a construir. No existen fórmulas mágicas, ni inmediatas, ni instantáneas. El sentido crítico y las ganas de cambiar las cosas, en plena crisis, es un capital que no todos tienen. Eso es mover los ojos cuando los párpados aún están caídos. Es una señal de que estamos vivos. La
Pared Gruyere
Hoy
nos toca hablar de un medio que acompañó dichas, dolores, tristezas. Un
medio que soportó tironeadas, censuras, manoseos, y también supo
sobreponerse; ser la voz que a pesar de empeños represivos, salió a
flote, para que desde lo lejos, pudiera verse sobre la superficie un
poquito de la tan preciada verdad. Esa
es la radio. Estuvo con su voz para quienes no veían la realidad.
Entonces la convirtió en sonidos. Tuvo, en Argentina, un desarrollo
diferente al de otros países, es cierto. El lenguaje y potencial sonoro
pudo explotarse más. Quizás debió prevalecer el radioteatro o dar
cabida a nuevos géneros narrativos. Pero la radio en la Argentina fue y
es así: la voz ha estado diciendo lo que se impone en momentos claves de
la historia. La radio ha sido, en el siglo XX, un soporte esencial. Un
medio coloquial y, al decir del periodista Ulises Barrera, “ni siquiera
el teléfono se le asemeja”. Estimula la adrenalina, inflama las
pasiones, deja ver caras verdaderas o broncas actuadas, pero a la
larga, la voz delata, y no permite que la mentira dure demasiado. Esa
es la radio. Un medio que en la atmósfera de los estímulos multimediáticos,
sigue privilegiando el acto de escuchar, sea compulsiva o
reflexivamente, en un mundo en que todos quieren “pasar el aviso” y
nadie escucha los gritos de auxilio. Y
decía párrafos atrás que “nos toca hablar”, aunque conviene dejar
de lado la hipocresía: elegimos hablar. Elegimos hablar de un medio que a
pesar de las imposibilidades de acceso laboral, permite abrirnos paso con
la expresión sonora, con la palabra, con proyectos alternativos, buscando
huequitos en el dial saturado de propuestas y ofertas de diversos
credos, ideologías y shoppings, en la caótica red cibernética,
en altoparlantes ubicados en las plazas, en circuitos cerrados, en radios
abiertas... Nos toca, por decisión propia, hablar de un medio que amamos,
a quienes están investigando sobre ella, a quienes desean encarar algún
proyecto radiofónico, a quienes estudian este medio incorporando prácticas
profesionales, a quienes la están descubriendo por vez primera, a quienes
simplemente se acercan a ella por su potente imán sonoro: aquel que atrae
a la curiosidad, y al querer decir. Tuve
la suerte de aprender de profesionales, de maestros. Se me ha concedido,
en muchos instantes relámpagos de mi vida, verlos en acción. La primera
vez, ingresé –de la mano de mi madre- a la mítica Radio El Mundo,
en un edificio ubicado en Maipú al 500 de la Ciudad de Buenos Aires
–hoy ocupado por LRA 1 Radio Nacional Buenos Aires -, que disponía,
al fondo de aquel largo pasillo de la Planta Baja, de un amplio auditorio.
¿Qué me había llamado la atención teniendo yo unos siete años de
edad? Las paredes... ¡Estaban agujereadas! Muchos cuadraditos con
perforaciones. ¿Para qué servían? Años después, en documentales o algún
informe especial para televisión, descubriría que en otras radios también
estaban esas paredes. Y bastante más tarde, alguien me explicaría cosas
acerca del control de la reverberancia y el aislamiento
acústico. Por el momento, los agujeritos en la pared seguían siendo
un misterio, el cual dejó de preocuparme apenas apareció en el estudio José
Marrone. Para mí, “Pepitito” Marrone era el personaje que
amaba ver en “El Circo de Marrone” por televisión, y fue un shock
descubrirlo calvo, y sin la nariz de payaso. Sin embargo, a
pesar del impacto, me fascinó. Era la primera vez que veía “las
voces” de la radio. La de Marrone y sus cuentos, la del presentador, la
de los locutores que leían en vivo los avisos publicitarios, y las de
quienes leían los boletines informativos en una cabina vecina. Descubrí
que había un control con un operador técnico, que los conductores –por
entonces, tratándose de un programa con público realizado desde el
auditorio, parados frente a atriles con papeles y libretos- le hacían
indicaciones mediante señas para que pasara los discos, que Marrone se
salía de esa convención y verbalmente añadía en el aire “No. El
otro surco. Poné el otro tema”, que había una luz roja encendida
cuando se estaba en el aire, y que la atmósfera, a pesar de
asistir a lo que por entonces se conocía como una muestra de radio-espectáculo
con público (aunque la televisión ya había aparecido un considerable
tiempo atrás), era calurosamente cotidiana, como el mate. La radio era, a las 10 de la mañana en los días que tenía escolaridad simple, la rueda del mate en casa mientras mi padre fabricaba guantes de vaqueta para las industrias del interior del País, y Rapidísimo, con Héctor Larrea. La
radio era, cuando acampábamos en Punta Mogotes aquellos infames años de
la dictadura militar, el jingle de heladeras “Vanderbilt” en la radio
portátil que teníamos en la pesada carpa canadiense. La
Radio soplaba nuevas voces y prolijidades cuando a nuestro hogar llegó el
primer radiograbador “Sharp”, que nos permitía escuchar la suave música
y los locutores que “susurraban” en FM, y también jugar a la radio
mientras grabábamos la parodia que con mi hermano habíamos apodado
“Lentísimo”. Era
encerrarnos en el taller de papá y agarrar la vieja radio que sintonizaba
Onda Corta, escuchar radios de Japón, Inglaterra, Brasil. La
Radio era “La Máquina de Contar” con Juan Carlos Mesa cuando
estudiaba en la secundaria, y “Ciudad Abierta” con Mónica Cahen D’anvers,
o la versión vespertina con Aníbal Vinelli y Luisa Delfino.
Era “el color de una ciudad” que rezaba el maravilloso Ernesto
Frith en el slogan de Radio Continental. Era la voz perfecta, penetrante y
comprometida de Eduardo Aliverti en Radio Belgrano. Eran Los Arroyeños,
que nos despertaban temprano gritando y batiendo cacerolas (paradójico
preludio de tiempos que signarían la imagen de nuestro país) en
“Arriba Chicos”, o las risas de la locutora que se tentaba mientras leía
las tandas en vivo junto a Carlos Abrevaya y Jorge Ginzburg “En
Ayunas”. La
Radio era el medio al cual quería acceder cuando estudiaba la carrera de
Libretistas en el ISER. La que anhelaba mientras los sábados, en vez de
ir a bailar, grabábamos con regodeo pilotos para presentar en las radios.
Épocas en que Adolfo Castelo nos escuchaba las grabaciones y daba
consejos, al tiempo que lo escuchábamos junto a Alejandro Dolina en
“Demasiado Tarde para Lágrimas”. Era todo esto. Era mucho más. Era lo que escuchaba, lo que quedaba por escuchar, y lo que queríamos decir. Era
participar como asistente de producción en Radio América, y luego como
comentarista cinematográfico. Era
colaborar escribiendo para el mítico divulgador de folklore (antes bailarín
y estrella del cine argentino) Jorge Lanza en Radio Splendid. Era grabar
en Buenos Aires para enviar los cassettes a las Radios Nacionales del
Interior. Y era, a fin de cuentas, descubrirme a mí mismo en un
involuntario acto de drogadicción cuando terminaba de revestir las
paredes de una pequeña radio alternativa en Buenos Aires con Eucatex:
unos cuadrados de doble capa que controlaban la reverberancia y servían
para el revestimiento acústico. Eran blancos, con agujeritos en la
superficie. Una
pared agujereada. Y estaba en mis manos. Por
eso, escribir sobre un medio al cual hace más de medio siglo le
pronosticaron la extinción, es sin duda una experiencia feliz. Los hechos
que de alguna manera (en algunos casos indirecta) contribuyeron aún sin
quererlo, en la definición, posición o rol social de este medio, no
fueron tan felices, a menos en Argentina, país con una configuración
sociopolítica particular, que hace la historia y el presente de la radio
mucho más interesante, mucho más importante, mucho más necesaria de
estudiar.. Importantes
teóricos e historiadores han escrito sobre el desarrollo histórico de la
radio en Argentina y el mundo. Entre ellos, Jorge Noguer, en su
“Radiodifusión en la Argentina”
habla también de la trascendencia socio-cultural de la radiodifusión,
las políticas de comunicación y el “deber ser” del medio. Así
mismo, citado por periodistas y escritores más recientes como Carlos
Ulanovsky, aparece como importante historiador Ricardo Gallo, quien
reafirma que la primera transmisión radiofónica en el formato en que hoy
se conoce comercialmente salió desde Argentina, ya que la obra de Richard
Wagner “Parsifal” se emitió desde el Teatro Coliseo
(acondicionado para competir con el Teatro Colón de Buenos Aires) aquel
famoso 27 de Agosto de 1920. Por supuesto, otros informes e historiadores
ignoran esta transmisión como la primera, pero la creencia de que en
efecto Enrique Telémaco Susini, Luis Romero Carranza, César Guerrico
y Miguel Mujica, apodados “Los Locos de la Azotea”,
protagonizaron la primera transmisión de radio para “público
numeroso” -que en realidad no lo era tanto-, inflamando un poco nuestras
pasiones y aportando una merecida cuota de orgullo en el corazón histórico
de nuestra tierra artística y comunicacional, nos sigue movilizando para
sentir la seguridad de que el desarrollo radiofónico en Argentina tiene
una fuerza que aún hoy, tras ser golpeado por dictaduras y
discontinuidades en cuanto a la libertad de expresión, se realimenta
constantemente gracias a la creatividad, el coraje y las artes verbales de
quienes día a día sienten el entorno del estudio y sentarse ante el micrófono
como un cotidiano “matear” y al mismo tiempo la posesión de una
enorme responsabilidad social. En
un mundo con una sobrecarga de ofertas de estímulos audiovisuales, existe
una postura de escasa reflexión acerca de nuestra percepción de los estímulos
sonoros y la construcción de la realidad a partir de la misma. La radio,
medio relegado como contenedor de mensajes “de impacto”, ha cambiado
su rol social a través del movimiento pendular político-institucional
que ha caracterizado a nuestro país. La fuerza de la palabra es el elemento identificatorio del medio radio. En
estos tiempos de repetición de los discursos (aquellos que identificaron
el advenimiento de los crudos años oscuros del ’70), conviene “parar
las antenas”; agudizar el sentido crítico, escuchar más que nunca, y
por sobre todo, buscar la forma de hacernos escuchar. La Radio sigue
teniendo legitimidad a pesar de los “dueños de la comunicación” en
Argentina. Quizás porque algunas voces se niegan a ser sumisas; quizás
porque, como dijimos antes, la radio no os permite mentir. 15 de Agosto de 2004 DIBUJANDO
EL PAÍS La pregunta de rigor es: ¿Por qué repetimos
incesantemente la historia? La pregunta se aplica a la historia del mundo,
a la de los del país del Norte, o a nuestra historia Argentina. Baste una
simple comparación: el argentino creyó en la plata dulce. Y después de
la bicicleta financiera y el dólar barato, volvió a masticar la
convertibilidad de Cavallo. Y cayó. Y caerá. Porque pasa poco tiempo, y
el olvido acude rápidamente para hacernos crédulos. El recuerdo viene cuando la lucidez de un Tato Bores, en la recopilación de sus programas que emite a veces la televisión por Cable (en estos momentos, el canal Volver emite un ciclo los jueves por la noche) nos muestra que hace dos o tres décadas hablábamos de la misma manera, cometíamos los mismos errores; y es entonces cuando la vigencia de su humor asusta. A veces exclamamos: “¡Qué falta nos hace Tato Bores hoy!”. En la relectura de monólogos de Tato escritos por Aldo Camarotta o Santiago Varela, realizamos una cuota del necesario ejercicio de autocrítica. Y es que la autocrítica no necesariamente apunta a nuestra propia destrucción. La mirada puede ayudarnos a salir. Todo este prólogo no tiene otra intención que hablar de Quino. Como él sugiere a veces, que la gente recuerde a su Mafalda más que nada a veces le duele. Y es que la encantadora, lúcida, acertada y siempre vigente “nena” y la forma en que aparecen en su universo el Poder, la Cultura, la Política internacional, el imaginario de la clase media, ocupó mucho tiempo en la vida de su autor, pero no el mayor tiempo. Su humor en todas las publicaciones, en todos los períodos, con su referencia a la autoridad, a los pactos, a la paradójica historia Argentina, es vigente hoy. En estos días se está desarrollando en el Palais de Glace la muestra “Quino, 50 años”. Y si bien se ha discutido acerca de la fu | |||||||