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"Editoleja digital

 

Por Sergio Armand

 


El Adiós a Raúl Alfonsín

Mamá: ¿Qué es la Política?

Quien escribe estas líneas, votó por primera vez en su último año de la Escuela Secundaria. Con 18 años, votó a la primera democracia que conoció al menos en un estado de conciencia. Y de paso, votó a Alfonsín -independientemente de cierta tradición radical en la familia, un pibe votó quizás el carisma, la imagen de tío o abuelo campechano, sin conocer aún lo necesario sobre política- pero le llevó años tomar conciencia de lo que significaba haber votado al regreso de la Democracia. Egresar del secundario fue entrar a la democracia. Ese primer año, se 1984 de su primer ejercicio mandatario, yo empecé a saber un poquito más. Y en algún momento, el carisma dejó de ser lo importante (muchos aún no lo hemos aprendido, pero no es la simpatía la que hace al buen estadista, más allá de que en el aspecto diplomático facilita la gestión).
Alfonsín era mucho más que un temple amable, que un abuelo confiable.

No importa si ya lo sabíamos enfermo. Su partida no fue algo previsible. Creo que, de alguna manera, la entereza nos pintaba alguna posibilidad de eternidad. Y es que su figura la tiene. Nos gustaría poder decir "no se fue", en el mejor de los sentidos. Si las fatales coincidencias algo nos dejan, es que en medio de las discusiones sobre la pena de muerte, el regreso del Servicio Militar y el "en la época de los milicos yo salía a la calle y no pasaba nada" que se le escapa a alguna mujer mayor que compró la "paz" de la dictadura, la muerte del Dr. Raúl Alfonsín trae de nuevo la revalorización del Estado de Derecho. Nos hizo salir a la calle a hablar de la democracia. Quizás nos hizo revivir la salida de la Edad Oscura para entrar en un futuro lleno de promesas (violadas, lo sabemos, por el desfile de gobernantes posterior). Sin duda, sistema financiero de por medio, la gestión de Alfonsín tiene críticas. Sin duda, muchos renegamos del Pacto de Olivos (incluso quien escribe). Pero esas críticas pueden hacerse desde el análisis, con la claridad de que se refieren a gestiones realizadas desde el estadista que defendió la libertad, y no desde la petulancia o prepotencia del que impone por decreto.

Alfonsín fue -y es, a no dudarlo, si es que vamos a mantener la idea de un futuro democrático- un político de raza. Un buen político -como nos gustaría decir sobre otros, "un buen militar", "un buen policía", "un buen maestro", "un buen médico", sin caer en la complacencia del "perdonar para salir adelante" que impide la memoria crítica para corregir esos errores en el mañana- como lo fue Ricardo Balbín, a quien tras su muerte, Tato Bores lo despidió desde su programa de televisión con un atronador aplauso.

Esta es la despedida que se merece Alfonsín. O quizás no. Quizás la despedida, más que aplaudir, sea seguir saliendo al escenario de la civilidad. No dejarnos ganar por la idea de que la corrupción hace imposible un pueblo honesto y que en cualquier momento nos cae el machetazo con charreteras. Lamentablemente, parece que no aprendemos. Pero quizás, sólo quizás, recordar que sin intención de efectismos, a horas de su asunción Alfonsín inició el juicio (con posibilidad de defenderse de los acusados) a las Juntas que tanta sangre hicieron derramar, nos haga entender que ese estado de esperanza es el que hay que recuperar. Recordar ese momento, nos tiene que convencer de que hay etapas a las que jamás debemos regresar.

 


 

No somos dioses

Seguimos dividiendo bandos. ¿Por qué? Sí, siempre se nos dice que hay que tomar posición. Pero creo firmemente que tomar posición no es, necesariamente, elegir un bando. La construcción del enemigo, tanto interior como exterior, ha justificado a lo largo de la historia, demasiados crímenes. Con argumentación se justifica todo. En todo caso, entender cómo son los mecanismos que nos llevan a la construccióin de la imagen negativa de un "otro", suficientemente odiable, detestable, con acciones que motiven crímenes en masa, data de la Edad Media. No. De antes. Desde los relatos bíblicos de un Herodes masacrando niños. Independientemente de las creencias del lector que sigue estas líneas, lo que podemos ver es que los argumentos que justifican el exterminio realmente empezaron a latir hace mucho tiempo. Exterminio. Limpiar. Sanar. Depurar. Palabras que intentan trocar el horror por asepsia. Igual que el militar que le explica al explorador las bondades de su "máquina de la muerte" en el cuento "En La Colonia Penitenciaria" de Franz Kafka.

Hace muy poco conmemoramos la última de nuestras masacres en masa (hubo otras, lamentablemente, sin que el "atentado" fuera el motor de las masacres). Con un clima de impunidad terrible, con una justicia que no avanza, o se pronuncia demasiado tarde para salvar vidas, o preservar la posibilidad de crecimiento de otras (como el reciente fallo tardío que permite, demasiado tarde, el aborto para la joven de 19 años discapacitada mental que fue violada), lloramos una vez más; pero este llanto, más que llevar a un "nunca más", nos lleva a otros más. Leer los mensajes con el "no a la guerra" que, por otro lado, siguen condenando a las partes, que siguen buscando culpables absolutos, nos hace ver que sin darnos cuenta, sembramos más fundamentos para la masacre.

No obstante, el debate efectúa otra siembra: la de la posibilidad de una mirada crítica y constructora. Pero existe aún el fantasma de la impotencia. Sentimos que frente a los poderes mundiales, al hecho consumado de siempre, a la decisión políticia, a un desquiciado que decide cuál es el bien y cuál es el eje del mal, los genocidios se disparan más allá de cualquier concepción social de los derechos humanos. En definitiva, el redireccionamiento de la política y los tratados internacionales, permite tachar, habilitar o deshabilitar derechos.

¿Cómo hacer para convertir el grito humano compartido en la certeza de un estado de Derecho internacional que se debe aceptar? Por utópica que parezca esta pregunta, no hay otra vía. Comenzamos un siglo con guerras decididas, posiblemente, mucho tiempo antes. Uno puede escribir una profecía y luego cumplirla. No hay terrorismo aceptable. Ni el que se conoce como Terrorismo, ni el Terrorismo de Estado.

La Alemania Nazi, utilizando una primera argumentación económica, convirtió en eje del Mal a su población de origen judío, infrahumanizó su ser para convertirlo primero en monstruos que había que evitar, y luego una inferioridad que era necesario desintegrar. Hizo que se sintiera en la sangre el odio hacia lo que no era humano, hacia lo que no podía tener derechos. Pero miremos con atención: esa infrahumanización que tan fuertemente parecía construirse, de la cual muchos estaban convencidos, no era tal para los jerarcas. Como "En La Colonia Penitenciaria", se necesitaba una sistematización de la muerte para evitar la mirada del horror; al menos, la mirada internacional. Hoy conocemos el "dar la espalda" que hubo internacionalmente durante el Holocausto. Y también sabemos que de la misma manera Estados Unidos infrahumanizó a los japoneses. En el momento de escribir estas líneas, se recuerdan 61 años de la bomba de Hiroshima. Se mataron civiles. Estados Unidos justificó erradicar civiles, dandolo como blanco necesario. Sacrificios necesarios, como los de los propios soldados estadounidenses durante las pruebas de experimentación de la bomba atómica en territorios propios.

Se deciden las vidas que se suprimen y las que quedan. Y no lo deciden los pueblos. Lo deciden los jerarcas. Este periodista cae también en el error de confeccionar un nuevo bando cuando critica la división en bandos. Sin duda. La responsabilidad por los hechos existe. Se asume o no se asume.

Los "garcas" aparecen al final de muchos genocidios: los jerarcas, los monarcas, los oligarcas.

Sólo una salvedad: mucho antes de los aztecas, existieron los toltecas en la región mezoamericana. Una leyenda de la que da cuenta el libro de López Portillo, es la de Quetzalcoatl: una serpiente emplumada que pasa de reptar a volar, y que comparte ese camino evolutivo con los demás seres. No se trata de una sola divinidad, sino de compartir esa evolución. Existió también un Quetzalcoatl hombre, y una de las bisagras frente a los pequeños y grandes reinados preexistentes, fue la siguiente: abolió los sacrificios humanos, redimensionando el valor de la vida humana.

 

 


11 de Julio: después del Mundial, con todo calmado.

CURUCÚ CONSUMADO

Don Gaspar, un viejito que vende Biromes, una vez me contó torpemente un chiste. Y el chiste lo conocía con el "Dunga Dunga" que los nativos de una tribu africana decían para violar a un explorador antes de comérselo. Pero Gaspar usó "Curucú" en vez de "Dunga Dunga". Don Gaspar a veces decía "no calienta, no calienta vos... no calenté". Y otras, puteaba. Puteaba fuerte, y los que pasaban alrededor se alejaban. Curucú consumado es, improvisando el término y su posible descripción en un diccionario etimológico, la violación acabada (nos dejaron el oro -las palabras-, decía Neruda), sin preaviso, pero con la legitimidad de la consumación de un matrimonio. Nótese que dije "legitimidad", y no "legalidad".

Como se "data" más arriba, todo está calmadito mientras escribo estas líneas. Muy calmadito. La canallada de los superpoderes, la historia repetida, el estreno inminente de Súperman, un par de circos en Buenos Aires, las vacaciones de invierno que se vienen, un Patoruzito cuyo afiche recuerda al de "Mingo y Aníbal en la Mansión embrujada", los "bañeros" del cine otra vez con la típica canchereada nefasta y discriminatoria, más "phising" internetianos que nos "pishan" encima, y como siempre, una Buenos Aires irrespirable.

Debo reconocer, sin embargo, que durante este Mundial, un "anti-fútbol" como el que escribe, se descubrió a sí mismo viendo los partidos, incluso alguno en el que no jugara la Selección Argentina (y estoy seguro de que, en un país donde las faltas de ortografía abundan hasta en los medios impresos -cuyos correctores antes no dejaban pasar una- si hubiera escrito "selección argentina" en minúsculas, más de uno me hubiera llamado la atención por no utilizar las mayúsculas). Aprendí a desconectarme un poco... ¿por qué no? Seguir una jugada gritando, putear cuando algo está mal cobrado, y decir estupideces al no saber nada de fútbol (al menos esto es lo que mi esposa me hizo notar. Suerte que no había más amigos alrededor, ya que seguro terminaba amordazado).

El que escribe la presente es docente de varias disciplinas ligadas a los medios en algunas universidades de Buenos Aires y el resto del País. Uno de los ejercicios que efectuamos para "radio" es realizar un "apócrifo" al estilo de lo que Orson Welles logró con su adaptación para radio de "La Guerra de los Mundos" en la "Noche de Brujas" de 1938. Dentro de cierta ingenuidad, algunos trabajaron la idea de que debido a la "gripe Aviar", Alemania podría suspender el Mundial de Fútbol. Varios estudiantes manifestaban desconocer que el rumor efectivamente tuvo lugar en los medios, desmentido luego por algunos, pero también se difundió que fue propuesto por algunos diputados europeos (bastante atacados por semejante propuesta). Otro de los apócrifos, consistió en afirmar que Alemania declararía feriado los días en que se jugaran los partidos del Mundial.

Aquí, ya sabemos cómo fue la cosa. No hubo feriados, y tampoco era "como si fuera feriado", porque las actividades no se suspendían "oficialmente", ya sea por decisión estatal o de cada ámbito de actividad, y sin embargo todo terminaba truncado por la paralización del Mundial. Como siempre, viviendo a medias o puenteando, muchos abandonaban la actividad durante los partidos, mientras se declaraba que las actividades eran normales. ¿Por qué no tomar una decisión concreta?

Aquel viernes en que Argentina jugó contra Serbia-Montenegro, tuvimos una emergencia médica y concurrimos con mi esposa a la Guardia del Sanatorio Güemes. Viernes por la mañana, antes del partido. Un médico que atendió bastante "a las apuradas" a mi esposa, le envió una serie de análisis para realizar en aquel momento, y no se tomó más tiempo para la revisación. En el laboratorio le dijeron que estarían "en dos horas" (sabíamos que entre medio estaba el partido, pero...). La espera: en un bar a la vuelta, con el televisor encendido, por supuesto, y los seis goles festejados. Obligadamente festejados, como obligado se vuelve ver un partido cuando a uno lo carcome la angustia de una cuestión médica que necesita resolver.

Volvimos a buscar los estudios. No estaban. Hubo que esperar otras dos horas. Por qué, en todo caso, no nos dijeron antes que "estarían en cuatro horas"? ¿Por qué esta informalidad? ¿Por qué un médico, si está de guardia, considera que el partido es más importante? ¿Por qué el laboratorista se fue a la mierda? No, no tenemos pruebas. Es lo que uno adivina, desde el llano, sin los elementos que obligan a trabajar con rigurosidad periodística. Pero por ese tiempo no cumplido -y no anunciado- perdimos una jornada de trabajo, simplemente porque hubiera ayudado que al menos sinceraran el tiempo en el que estarían realmente los estudios, en vez de jugar con el tiempo ajeno. Bendito partido. ¿hay algún poste de amarre para no ahogarnos mientras otros están en las tribunas?

Don Gaspar, el que vende las biromes, me mira con ojos secos, y desde la bronca ciudadana, con las palabras que un periodista no debe pronunciar, me pregunta:

- ¿Somos tan mierda, tan basura, tan bagartos?

Y ese momento, asiento con la cabeza. No se trata (solamente) de la guardia de un sanatorio: hay otra guardia condenable. La que espera la distracción de la mayoría. Entonces se votan y aprueban aumentos de sueldo de funcionarios. Se tratan los superpoderes del Ministro de Interior, y otra vez me interrumpe Don Gaspar:

- ¿Vendrá alguna generación política que no sea mierda? ¡Carajo! Y otra vez... una y otra vez.

Gente en la calle, masas cartoneras que crecen, pibes que se funden en el mármol de los zaguanes, mientras algunos, que manejan en definitiva el destino de un pueblo, se mudan a Puerto Madero. Y Don Gaspar, desde el llano, desde la bronca, dice: "que se venga una inundación y que tape hasta Azopardo".

No nos habíamos dado cuenta, y el Curucú estaba consumado. Una vez más. Lo sorprendente es que en vez de insensibilizarnos de tantas veces que nos lo hicieron, siempre duele como la primera vez. Es bueno que duela. A veces uno reacciona. ¿O seremos de esos que dicen "más, más" y "llamame Marta"?

Este periodista está pensando en no seguir transcribiendo lo que dice Don Gaspar. Es que esta costumbre de culpar a otro por lo que hace uno ya me está enfermando. Es el típico modelo argentino que nos llega por mail: "¿podés culpar a otro?". Y también es una técnica periodística; lo sabemos: poner en boca de un entrevistado lo que nosotros queremos decir. Pero Don Gaspar no existe. Es un manotazo de ahogado para hablar con la falsa liviandad de quien nunca está seguro de hasta dónde llega su libertad.

Al fin y al cabo, eso somos: que la pague el más pobre, decimos. No tiene poder para tomar represalias. O al menos, eso creemos.


 

25 de Marzo de 2005

1976-2006

VOS NO OPINES

Quien vivió ciertos episodios, a veces suele desautorizar a quien no los vivió. Los dichos "pibe, yo lo viví" o "Vos no lo viviste. No sabés lo que fue" son recurrentes. Es cierto. Pero no ahora. No ahora. Generaciones que vivieron se sumergen en la vergüenza y no pueden dar la cara, no por culpa, sino por credulidad. Y empiezan las preguntas. ¿Sabíamos? ¿No sabíamos? ¿Nos hacíamos los ciegos? Y aparecen, también, las historias negadas. Vergüenza. ¿Cómo pudimos tragarnos ese sapo? O acaso... ¿nosotros cocinamos el sapo sabiendo lo que era?

Nacer en el 62, 63, 64, 65 no fue lo mismo. El año exacto de nacimiento fue definitorio para ciertas vivencias. Es cierto. El que nació en el 60 quizás llegó a flirtear con la militancia en la temprana adolescencia, cerquita de los que nacieron entre el 55 y el 58. El del 64 por raspón no terminó en Malvinas. Y en la mente de alguien que vivió la infancia en ese tremendo movimiento pendular político- institucional (citando al historiador José Gabriel Vazeilles, autor de "La Ideología Oligárquica y el Terrorismo de Estado"), el ambiente gris y confuso del cóctel de la violencia construida por la Triple A, la renuncia de "La señora" y el golpe final, aquella bisagra terrible que, aún después de la Patagonia Trágica, la Masacre de Trelew, y los sucesivos golpes a la democracia (no siempre existente en la realidad si tomamos en cuenta lo narrado por Osvaldo Bayer en "Los vengadores de la Patagonia Trágica", narrando las ejecuciones sistemáticas a los anarquistas durante el gobierno de Yrigoyen) borraron las diferencias entre un sistema y otro. Esto es: al autor de estas líneas, en su infancia, no se le hablaba de la diferencia entre dictadura y democracia. ¿Toda la sociedad estaba sumida en el mismo letargo? ¿Qué argumentos, mecanismos, convicciones, complicidades, permitieron instaurar el reinado del terror que taladró la carne de un pueblo durante siete años para seguir ardiendo otros veintitrés?

Escuchaba la otra vez el programa especial de Radio Del Plata con Nelson Castro, Fernando Bravo, Jorge Lanata, César Mascetti y Mónica Cahen D'Anvers, cuando en un momento emitieron el audio de la primer marcha de las Madres de Plaza de Mayo. La voz de una de ellas clamaba a los periodistas: "Ustedes son nuestra última esperanza".

¿Quiénes sabían? ¿Quiénes decían? En la importante producción de la memoria activa que pude apreciar estos días, vi rostros controvertidos. Algunos aparecen, pero no evalúan públicamente su propia acción durante esos años. Otros, quienes firmaron decretos de "aniquilamiento", hoy se muestran a sí mismos como políticos comprometidos con la democracia. Documentos desclasificados que aún no llegan a constituir, en el imaginario social argentino, la prueba contundente de la maquinación del genocidio... por lo cual aún hay "señoras" que siguen afirmando el "algo habrán hecho". Y el la pregunta que transparenta temor es... ¿cuán polarizada se encuentra aún la mirada sobre nuestra tragedia?

El enemigo interior. Una construcción mítica que data de la Edad Media cuando se inventaba la bestia que asolaba al reinado. Y quizás antes.

En lo personal, estaba en sexto grado cuando llegó el golpe. Recuerdo todas las propagandas de la televisión: el dibujo animado del tanque de la DGI, el techo y piso que subían y bajaban para explicar las políticas económicas, mi ingreso a la secundaria el mismo año que sonaba esa música cuasi-escolar del Mundial 78, Videla saludando a los jugadores de la selección, los rumores de posibles simulacros de apagones y bombardeos por la "inminente" contienda ante el diferendo con Chile, los mapas para hablar de soberanía en televisión, y los comunicados de la Junta Militar sobre Malvinas. Adolescente, con 17 años, mi primer recital fue el de la Solidaridad en las canchas de Obras. Obviamente, llevé mi aporte en alimentos. La vergüenza asoma en mí.

Es posible asociar nuestro "no pasa nada" o "cuidarnos el traste" con el horror vivido. Es posible porque la construcción de una sociedad plena nos exige que tomemos parte y dejemos la "culpa del otro" para sustituirla con el trabajo para impedir que se repita. El "Nunca Más" no puede ser un slogan, sino un objetivo. Y el objetivo necesita trabajo. Hablamos de las corrupciones continuadas. De modelos instaurados. De pactos que deben dejar de ser invisibles. Del cajoneo. Del "dejá que a este lo sacamos y ponemos al otro". De prácticas golpistas en la vida cotidiana para propiciar la comodidad de unos pocos... o de uno.

Letargo al fin... letargo del que simula estar dormido en el colectivo cuando sube alguien que necesita que le cedan el asiento. La vergüenza, aún en esos casos, no puede ser ocultada. El esfuerzo por ocultar la vergüenza (la presión para apretar los párpados), por simular el sueño, es mayor y más dañino que abrir los ojos directamente, levantarse y ceder el asiento.

La toma de conciencia nos encuentra con una sorpresa; en el ejercicio torpe y accidentado de nuestra civilidad, el que "la vivió" no puede tener la petulancia de desconocer al adolescente de hoy que nos acompaña en la conmemoración de los 30 años del golpe militar. Conmemoración de una fecha trágica. Conmemoración de un crimen. Un luto que se convierte en grito de justicia. Un luto que pide que pongamos voz a quien velamos, porque nos necesita, porque el mensaje que se truncó una vez, hoy será escuchado por fin.

La bendición es ver a pibes de la secundaria hoy, apoderándose de la memoria que demuestran quienes nacieron en nuestra accidentada pero esencial democracia. Pibes a los que te dan ganas de abrazar, y te llenan de ternura por estar hoy. Y no arrastrados por otros, sino porque es posible que la opresión que hoy pueden sentir, opresión de las corrupciones vigentes e injusticias sin respuesta, los hacen mostrarse y pronunciarse también.

Este autor ha encontrado en muchos nacidos en democracia una conciencia muy fuerte que contrastaba con el despertar lento de otros que vivieron los años del terror de Estado. Quizás el despegue, o la ausencia de vergüenza, o la seguridad de que no ha tenido responsabilidad en la Argentina negra, les permite mirar sin barreras, de frente. Puede ser. Esto, en todo caso, no anula el esperanzador viento que su presencia y voz genera. Por eso, el "vos no opines, que no la viviste" no cabe más. Ellos hoy están fortaleciendo nuestra memoria.

Este año, sentí que hubo más voces, más producción, más trabajo profundo en todos los sectores en todos los ámbitos. La seguridad de que fue nuestro Holocausto (como prolongación del mismo a través de la corrupción han sido el atentado a la AMIA, Embajada de Israel y la herida abierta de Cromañón) se convierte hoy en tema de la escuela primaria.

Eso sí: no hay historia en la escuela que valga, si tenemos los ojos cerrados para mirar a nuestro

Creo, firmemente, que somos muchos los que deseamos mirar.

 


13 de Marzo de 2006

Curvas de Presión

Sumergidos en las crisis de todos los días, y al ser la crisis el océano desde nuestro nacimiento, parecería que no resultan posibles los contrastes, y por ello las crisis dejan de ser tales y la atmósfera de la miseria es el infierno aceptado sumisamente.

Sin embargo no es así. Las tragedias, el clamor de justicia, y los fenómenos sociopolíticos que se dejan ver resultan justamente del contraste de una injusticia sobre otra, de una tragedia sobre otra.

Cabe preguntarse, si tomamos la idea de "tematización" de Miguel Rodrigo Alsina en su "Construcción de la Noticia", cuándo terminan los temas en el ritmo social que señala, por otro lado, el semiólogo Eliseo Verón. ¿Cuándo terminó el tema de Cabezas? ¿Cuándo terminó el tema de la AMIA? ¿Cuándo terminó la investigación del atentado a la Embajada de Israel? ¿Qué pasó con las cuentas de Suiza de Menem?

Quienes luchan día a día por que se haga justicia, seguramente dirán que los temas nunca terminaron, y tendrán razón. Pero en la agenda social no laten imprimiendo el ritmo al paso de los argentinos.

La cuestión es, también, en qué medida el conflicto muta, el tema cambia de eje, o deja de verse con la profundidad y complejidad que se impone. Pero la reflexión se vuelve delicada, y cualquier enunciado puede ser tomado como tendencioso hacia un bando cuando no se trata de valores polares. Si decimos que Ibarra tiene que pagar por su responsabilidad, tomamos una posición. Si decimos que la destitución no es la solución, el enunciado nos ubicará en una posición contraria. Si decimos que quien asume el Gobierno porteño es un "qué" y no un "quién", decimos también que la gestión no es un nombre o persona. La gestión es la misma. El "vengo en busca de paz" de Telerman que suena como si fuera alguien nuevo, una gestión inicial, resulta ridículo. Quizás la destitución de Ibarra juegue como símbolo dramático. ¿Es suficiente? ¿Es la forma? ¿Y ahora? El "que se vayan todos" dio paso, inexplicablemente, a rostros en campaña electoral presidencial que eran imposibles. Los mismos rostros. ¿Cómo volver a la problemática de la responsabilidad social en la existencia o no de la corrupción? En los primeros días luego de la tragedia de Cromañón, se señalaban aquellos que eran considerados culpables directos, pero hoy quedó en una esfera muy difusa el aparato aún existente que hizo posible tal tragedia. No alcanza. ¿No alcanza con la destitución? No alcanza con pensar que la resolución del conflicto está alcanzada. Porque, obviamente, tedremos otras tragedias, si esta realidad sigue siendo alimentada. Entonces, vuelve la pregunta: ¿y ahora? El ahora necesita construirse. Repasar un poco la historia a veces puede ayudar.

En el libro "La Mano en la Lata" de Beto Casella y Darío Villarruel, el repaso de los casos de corrupción lleva a la Inspección General de la ciudad de Buenos Aires. Allí dice, a manera de ejemplo, que "el propietario de una discoteca que funciona en Barrio Norte, pudo instalar un local sin las condiciones de seguridad requeridas. Por 40 mil pesos, consiguió una habilitación que contiene, por supuesto, sellos auténticos".

El copyright de la edición del libro mencionado indica el año 2000. Y seguramente el trabajo periodístico da cuenta de una historia muy anterior.

Y esa historia parece borrarse a veces. Hay que tomar posición. Pero la posición no se deja una vez que la justicia se pronuncia en parte de la manera que esperamos. Nadie, en el escenario de la corrupción, parece poseer una imagen digna de confianza. Por ende: ¿quién podría erigirse en sucesor como si empezara un cuaderno nuevo?

Y otra vez: no termina. Y una vez más: la hipocresía de los intereses que se agarran del palo del carro de quienes claman justicia en forma genuina.

Y ojalá este autor se equivoque, y no haya más. Pero la práctica del puenteo, del no pasa nada, de la "avivada", no terminó. Y no depende sólo de funcionarios, aunque bien merecido el castigo tienen. Pensemos, simplemente, si queremos más de lo mismo, y en qué medida hace falta repasar nuestra propia conducta.

 


 

Editoleja del Sexto Aniversario

Ese zurdito de barba...

7 de Octubre de 2005

Cada día, cada minuto, cada segundo, aparece la motivación para decir algo. Lamentablemente, en muchos casos como repudio, como denuncia. Y luego el periodismo es acusado de una construcción de la realidad absolutamente negra, catastrófica, sangrienta, en pos de las ventas. Obviamente, no podemos ser ingenuos. La construcción de la realidad existe. Sin duda. Y la responsabilidad de los medios existe. Por supuesto. Y en todo proceso, sea mediático o no, las instancias de encuadre, recopilación, selección y jerarquización de lo que "queda" y de lo que "se habla" están allí, aún en aquella autocensura cotidiana que en una reunión de amigos nos lleva a "abrir la boca" o "cerrarla". Y siguen, por supuesto, muchos "y...". En la sociedad del control y autocontrol, la línea que permite distinguir entre un ser ubicado y otro censurado o autocensurado es muy delgada. Las sanciones afectivas, jurídicas, sociales, o aquellas propias de la dinámica de grupos que llevan a cualquier persona a una exclusión o autoexclusión, generan estas sutiles formas de verse a sí mismo falsas, en función de una imagen requerida externamente. ¿Espejo lacaniano? Quizás haya que desarrollar nuevas teorías sobre los espejos.

Las formas, por otra parte, que obligan a un profesional como el periodista, a fundamentar cada palabra en honor a una objetividad inexistente -en cuanto a que no existe una objetivación posible de nuestra mirada, ni en toda nuestra percepción sensible- le impiden descargar broncas y denuncias sin que antes pase por la evaluación de lo "relevante" para la sociedad. Sabemos, también, que esto no es siempre así. Y que muchas veces lo consideramos válido, en cuanto el periodista es un ser social y, si sincera su subjetividad, entonces nos resulta honesta su expresión. Pero es cierto que estamos sumergidos en una época de amoralidad en cuanto a cuáles deben ser los temas relevantes, con una construcción de la Agenda-Setting arbitraria, y que es aceptada -o alimentada- por el público ya que, de alguna manera, debe responder a una exigencia, a una sublimación de demonios mediáticos para exorcizar, quizás, los demonios internos.

En los periodismos existentes -construcción de opinión, periodismo científico, divulgación cultural, información, periodismo de investigación, periodismo de vindicación- la puja por la legitimidad de cada uno cada vez se ve más lejana, para, definitivamente, desaparecer las exigencias disciplinares de la práctica. Y así vemos lo que vemos. Por ende, empresas con poderes financieros que detentan -o mantienen- la posesión de medios de comunicación, construyen un andamiaje de autocontrol a veces cercano a lo invisible, en los seres-periodistas que hay en su interior. Ahora, esta responsabilidad del ser-periodista en función de las presiones de la empresa que lo alberga, parece anulada desde el sistema de valores actual. La apología del golpe de Estado que en alghún caso pudo escucharsele a algún periodista, se convierte en opinión. La criminalización de la protesta social que se alimenta también desde la supuesta opinión pública que se refleja desde el ejercicio de los medios, se transforma en "sentido común". Y como de cosntumbre, como en toda la historia argentina que polarizó los valores y prometió las soluciones instantáneas, no es posible reflexionar a un nivel más comprometido, ni vislumbrar los matices, ni desconstruir el generalismo que no permite distinguir que en medio de estructuras corruptas, existen sujetos involucrados. Y esa, al fin y al cabo, es la historia mediáticamente negada. Los piqueteros se convierten en negros que no quieren trabajar; el periodismo independiente se convierte en zurditos; una protesta social se convierte en incidente; mientras que, a la inversa, un genocidio como el del Proceso se convirtió en "exceso", como tan bien lo marcó Rodolfo Walsh en su carta a las Juntas Miltares.

Argentina se muestra clasista y racista. Volviendo atrás, "negros" es un símbolo verbal negativo; "zurditos", con el diminutivo que se enlaza con aquel término de "estudiantina" que algún legislador deslizó en plena democracia, es un término del cual pareciera querer despegarse "la gente" (convertido esto en un término verbal positivo que resulta opuesto al "zurdito" o "piquetero". Que los vagos existen, sin duda. Y los vemos en legisladores que no van a las sesiones del Congreso. Los "no hay quórum" por el panza arriba de los que disfrutan sueldos increíbles. De aquellos cuyos nombres a veces no conocemos... y aparecen en la lista de la boleta para votar. ¿A quién más votamos con el nombre que figura en grande? No tenemos la menor idea.

Patoterismo dictatorial de grupos de derecha que no se denuncian. Hace días, al candidato de Izquierda Unida lo golpearon impunemente en la calle, y se bancó el término "zurditos". Se bancó que le sugirieran que Videla tendría que haber terminado el trabajo. Este periodista no siente una simpatía especial por ningún partido, y fuertes son sus críticas hacia la forma en que la representación política de la izquierda argentina ha organizado sus discursos y propuestas, especialmente en cierta desintegración de los grupos en momentos en que la Sociedad Argentina debió mostrarse más unida que nunca. Pero creo que ningún candidato, "zurdito" o "derechito" -ya que estamos, porque el "centro" sabemos que no existe como tal, lo mismo que el Centro Porteño está en el bajo- tiene por qué vivir en el miedo. Y si algún candidato -o funcionario en ejercicio- merece un castigo, que sea la Ley. Y que la Ley funcione. Y que nosotros la hagamos funcionar. Esta es la apología, si se lo quiere, de quien escribe.
Tendríamos que terminar con la idea de "social" como mala palabra. Urge hacerlo.

Asi mismo, urge la responsabilidad mediática en los valores que se transmiten,. En esta edición digital de El Cerebro hacemos pública la carta que los profesionales de la Salud han hecho llegar al Ministerio de Salud ante la generalización de un diagnóstico en los niños de falta de atención como una "carencia", como una "disminución", y por ende con la propuesta de un tratamiento con fármacos que arrasa con cualquier mirada analítica, con la necesaria discriminación de los casos y el entendimiento de la infancia y el proceso de crecimiento como la compleja constelación que es. Y los medios periodísticos (donde el periodismo científico debería exigir una fundamentación o conocimiento específico sobre el área en los periodistas a cargo) no auto-observan su aporte a la construcción del mismo diagnóstico.

La Sociedad Argentina no se sacude con la noticia del aumento de la pensión jubilatoria del ex-dictador Bignone. No lo hace, porque los niveles de indignación han bajado demasiado. O no lo hace, porque necesitamos también una relación más conciente entre periodismo y sociedad. Porque seguimos como si no pudiéramos hacer nada, con la misma resignación que en una dictadura. Pero la libertad existe, o bien hay que hacerla valer como derecho. Pero existe y hay que comprometerse con ella.

Nuestro medio está cumpliendo seis años en esta vía tan particular, sobredimensionada a vaces, sorpesiva siempre, posibilitadora si sabemos lo que deseamos. En nuestra "manipulatoria" comunicación, trataremos de seguir haciendo relevantes los temas que consideramos, en la típica arbitrariedad de quien cree estar acertado, afectan a la gente más cercana. Obviamente, esta arbitrariedad es la primera palabra. Todo diálogo comienza de alguna manera. Esta es la nuestra.

 


 

Escupir la Yerba

5 de Septiembre de 2005

¿Alguien me puede decir qué cuernos hace Mariano Grondona en televisión otorgándole un bloque entero a López Murphy y su séquito de señoritos de su partido hablando bien de él porque es su referente político? ¿Alguien me puede decir por qué no hizo lo mismo con los otros candidatos? ¿No es sancionable que en un programa periodístico se haga un acto de proselitismo barato, ese circo que ya no nos cabe digerir? ¿No deberíamos refrescar aquellas grabaciones en las que Grondona y Neustadt, durante la guerra de las Malvinas, dijeron "Sí, Juro!"? ¿Tenemos que bancarnos esto?

No son preguntas retóricas. Ojalá pueda escuchar alguna respuesta. En democracia no tenemos por qué decir "a este tipo hay que sacarlo... no puede estar en un medio", porque sería una práctica más de lista negra. Sin embargo, sí es importante la sanción social ante tanta impunidad.

¿Alguien me puede decir cómo en ese mismo programa Patricia Bullrich defiende el cerrojo que se sufrió en la marcha el viernes próximo pasado, referenciando el Código de Convivencia Urbana, un código nefasto, excluyente? Porque en todo caso, seamos coherentes: si cortar la calle para no llegar a Plaza de Mayo es impedir que se altere la libertad de los otros... ¿por qué permitieron llegar a la 9 de Julio? ¿Querían proteger una parte de la marcha y la otra no? Basta. Al salir de la dictadura, hemos recreado todos los anteriores quiebres de la democracia. No existe uno que no recurra el hecho consumado, a la prepotencia, a la amenaza del castigo físico posible. Seguimos con el aparato mafioso. Seguimos con el aparato represor. Seguimos con la desautorización del otro. Seguimos con el helicóptero de un canal que vigila y después distorsiona lisa y llanamente el acontecimiento. Así, la marcha del viernes se traducía en un "Piqueteros no pueden llegar a Plaza de Mayo". Así, la marcha contaba con los trabajadores del Garrahan y algunas agrupaciones estudiantiles. Que la marcha haya sido multisectorial y contuviera también el reclamo de las universidades, con estudiantes y docentes, era un tema que merecía ser mediáticamente separado. O eso parecía. Carajo. Y mil veces carajo.

Buenos Aires tiene un Gobierno Autónomo y por lo tanto su legislación. Es normal que choque con otras. ¿Qué pesa más? ¿Nuestro derecho constitucional a manifestarnos, o el Código? Según a quién beneficie. Pero estoy siendo injusto cuando hablo de acciones excluyentes cuando tenemos candidatos que pretenden convertir a los excluídos en un negocio...

Pensaba en muchas cosas. En la eterna imagen de la policía, esa imagen que no cambia. Estoy convencido de que cambiaría, como lo haría su constelación interna de creencias, si el poder no le impusiera siempre el mismo rol, el de ser funcional a los fines parciales de turno. Aunque el turno, a no engañarnos, siempre ha sido el mismo. Porque a la larga, ese poder de turno siempre hace que se enfrenten los que están más abajo. Y pucha, en el libro de lectura de primer grado las páginas me enseñaban que el agente del barrio era un gran amigo. Desde la mayor de las ingenuidades, y la más genuina de las esperanzas de un soñador, cómo me gustaría hoy tener esa certeza (no hablemos más de imágenes).

Pensaba en la repugnancia que me da la Sociedad Rural, cobrando una entrada de 10 pesos, más cinco la revista catálogo, y no permite que chiquitos de una escuela rural ingresen gratuitamente, a menos que procedan de "escuelas agrotécnicas".

Pensaba en el zoológico que no tenemos, porque la ciudad no tiene un zoológico propio, público. Pero aquel que en un tiempo lo vivió y disfrutó, hoy se tiene que encontrar con una bandada de empleados que nos quieren vender pases múltiples a sumas de dinero extraordinarias. Un cordón igual al policial, que nos impide pasar, pero de empleados que se nos tiran encima para sacarnos y vendernos una foto, y sin embargo cuando alguien se accidenta (como este periodista vio con sus propios ojops un domingo al mediodía) NO EXISTE UN PERSONAL en cada sector para atender esas emergencias. Y también me repugna. Me acordaba de aquel editorial de Eduardo Aliverti en su programa Marca de Radio, y del cual tuvo la gentileza de permitirnos su reproducción. Lo titulaba "Asco", y vibró a la frecuencia de muchos argentinos, no sin antes hacer la aclaración acerca de las formas periodísticas que necesitaba dejar de lado.

Un periodista como el que escribe no quiere, no puede, no debe hacer apología de ninguna índole. Sólo puede llamar la atención -en todo caso y cuando se trata de dejar bien asentada su posición ideológica y sincerar la subjetividad propia del periodismo de opinión-, sobre aquellas injusticias que podemos denunciar, o en todo caso otorgar las herramientas informativas para dar cuenta de dicha irregularidad. Pero el clima del miedo ante el castigo, la tendencia a pensar que en cualquier momento seremos tildados de subversivos, el temor a que por cualquier cosa nos caiga una bala de goma en la cara, se mantiene presente. Más presente que nunca. Insistir en esto es también alimentar ese miedo. Anular el miedo es construir otra realidad. Empezar con la desconstruicción del "acontecimiento único" digitado por los medios funcionales al poer y viculados al establishment financiero, es una tarea ardua, que lleva un tiempo muy lento. Quijotesca parecerá seguramente a muchos, mas no vana como la del Hidalgo de la literatura, esta tarea. Es preparar el agua para que el mate se vaya haciendo, con paciencia y sin tratar de puentear el tiempito de ensayo y error. A veces hay que escupir yerba. Pero no hay que tragarse sapos. En un momento, con los acontecimientos de diciembre de 2001, tuvimos que volcar el agua hervida para empezar de nuevo. Parece que descuidamos el agua otra vez... pero aún hay tiempo.

Aunque siempre parezca que no.

 


VOCES ENCERRADAS

12 de Julio de 2005

Las musas no existen. Los estímulos sí. Pero para que esos estímulos motiven el decir, hace falta ejercicio. El ejercicio de tomar posición. El ejercicio de escuchar. Y por ende, de existir. Es posible que los argentinos vivamos a medias. La mayoría, debajo de la línea de pobreza, tiene la voz anulada, aunque encerrados entre las tumbas virtuales en que sistemáticamente son ubicados en vida y por adelantado, pugnen por gritar, por hacerse escuchar. Pero hasta se les cortan las manos para evitar que, al decir de Sui Generis, rasguñen las piedras. ¿Quiénes tienen voces? Todos. ¿Cuáles existen para el oído de los demás? Las de la Agenda Setting.

 Hace pocos días, con un debate tan prolongado como postergado su tema central en el abordaje legislativo, se dio a conocer el decreto de necesidad y urgencia Nº 527 que “posterga” –a propósito del Decreto - Ley Nacional de Radiodifusión 22.285 sancionado por la dictadura militar y firmado por Videla, Martínez de Hoz & Co.(Compañía General de Exterminio y Genocidios Generales)- el plazo para concursos públicos para acceder a las licencias de explotación de los medios de radiodifusión argentinos. Esta “prolongación” de las licencias en manos de los poderosos de siempre, no puede ser nombrada como tal porque la figura del decreto habla de “suspensión” de plazos, y no prolongación de licencias; lo que es exactamente lo mismo. Al repudio general del periodismo independiente se sumó el de quienes, como siempre, quedan afuera del derecho a acceder. Concretamente no pueden las ONG’s, por ejemplo, o una escuela, poseer una licencia para un medio de radiodifusión. Aclaremos que aún estamos atados también al esquema anacrónico de las leyes nacionales, dictadas durante la violación de los derechos civiles, y que no debería ser legítima en plena democracia. Si sumamos (ver editoleja del 29 de Mayo) la existencia (y a la fecha, la inminente derogación por la cual hay que luchar) del artículo 45 de la citada ley, tendríamos que hablar de Comunicación y no de Radiodifusión. Los medios llamados “ilegales” tienen frente a sí, como fiscales acusadores, a los multimedios que desbordan prácticas de ilegalidad. ¿Hay que ganarles, o generar un escenario de coexistencia? En la arena de la lucha por la comunicación alternativa, existen posturas que defienden una profesionalización muy seria para, en masa, generar una verdadera propuesta a elegir. El otro aspecto de la comunicación alternativa, es el de dar voz a los que no tienen. Y en ese sentido, la “no profesionalización” está emparentada con la existencia de un medio que garantice el derecho a la información y tenga como política principal el “hacerse eco” de dichas garantías. En una reciente jornada de debate sobre el tema que tuvo lugar en el Centro Cultural de la Cooperación, y de la que participaron entre otros el director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA Damián Loretti, Juan Pablo Cafiero, el presidente de FARCO, Néstor Busso, entre otros, surgieron distintas aristas de la cuestión. Pero finalmente, se entendía que, más allá de pensar la coyuntura desde la especificidad de la disciplina de la comunicación, lo que obstaculizaba todo es el clientelismo y la falta de voluntad política. Es en este punto donde las leyes devoran el sentido común y la dignidad, siendo artificios jurídicos de la expropiación y el despojo de derechos. Lo mismo que la práctica de burlarla, “cajonearla” o “puentearla”. Partidos políticos inventados a último momento. Votos comprados. Arreglos. Poder.

Sigue siendo la expropiación de la voz. Sigue siendo la criminalización de los que defienden un derecho. Así como es visible la lucha por la despenalización de las FM comunitarias, deja también una estela de humo sobre este bendito país, y bastante fuera de la Agenda Setting, la penalización de los trabajadores de las fábricas y empresas recuperadas. Entre el derecho de propiedades privada y el derecho del trabajador hay pocos artículos de la Constitución Nacional, y un abismo en realidades, en prácticas, y en espacio para las injusticias morales (las que no prevé la Ley) más feroces caradurismos, como la aplicación de la figura del crack down sobre los trabajadores. El escenario es el mismo: decretos-ley (práctica de la demagogia que se sostuvo a lo largo de todos los gobiernos “democráticos”), leyes que debieron derogarse en el inicio mismo de la democracia, las caripelas políticas de siempre (siempre son ellos), la práctica del curro político de siempre, la criminalización del oprimido y la legitimación del criminal, del genocida, del tránsfuga del peor calibre.

 Quizás sea momento, para salvar este error por el cual “política” es sinónimo de mala palabra por culpa de quienes la practican, y lo que nos lleva al peligro de perder el Estado de Derecho por las mugres a las que le da lo mismo un Estado o el Otro, que cambiemos el nombre de los “políticos” por el de “kiosqueros parlamentarios” o “gubernamentales”, para que la política vuelva a ser tal desde su sentido filosófico más medular. Quizás con cambiar de nombre no cambiemos nada, si sólo pensamos en empezar el cuaderno nuevo para mancharlo de la misma manera.

 Pero el camino indudable es tomar la voz cuando y donde se pueda, y garantizar que se escuche la voz de quienes tenemos cerca, cuando nosotros podamos otorgar no digamos un micrófono, sino el espacio propicio para que los oídos puedan –y quieran- estar atentos.


29 de mayo de 2005

Llevate algo de torta que sobró

Suena bien. Rico. Si alguno de ustedes pasó por una fiesta de casamiento hace poco, seguro que al día siguiente se le habrá cruzado un "que b... por qué no aproveché y comí más...". Pero claro, en la fiesta, uno siente que es suficiente en algún momento. Como sugieren los comensales reunidos ante la mesa descripta en "El Banquete" de Platón, no hace falta obligarse a "hartarse" de vino, y puede beberse lo deseado, sin necesidad de desbordarse. Y si bien los argentinos somos de convertir la gula en un deporte nacional y hasta de redactar un petitorio para que una encíclica papal elimine la idea de "pecado" para esta praxis tan nuestra, a veces decimos "es suficiente". Sólo a veces. La praxis de este deporte, por otro lado, es exclusiva de menos de la mitad de la población del país. Un deporte de elite, se podría decir.

La torta... no siempre es deglutible o "gastable". A veces, el ansia de absorber nos lleva a apoderarnos de la fábrica de dulce de leche. Y la fábrica de dulce es el dominio de los medios de información.

Desde los fatídicos 80 de la dictadura militar en Argentina nos rige una Ley Federal de Radiodifusión firmada por Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz. El menemismo derogó el inciso "e" del Artículo 47 que impedía a los dueños de un medio gráfico poseyeran también la licencia de un medio de radiodifusión. Con esta modificación, se inició el vertiginoso proceso de concentración de medios en grupos cada vez más grandes y reconocidos. Los "multimedios" comenzaron a ser, desde entonces, sólo un aspecto del fenómeno en la carrera por el dominio de los mercados y tecnologías de comunicación. La telefonía celular, el satélite, y la informática, agregarían luego el resto de los condimentos a este plato para ojos de muchos y paladar de unos pocos. Como en su momento comenté en el libro "Radio, lienzo sonoro", en 1995, existió un hecho vinculado a los concursos para la explotación de licencias de emisoras de radio que provocó una reacción social importante: en la frecuencia 1110 funcionó durante mucho tiempo Radio Argentina, que durante sus últimos años de existencia sub-alquiló (o vendió) los espacios a diferentes representantes de la iglesia evangélica. Por motivos no debidamente difundidos, la licencia ya no quedó en manos de quienes la explotaban. El grupo empresario principalmente representado por el periodista Daniel Hadad y Marcelo Tinelli, durante el gobierno de Carlos Saúl Menem, detentaron la explotación de la frecuencia 710, correspondiente a Radio Ciudad (antes Radio Municipal) que se dedicaba a la difusión de cultura, y se consideraba "la radio de la gente de la Ciudad de Buenos Aires". Hoy sabemos que esta emisora que finalmente terminó manejando el grupo Hadad, obligando a Radio Ciudad a "mudarse" al dial 1110 (mucho más difícil de sintonizar), es manejada mayoritariamente por intereses extranjeros.

Lo que se pierde una y otra vez, es el Derecho a la Información. Si desde la concepción de las redes ferroviarias tenemos un flujo hacia una Buenos Aires centralizadora, el de la información muestra un tejido que se dispersa desde el centro medular del interés financiero.

No hubo, desde el inicio de la democracia en Argentina, ninguna nueva ley. Pero tampoco asomó la intención de una nueva política de comunicación. En los últimos años, hemos publicado en El Cerebro todos los acontecimientos vinculados a las discursiones y estudios de una nueva ley de comunicación, ya no sólo de radiodifusión.

Tras los modelos que parecen obsoletos y se vuelven a erigir, tras las caras que ya parecían no tener cabida en el escenario y vuelven a convertirse en íconos que nos sentimos sometidos a digerir, hace apenas unos días se sancionó el Decreto 527/05 que establece de suspensión del plazo de licencias de empresas de radiodifusión por 10 años. Por ende, ese plazo limitado -incluso, en este caso, para la injusta "repartija" de medios para grupos concentrados que fueron beneficiados por el menemismo y el abuso neoliberal- que implica cumplimiento de comprimisos, es extendido por 10 años más. Si tomamos en cuenta la arbitrariedad que en su momento también estuvo ligada a la repartición de medios desde la misma dictadura militar, hablamos de 25 años en que la política de comunicación de nuestro país, no se debate públicamente. Decretos de preotencia, como los que ya caracterizan a nuestro país vuelven a surgir, aunque se respiraba un clima de posibilidad de que estos mecanismos ya no seguirían latigando nuestros espaldas.

Sabemos que en Argentina los grupos minoritarios, o ONG's, no tienen posibilidad de acceso a los medios de comunicación debido a los costosos pliegos de bases y condiciones para entrar en el concurso de obtención de licencias. Concursos, por otra parte, bastante cuestionados en cuanto a transparencia. El proceso de concentración de medios impide diversidad de información. Por ende, impide la democratización de la información. Cabe destacar que en periodismo, la omisión es una acción que puede ser considerada delito. ¿Qué pasa con la parcialización de la información, con el enmarcamiento que deja parte de la realidad afuera? ¿No puede ser considerada una omisión en gran escala?

La torta a repartir no se cuestiona. Simplemente se reparte. 10 años más de arbitrariedad, y de exclusión del sistema de comunicación para personas, instituciones y organizaciones que, en defensa de este derecho a la información, podrían edificar proyectos de medios y ahora están impedidos de hacerlo.

Una vez más. Y encontramos que ese dulce de leche... ya nos cae muy mal.


22 de marzo de 2005

Irrespirable borde

Irrespirable. Inconcebible. A la par de los mundos dentro del mundo que se queman entre sí, sin que nadie se lo pida al otro, generamos día a día el microcosmos del infierno. Nuestro propio infierno. El de una Buenos Aires que es extensión de una historia copiada. De la construcción de modelos intolerantes. Y la intolerancia se hace carne y combate.
Nadie quiere combatir. Todos atacan. Y por fin, la defensa propia se vuelve filosofía cotidiana. Una vez más, nuestro propio ser se vuelve inhabitable.

La defensa propia se vuelve entonces un ataque preventivo.
Así, todos pasamos por encima del otro.
Así, un colectivero cierra la puerta y arranca mientras una madre tiene a uno de sus chiquitos en la vereda y a su bebé en brazos mientras baja.
Así, los automovilistas doblan una esquina confundiendo una calle del microcentro porteño con una pista de aterrizaje.
Así, el caminar no más se vuelve una pugna por ver quién sobrevive arriba de una acera y quién tiene que desviarse, a la manera de los viejos enfrentamientos medievales entre dos jinetes según se ve en las películas que colorean hechos trágicos para convertirlos en aventuras digeribles.
Así, uno simula que el otro es invisible, e inexistente.
Así, puenteamos el miedo a que nos quiten el lugar.
Así, se escapa una sonora carcajada cuando a alguien se le ocurre pronunciar la denominación "identidad nacional".
Así, cargados de demasiados documentos, DNI, Cédula de Identidad, Tarjeta de débito, Carnet de la Obra Social, Tarjeta de Crédito, carnet de conductor...

... No sabemos qué especie somos.

La especie argentina... quizás sea demasiado imaginarnos como renacuajos con una evolución por delante.

Esto siempre, claro está, aglutinando las peores experiencias en un -paradójicamente- reduccionista plano general.

Lo otro es olvidarnos del ruido y mirar para el costado.

Veremos otra cosa. Veremos muchas otras cosas. En la arena, a orillas del riacho, encontramos esas partículas doradas, brillantes. No desatan fiebre como el Oro, no todos quieren quedarse con ellas, pero son mucho más perdurables.

Estas partículas no tienen edad. No se diferencian por clase, o mejor dicho, podemos encontrar de toda clase. Y brillan porque su brillo, justamente, no les importa. Quizás sea el momento de parar un poco. Sentarse, y empezar a rescatar esas partículas al borde del riacho. Quizás nos contagien un poco. Quizás transformemos el color de la arena de la orilla. Quizás. Sólo quizás.

 


 

3 de enero de 2005

El Todo Vale nos duele

Ayer, mi esposa y yo pasamos por la marcha de los familiares y amigos de las víctimas de la tragedia de Kromagnon. Ayer, un taxista, por avenida Rivadavia, pasó por un costadito igual, como si la marcha le molestara. Ayer, un conductor bastante joven, con un auto último modelo, hizo lo propio por el otro lateral, en vez de desviarse, y apenas vio libre la calle, aceleró metiendo ruido con una violencia inconcebible.

El 31 a la noche, esperé el silencio. Esperé no ver fuegos artificiales. Hubo menos, pero hubo. Alguien me dijo: "Y bueno, tienen toda la pirotecnia comprada. ¿La van a guardar? No se puede". Y me quedé con la bronca de no poseer el reflejo inteligente para responder lo adecuado.

Pero hay motivos para no festejar desde hace décadas si de impunidad y corrupción se trata. A un cómplice del atentado más grande de la historia del país hace poco lo recibieron con festejos. Dicen que la vida sigue. Hasta que sentimos que se nos tapó la garganta y ya no podemos respirar. El final de una idea bretchiana llega como un látigo, con un ángulo inesperado: ahora nos toca a nosotros.

Las palabras sirven. No necesariamente son válidas para calmar el dolor, pero si la forma de comunicación social de esta civilización tiene la palabra como código, con ella nos tenemos que entender. Posiblemente el miedo, lo emotivo, lo doloroso, vaya por un carril distinto al de la palabra. Pero cuando alguien se pregunta "¿por qué?" frente al ser perdido, espera la palabra de respuesta.

Hay mucho por aprender del dolor. Y necesitamos asumirlo. Posiblemente, uno no desee "lecciones" en el momento del dolor. Posiblemente...

Lo imposible eclipsa a o imaginable. Ese es el peor golpe.

La trascendencia de un hecho en un pequeño sector de una población no tiene la dimensión merecida en un inicio. "Un boliche". "Una bailanta". "Hubo un incendio en un boliche". "No. Es un recital de Rock". "Ah, entonces puede haber alguien conocido". De la polarización social acerca de los afectados posibles, y de lo relevante para la gente en base a "quiénes" pudieron ser víctimas, hay bastante que decir, pero no es mi intención desarrollarlo en estas líneas. Del boliche a la tragedia. Y la relevancia del hecho varía según cuán cerca nos toque la tragedia. ¿Debería ser así? Susanita, en una de las tiras del Mafalda de Quino, exclamaba con relajo tras leer el diario: "Ah... por suerte el mundo queda tan lejos...!".

El mundo es aquí. Es cerca. Pero siempre caemos en eso con dolor. El país del "todo vale" nos duele. El "todo vale", el que debemos combatir. El "todo vale" que indigna después del genocidio (¿in?)voluntario.

Medidas de efecto que se toman tarde. El país de las coimas, de la vista gorda, del "no pasa nada". El país que puentea la cultura, el que delega responsabilidades para culpar a otro, el que mira la educación como cura del insomnio, el que enseguida "baja gente" como golpe de efecto y después se queda dormido sin trabajar para mantener esa "deber ser social". Aquel que saltó en los episodios del 19 y 20 de diciembre del 2001 y luego, inexplicablemente, permitió que resurgieran figuras genocidas en lo social como el ex presidente Menem. ¿Cambió el escenario? ¿Podría cambiar ahora?

Es el país de quienes venden alcohol a menores a cualquier hora a pesar de que no se pueda. Es el país de los kiosqueros que le venden pirotecnia a menores aunque esté prohibido, y de los padres que mandan a los pibes a comprarlas sin acompañarlos. Es el país del "paso yo primero". El país de mirar para el costado para evitar dar el asiento. Pero la indignación estalla cuando, condensada en una noche, sufrimos el daño que este "ser nacional" puede provocar.

Es momento de pensar en la responsabilidad compartida. Es importante, también, sentir la seguridad de que la impunidad no salve del castigo a los responsables directos. Pero esa exigencia debe ser sostenida más allá de la explosión que brota del dolor. Mantenerla como conducta. Construirla con el ejercicio de la civilidad. Convertirla en el contexto normal, y no en la excepción para castigar a uno. Porque hay muchos más. Y en este mantener, seguramente aparecerán las consecuencias de nuestro propio accionar. "Nada pasa" hasta que pasa. Y pasó.

Ahora, a todos, se nos tapa la tráquea.


27 de diciembre de 2004

A los pibes (... y no tanto).

En algún punto particular de su vida, el periodista puede verse en la disyuntiva de abandonar su rol, y hablar desde otro lugar. En algún punto de su vida, una persona, un ser humano, puede preguntarse cuál es su rol. A veces necesita que alguien se lo recuerde. A veces simplemente otros se encargan de revelarle a esa persona, un rol hasta entonces insospechado.

El periodista tiene roles que a veces se convierten en mitos: la objetividad inexistente, la aparente posesión de datos que el lector no tiene, el aporte a la construcción de la opinión pública o el siempre latente activismo que pretende un cambio de conciencia. Esto, más la mirada crítica que ubica al periodista como "opositor" o "oficialista" (calificativos hoy obsoletos, ya que en Argentina, al menos, hoy caben otros) hacen que el carácter meramente crítico o analítico desaparezcan como una necesidad.

El involucramiento personal hace que uno deje ese lugar crítico y milite, si se lo quiere, en la causa que más lo movilice. Así, el rol como contenedor de la conducta se vuelve cuestionable. ¿Qué es, entonces, quien tiene alguna influencia sobre otros? Para empezar, todos, individualmente, tenemos esa influencia. Si negamos una moneda al pibe que nos viene a pedir en la calle, el instante nos modifica. Podemos disparar la proyección de cientos de argumentos válidos, consistentes, probables, como "la moneda se la sacan los padres para tomar vino" o el "no podemos cambiar nada". Indudablemente, si la negación tiene lugar al mismo tiempo que tomamos un café en una mesa de bar en la vereda, nos sentiremos una mugre, o nos diremos a nosotros mismos que "somos una mierda" y asumimos un nuevo papel con resignación.

Ese papel se vuela con el viento cuando alguien nos muestra otra cosa. Hoy, entonces, no escribo como periodista, sino que me asumo como docente. Lo asumo al menos públicamente, ya que nunca dejé de hacerlo en el vivir cotidiano. Y asumo esto públicamente por la evidencia que conlleva: aquella que demuestra que en un país en crisis, donde los valores están en juego (a nivel mundial, cabe aclarar), se habla de quienes dejan el país, y se reflota el "no futuro" en medio de una ridícula modernidad publicitaria, la gente existe más allá de la escenografía. La gente es joven. Y también anciana. Y también madura.

En el vínculo que he tenido este año (y que se ha dado también en muchos años anteriores) los chicos, los estudiantes, aquellos que por jóvenes no tienen por qué cargar con la responsabilidad de corregir los chanchullos de quienes -como he dicho en otros editoriales- nos violan con solvencia, son los que me han llenado de combustible: moral y espiritual. Si quienes a menudo son vapuleados y sometidos al "verdugueo", (además de juzgados), nos enseñan que la entrega a un proyecto, a un sueño, a un anhelo, es TOTAL... ¿quién tiene derecho a señalar que nada puede hacerse? Energía pura es la que queda, y tras el estrés o agotamiento por las exigencias del año, quienes tienen la posibilidad de recibirla a cambio pueden agradecer (si lo desean). En mi caso, lo hago con dicha. La dicha de ver crecer. La dicha de ver florecer. La dicha de formar parte.

Este autor aún no tiene hijos. Pero cree que está sintiendo un pedacito de eso. Quizás. Sólo quizás.

Después de nuestro nacimiento, después de nuestro paso, después de nuestra respiración, nadie es igual...


24 de Noviembre de 2004

Chau, Maestro.

"Vos vení, hinchá las pelotas e insistí", me dijo un día. Y así fue siempre, desde el '85, en que lo iba a ver junto a Dolina en "Demasiado tarde para lágrimas" a radio El Mundo, llevando pilotos de programas de radio para escuchar sus consejos. Más tarde, cuando en ATC conducía "La Noticia Rebelde", sus consejos seguían. Me invitaba a ver el programa, a ver cómo trabajaban los que sabían.

Yo estaba ilusionado con epmezar en radio. Me faltaba mucho camino. Pero la ilusión estaba y grababa pilotos todos los sábados, de incógnito, en otra radio donde un amigo era operador técnico de noche. A Castelo le llevaba esos cassettes para que los escuchara.


Adolfo daba todo su tiempo, toda su alma, toda su gracia, sin intereses. En lo personal, debo decirte, Adolfo: "Gracias por escuchar, gracias por aconsejar".

Hablaba de la perseverancia como valor incalculable, y de la práctica, y de la insistencia. Nunca un gesto de fastidio o hartazgo, aún en aquellos momentos en los que, realmente, estaba muy cansado.

Podríamos enumerar cualidades. Hoy, están de más. El dolor no necesita que lo expliquemos. La bronca tampoco. Sin embargo, es inevitable señalar que era auténtico, fresco, y creador de sí mismo. Productor, periodista, editor, escritor, humorista... encasillarlo es de baja escala. No necesitaba mirar modelos a los costados. El fue precursor siempre, y un poquito patriarca, si se lo quiere, de todas esas cosas que siempre nos trajeron esa brisa nueva: Semanario Insólito, La Noticia Rebelde, El Ventilador, Medios Locos...

Estas líneas son simplemente un agradecimiento público. Gracias por haberme ayudado a empezar. Gracias por no dar vuelta la cara, por la sonrisa y por tomar en sus manos mis sueños primigenios para ponerlos en camino.

Chau, maestro.

 

 


 

13 de Septiembre de 2004

América Anestesiada

En uno de mis viajes "docentes" por mi país, tuve ocasión de visitar en la ciudad de Rafaela, Santa Fe, una galería de arte llamada Ahrus. Allí se exhibían las obras del plástico rafaelino Alberto Delmonte, inaugurada el 20 de Agosto de este año. Además de disfrutar "en vivo" de estas obras, me obsequiaron un catálogo impecable, con reproducciones fotográficas de las mismas. Hojeando un libro sobre su obra a disposición del público visitante, y las páginas del citado catálogo, me encontré con una cita del autor, extractada de una entrevista realizada en 1998 por Rafael Pascual Robles: "América, aunque pletórica de defectos, me transmite la impresión de ser algo con fuerza virginal, en donde todo está por hacerse, en donde laten ganas de crecer, de cambiar la realidad, como si transitásemos desde la adolescencia hacia la madurez".

Allí se me cruzó por la mente otra serie de citas y escritos, en los cuales se hablaba también de una América dormida que jamás supo despertar. Y es allí donde uno no está demasiado seguro de cuándo soñar es la clave para proyectar un futuro posible, y cuándo el sueño es el letargo que se prolonga indefinidamente, en ese espejo de color que inunda el imaginario social, haciendo pensar en realidades que no son. Algunos espejos, como "globalización" o "revolución productiva" se rompierom por suerte. Los años de pésima suerte no vienen por romper estos engaños, sino por prolongar este efecto anestésico, el modelo que sumerge y no permite abrir los ojos. Esta imagen de una américa "pletórica de defectos", y la fuerza de cambiar las cosas, hace pensar en nuestro propio país.

Demasiada anestesia mata, lo sabemos. Despertar a un sonámbulo es peligroso. También lo sabemos. ¿Cuál es el justo intermedio? Despertar con conciencia de que lo estamos haciendo. Asumir nuestro despertar. Asumir, también, que necesitamos tiempo para darnos cuenta, para incorporar el aprendizaje, para entender que las vivencias afectan y enriquecen el camino a construir. No existen fórmulas mágicas, ni inmediatas, ni instantáneas.

El sentido crítico y las ganas de cambiar las cosas, en plena crisis, es un capital que no todos tienen. Eso es mover los ojos cuando los párpados aún están caídos. Es una señal de que estamos vivos.


27 de Agosto de 2004

La Pared Gruyere

 Hoy nos toca hablar de un medio que acompañó dichas, dolores, tristezas. Un medio que soportó tironeadas, censuras, manoseos, y también supo sobreponerse; ser la voz que a pesar de empeños represivos, salió a flote, para que desde lo lejos, pudiera verse sobre la superficie un poquito de la tan preciada verdad.

Esa es la radio. Estuvo con su voz para quienes no veían la realidad. Entonces la convirtió en sonidos. Tuvo, en Argentina, un desarrollo diferente al de otros países, es cierto. El lenguaje y potencial sonoro pudo explotarse más. Quizás debió prevalecer el radioteatro o dar cabida a nuevos géneros narrativos. Pero la radio en la Argentina fue y es así: la voz ha estado diciendo lo que se impone en momentos claves de la historia. La radio ha sido, en el siglo XX, un soporte esencial. Un medio coloquial y, al decir del periodista Ulises Barrera, “ni siquiera el teléfono se le asemeja”. Estimula la adrenalina, inflama las pasiones, deja ver caras verdaderas o broncas actuadas, pero a la larga, la voz delata, y no permite que la mentira dure demasiado.

Esa es la radio. Un medio que en la atmósfera de los estímulos multimediáticos, sigue privilegiando el acto de escuchar, sea compulsiva o reflexivamente, en un mundo en que todos quieren “pasar el aviso” y nadie escucha los gritos de auxilio.

 Y decía párrafos atrás que “nos toca hablar”, aunque conviene dejar de lado la hipocresía: elegimos hablar. Elegimos hablar de un medio que a pesar de las imposibilidades de acceso laboral, permite abrirnos paso con la expresión sonora, con la palabra, con proyectos alternativos, buscando huequitos en el dial saturado de propuestas y ofertas de diversos credos, ideologías y shoppings, en la caótica red cibernética, en altoparlantes ubicados en las plazas, en circuitos cerrados, en radios abiertas... Nos toca, por decisión propia, hablar de un medio que amamos, a quienes están investigando sobre ella, a quienes desean encarar algún proyecto radiofónico, a quienes estudian este medio incorporando prácticas profesionales, a quienes la están descubriendo por vez primera, a quienes simplemente se acercan a ella por su potente imán sonoro: aquel que atrae a la curiosidad, y al querer decir.

Tuve la suerte de aprender de profesionales, de maestros. Se me ha concedido, en muchos instantes relámpagos de mi vida, verlos en acción. La primera vez, ingresé –de la mano de mi madre- a la mítica Radio El Mundo, en un edificio ubicado en Maipú al 500 de la Ciudad de Buenos Aires –hoy ocupado por LRA 1 Radio Nacional Buenos Aires -, que disponía, al fondo de aquel largo pasillo de la Planta Baja, de un amplio auditorio. ¿Qué me había llamado la atención teniendo yo unos siete años de edad? Las paredes... ¡Estaban agujereadas! Muchos cuadraditos con perforaciones. ¿Para qué servían? Años después, en documentales o algún informe especial para televisión, descubriría que en otras radios también estaban esas paredes. Y bastante más tarde, alguien me explicaría cosas acerca del control de la reverberancia y el aislamiento acústico. Por el momento, los agujeritos en la pared seguían siendo un misterio, el cual dejó de preocuparme apenas apareció en el estudio José Marrone. Para mí, “Pepitito” Marrone era el personaje que amaba ver en “El Circo de Marrone” por televisión, y fue un shock descubrirlo calvo, y sin la nariz de payaso. Sin embargo, a pesar del impacto, me fascinó. Era la primera vez que veía “las voces” de la radio. La de Marrone y sus cuentos, la del presentador, la de los locutores que leían en vivo los avisos publicitarios, y las de quienes leían los boletines informativos en una cabina vecina. Descubrí que había un control con un operador técnico, que los conductores –por entonces, tratándose de un programa con público realizado desde el auditorio, parados frente a atriles con papeles y libretos- le hacían indicaciones mediante señas para que pasara los discos, que Marrone se salía de esa convención y verbalmente añadía en el aire “No. El otro surco. Poné el otro tema”, que había una luz roja encendida cuando se estaba en el aire, y que la atmósfera, a pesar de asistir a lo que por entonces se conocía como una muestra de radio-espectáculo con público (aunque la televisión ya había aparecido un considerable tiempo atrás), era calurosamente cotidiana, como el mate.

La radio era, a las 10 de la mañana en los días que tenía escolaridad simple, la rueda del mate en casa mientras mi padre fabricaba guantes de vaqueta para las industrias del interior del País, y Rapidísimo, con Héctor Larrea.

La radio era, cuando acampábamos en Punta Mogotes aquellos infames años de la dictadura militar, el jingle de heladeras “Vanderbilt” en la radio portátil que teníamos en la pesada carpa canadiense.

La Radio soplaba nuevas voces y prolijidades cuando a nuestro hogar llegó el primer radiograbador “Sharp”, que nos permitía escuchar la suave música y los locutores que “susurraban” en FM, y también jugar a la radio mientras grabábamos la parodia que con mi hermano habíamos apodado “Lentísimo”.

Era encerrarnos en el taller de papá y agarrar la vieja radio que sintonizaba Onda Corta, escuchar radios de Japón, Inglaterra, Brasil.

La Radio era “La Máquina de Contar” con Juan Carlos Mesa cuando estudiaba en la secundaria, y “Ciudad Abierta” con Mónica Cahen D’anvers, o la versión vespertina con Aníbal Vinelli y Luisa Delfino.  Era “el color de una ciudad” que rezaba el maravilloso Ernesto Frith en el slogan de Radio Continental. Era la voz perfecta, penetrante y comprometida de Eduardo Aliverti en Radio Belgrano. Eran Los Arroyeños, que nos despertaban temprano gritando y batiendo cacerolas (paradójico preludio de tiempos que signarían la imagen de nuestro país) en “Arriba Chicos”, o las risas de la locutora que se tentaba mientras leía las tandas en vivo junto a Carlos Abrevaya y Jorge Ginzburg “En Ayunas”.

La Radio era el medio al cual quería acceder cuando estudiaba la carrera de Libretistas en el ISER. La que anhelaba mientras los sábados, en vez de ir a bailar, grabábamos con regodeo pilotos para presentar en las radios. Épocas en que Adolfo Castelo nos escuchaba las grabaciones y daba consejos, al tiempo que lo escuchábamos junto a Alejandro Dolina en “Demasiado Tarde para Lágrimas”.

Era todo esto. Era mucho más. Era lo que escuchaba, lo que quedaba por escuchar, y lo que queríamos decir.

Era participar como asistente de producción en Radio América, y luego como comentarista cinematográfico.

Era colaborar escribiendo para el mítico divulgador de folklore (antes bailarín y estrella del cine argentino) Jorge Lanza en Radio Splendid. Era grabar en Buenos Aires para enviar los cassettes a las Radios Nacionales del Interior. Y era, a fin de cuentas, descubrirme a mí mismo en un involuntario acto de drogadicción cuando terminaba de revestir las paredes de una pequeña radio alternativa en Buenos Aires con Eucatex: unos cuadrados de doble capa que controlaban la reverberancia y servían para el revestimiento acústico. Eran blancos, con agujeritos en la superficie.

Una pared agujereada. Y estaba en mis manos.

Por eso, escribir sobre un medio al cual hace más de medio siglo le pronosticaron la extinción, es sin duda una experiencia feliz. Los hechos que de alguna manera (en algunos casos indirecta) contribuyeron aún sin quererlo, en la definición, posición o rol social de este medio, no fueron tan felices, a menos en Argentina, país con una configuración sociopolítica particular, que hace la historia y el presente de la radio mucho más interesante, mucho más importante, mucho más necesaria de estudiar..

 Importantes teóricos e historiadores han escrito sobre el desarrollo histórico de la radio en Argentina y el mundo. Entre ellos, Jorge Noguer, en su “Radiodifusión en la Argentina”  habla también de la trascendencia socio-cultural de la radiodifusión, las políticas de comunicación y el “deber ser” del medio. Así mismo, citado por periodistas y escritores más recientes como Carlos Ulanovsky, aparece como importante historiador Ricardo Gallo, quien reafirma que la primera transmisión radiofónica en el formato en que hoy se conoce comercialmente salió desde Argentina, ya que la obra de Richard Wagner “Parsifal” se emitió desde el Teatro Coliseo (acondicionado para competir con el Teatro Colón de Buenos Aires) aquel famoso 27 de Agosto de 1920. Por supuesto, otros informes e historiadores ignoran esta transmisión como la primera, pero la creencia de que en efecto Enrique Telémaco Susini, Luis Romero Carranza, César Guerrico y Miguel Mujica, apodados “Los Locos de la Azotea”, protagonizaron la primera transmisión de radio para “público numeroso” -que en realidad no lo era tanto-, inflamando un poco nuestras pasiones y aportando una merecida cuota de orgullo en el corazón histórico de nuestra tierra artística y comunicacional, nos sigue movilizando para sentir la seguridad de que el desarrollo radiofónico en Argentina tiene una fuerza que aún hoy, tras ser golpeado por dictaduras y discontinuidades en cuanto a la libertad de expresión, se realimenta constantemente gracias a la creatividad, el coraje y las artes verbales de quienes día a día sienten el entorno del estudio y sentarse ante el micrófono como un cotidiano “matear” y al mismo tiempo la posesión de una enorme responsabilidad social.

En un mundo con una sobrecarga de ofertas de estímulos audiovisuales, existe una postura de escasa reflexión acerca de nuestra percepción de los estímulos sonoros y la construcción de la realidad a partir de la misma. La radio, medio relegado como contenedor de mensajes “de impacto”, ha cambiado su rol social a través del movimiento pendular político-institucional que ha caracterizado a nuestro país.

La fuerza de la palabra es el elemento identificatorio del medio radio

En estos tiempos de repetición de los discursos (aquellos que identificaron el advenimiento de los crudos años oscuros del ’70), conviene “parar las antenas”; agudizar el sentido crítico, escuchar más que nunca, y por sobre todo, buscar la forma de hacernos escuchar. La Radio sigue teniendo legitimidad a pesar de los “dueños de la comunicación” en Argentina. Quizás porque algunas voces se niegan a ser sumisas; quizás porque, como dijimos antes, la radio no os permite mentir.

  27 de Agosto de 2004

(Parte de este texto pertenece a la introducción del libro “Radio, Lienzo Sonoro”, de Sergio Armand – Editorial Grafi-k – Buenos Aires – 2003)

15 de Agosto de 2004

DIBUJANDO EL PAÍS

La pregunta de rigor es: ¿Por qué repetimos incesantemente la historia? La pregunta se aplica a la historia del mundo, a la de los del país del Norte, o a nuestra historia Argentina. Baste una simple comparación: el argentino creyó en la plata dulce. Y después de la bicicleta financiera y el dólar barato, volvió a masticar la convertibilidad de Cavallo. Y cayó. Y caerá. Porque pasa poco tiempo, y el olvido acude rápidamente para hacernos crédulos.

El recuerdo viene cuando la lucidez de un Tato Bores, en la recopilación de sus programas que emite a veces la televisión por Cable (en estos momentos, el canal Volver emite un ciclo los jueves por la noche) nos muestra que hace dos o tres décadas hablábamos de la misma manera, cometíamos los mismos errores; y es entonces cuando la vigencia de su humor asusta. A veces exclamamos: “¡Qué falta nos hace Tato Bores hoy!”. En la relectura de monólogos de Tato escritos por Aldo Camarotta o Santiago Varela, realizamos una cuota del necesario ejercicio de autocrítica. Y es que la autocrítica no necesariamente apunta a nuestra propia destrucción. La mirada puede ayudarnos a salir.

 Todo este prólogo no tiene otra intención que hablar de Quino. Como él sugiere a veces, que la gente recuerde a su Mafalda más que nada a veces le duele. Y es que la encantadora, lúcida, acertada y siempre vigente “nena” y la forma en que aparecen en su universo el Poder, la Cultura, la Política internacional, el imaginario de la clase media, ocupó mucho tiempo en la vida de su autor, pero no el mayor tiempo. Su humor en todas las publicaciones, en todos los períodos, con su referencia a la autoridad, a los pactos, a la paradójica historia Argentina, es vigente hoy. En estos días se está desarrollando en el Palais de Glace la muestra “Quino, 50 años”. Y si bien se ha discutido acerca de la función social del humorista gráfico, cuando este humor “comenta” la realidad, existe, quiéralo o no el autor, una posición tomada. Y por supuesto, una influencia en el pensamiento social. Y el humor de Quino equivale a novelas, leyendas, historias y películas con tragedias, parodias, enigmas, pensamientos metafísicos, anhelos, preguntas.

 Y así como escritores, pensadores y periodistas, han puesto en riesgo (y perdido) sus vidas, a Quino también su humor le valió el exilio. En democracias y en dictaduras, Quino hizo humor. Por supuesto, sus maestros también. El Tía Vicenta que lo albergó una vez bajo la dirección del eterno Landrú (Juan Carlos Colombres) fue prohibido por el gobierno de Onganía cuando las “morsas” ocupaban la tapa.

 Gracias a su tío (Joaquín Tejón), un lápiz azul y un dibujo, el primero que vio en su vida allá en 1935, Joaquín Salvador Lavado, (“Quinito”, su apodo de chico) entró en ese mundo. Y nos regaló su lucidez para despertar la nuestra.

 Además de Esto Es, Leoplan, Vea y Lea, "Damas y Damitas", "TV Guía", "Usted", "Che", "Panorama", "Atlántida", "Adán", diario "Democracia", participó en Rico Tipo, Dr. Merengue, Avivato y Tía Vicenta. Y aquí es donde se impone una retrospectiva para entender la vigencia de la cual hablábamos.

 Lo más triste, quizás, es que esa vigencia se vincula a obras que datan de casi medio siglo. La impactante síntesis con que presentaba las situaciones sociales (como todos los brazos enredados que simbolizaban la famosa "conciliación nacional"), o los baches de Buenos Aires de la zona norte convertidos en canteros porque la Municipalidad cuida más la zona norte que la zona Sur, son sólo algunos exponentes.

Hemos tenido épocas de oscurantismo que se prolongan aún en tiempos de democracia gracias a las mafias neoliberales. Por eso que regocija saber que el arte de Quino ha tenido tanta trascendencia, con el pesar de su exilio.

Y encontramos, entonces, que aprender de estos artistas también nos da la pista para superar este oscurantismo con la fuerza del "saber decir" mediante el arte.

 Estas líneas son, simplemente, un humilde reconocimiento a la trayectoria de Quino, una invitación a conocer su obra en la muestra, y una reflexión sobre cuáles son los estímulos que a veces, nos ayudan a mantener las neuronas activas; y por ende, nuestra memoria.

 

DIFUNDIMOS A PEDIDO DE QUINO ESTAS PALABRAS:

"Deseo aclarar vehementemente que un texto titulado "La Vida Según Quino" que navega en internet no solo no está escrito por mi sino que me molesta profundamente que alguien pueda creer que soy el autor.

Siempre he expresado mis ideas a través del dibujo y jamás escribo textos sin ilustrarlos.

Me indigna que alguien haya usurpado mi nombre para proponer sus ideas. y si encima esas ideas son tan ñoñas y necias mucho más aún.

Agradeceré a todos la difusión de esta aclaración.

QUINO"


19 de Julio de 2004

RECORDAR HACIENDO JUSTICIA

10 años de repetición de fracasos. Diez años y la quiebra del Banco Mayo (no casual). Diez años y una investigación que no avanzaba. Diez años y la venta de armas a Ecuador. Diez años y la falsa convertibilidad. Diez años y Telleldín. Diez años y Galeano (no el escritor). Diez años y el Senado de la Provincia de Buenos Aires. Diez años y la bonaerense. Diez años y los millones en Suiza. Diez años y Corach con su petulancia. Diez años y Hadad reinstalando el discurso del Proceso. Diez años y la SIDE. Diez años y el Testigo "C". Diez años y el Megacanje. Diez años y el Blindaje. Diez años y el Corralito. Diez años y la pesificación. Diez años y "piquete y cacerola, la lucha es una sola". Diez años y cacerolazos aparentemente espontáneos que luego se volvieron en cacerolazos contra caceroleros; cacerolazos contra piqueteros. Diez años y el blanqueo de la deuda externa ilegítima. Diez años y la fiesta de unos pocos que se acababa se convertía en la masacre de unos muchos. Diez años y el plan de López Murphy más renuncia al paso. Diez años y Antonito con Shakira. Diez años y Ruben Santos pasó del plan para mejorar el tránsito de Buenos Aires a la cruda represión del 19 y 29 de diciembre de 2001. Diez años y Brinzoni. Diez años y la masacre de Avellaneda. Diez años y el asesinato múltiple contra los chicos en Floresta. Diez años y los atentados del Setiembre del 2001 en las Torres. Diez años y los atentados de Marzo del 2004 en España. Diez años y la Guerra contra Irak. Diez años y la deuda. Diez años y los bonistas ahorristas. Diez años y los bonistas acreedores. Diez años y los cuervos. Diez años y Alfonsín cajoneando un expediente. Diez años, y la figura de Menem otra vez postulada para la presidencia. Diez años y el mes de carrousell de presidentes. Diez años y el Ballotage. Diez años y la criminalización de la protesta social. Diez años y los piedrazos a los Bancos. Diez años de freno, de la peor de las impunidades posibles.

Diez años y así estamos: como lo mostraron quienes se congregaron el domingo, a 10 años del fatal atentado, el que merece la misma atención que el atentado a las Torres Gemelas. Porque es nuestra muerte. Así estamos, como se veía en la foto durante el acto. Así estamos, entre los escombros. Así estamos, con la impunidad, la intención política, la ineficiencia nada inocente de la Justicia, que aplastan más los escombros contra nuestros cuerpos. Tiempo de hacer. La mejor forma de no olvidar, es hacernos cargo de nuestro pasado. La mejor forma de recordar, es hacer justicia. Argentina crece en sus escombros. Argentina tiene más de la mitad de la población sepultada entre ellos. Y los escombros tapan; ocultan. Las torres del Abasto ocultan lo que no puede mostrarse al Turismo. Clemente luchaba en plena dictadura contra la idea de José María Muñoz de "no tirar papelitos en la cancha" para no mostrar un país sucio; para no dar una mala imagen. Eso somos. Culturalmente. Expertos en ocultar. Y es una tendencia que se repite. Nos regocijamos con la fantasía de que los cacerolazos significaron el despertar espontáneo de un pueblo. Y los intereses parciales de cada grupo humano los vuelven a separar. Y en esa constante subdivisión, el no sentir que un crimen nos afecta a todos se hace cómplice de la intencionalidad criminal de los que desde las cúpulas de poder utilizan las masacres y los culpables como valor de cambio en un mercado de transas. Vivimos con internas sociales, porque las internas peronistas no parecen alcanzar.

Diez años y la esperanza que la comunidad le otorga al actual gobierno de Kirchner es al mismo tiempo una advertencia. Un "no se te ocurra defraudarnos". Pero no alcanza. No alcanzan los dedos de tantas manos para indicar a tantos responsables. Entre la inminente salida libre de los integrantes de la Policía Bonaerense acusados por falta de pruebas, y la maraña que se ve en perspectiva (hacia atrás) de pagos, nombres, jueces, y la Comisión Bicameral del Congreso, no se suma sino más bronca, más dolor, más impotencia.

Hay una clave: no considerarnos impotentes En la lucha del reclamo por la justicia, establecer un cuerpo de presión tan grande que pueda ser apropiado por la sociedad entera. Una fuerza suficiente para promover las acciones. Pasaron diez años sin nada. Que no pase un sólo mes, de ahora en adelante, sin movimiento real.


7 de Junio de 2004

Día de todos los días

Coraje. Oficio. Lucha. Frente. Desaparecidos. Voces. Anónimos. Con nombre. Horas de teclear. Horas de hablar. Horas de preguntar. Defendiendo. Revelando. Insistencia. Roles. Instituciones. Opisición. Reflexión. Crítica. Amenazas recibidas. Valentía. A pesar del miedo se mantiene en su puesto. A pesar del miedo habla y escribe. A pesar del miedo de todos, y de uno, trabaja. Movimiento pendular político institucional. Estar. Hacerse cargo. Tomar la palabra. Escuchar las demandas. Acompañar a la gente en el pedido de justicia. Liderar visiones reflexivas. Recordar temas enterrados. Asociar a través de la historia. Aportar a la memoria social e histórica. Construir la memoria. Fotografiar. Grabar. Filmar. Hacerse eco. Ser eco. Provocar ecos. Disentir. Contrastar. Correr. No dormir. Ser radio. Ser tinta. Ser imprenta. Ser pantalla. Ser digital. Ser barrial, newsletter, panfleto, volante, periódico mural, propaladora, radio abierta, mesa de discusión, libro. Muchos nombres. Vivos en la memoria. Vivos y activos. Periodistas. Escritores. Rodolfo Walsh. Raymundo Gleizer. Osvaldo Santoro. Leonardo Henrichsen. Osvaldo Soriano. Y otros. Muchos. También anónimos. También desconocidos. Con la trascendencia de su entrega. Sin francos. Sin domingos. Sin días. Con riesgo constante. Con mirada sobre las múltiples realidades.

Postes de amarre a la realidad. Voces y palabras a las cuales se les pide explicación. Gritos y enojos simbióticos con el pueblo. Como el tiempo, mantienen la presencia constante. Con la obligación de no tragar sapos fácilmente. Con la responsabilidad de impedir que se los trague la gente. Todos los días. Un día recuerda los días de siempre. Los del mate cuando la radio está encendida. Los del mate cuando se hace radio. Los del mate en la redacción, en la agencia de noticias, en la sala de periodistas. Los del mate en la facultad mientras un grupo de estudiantes diagrama su publicación independiente. Los del mate en la casa del periodista solitario y anciano que aún toma fuerza para compilar sus memorias. Los del mate cuando alguien sube el periódico electrónico a Internet.

Expuestos a la violencia de siempre, trascienden la muerte para que sus voces no sean suprimidas. Tracienden porque la tarea de mantener viva la voz se vuelve colectiva. Porque alguien rescató la película del compañero muerto. Porque alguien recuperó una carta. Porque alguien buscó en archivos el trabajo de su compañero.

El mejor homenaje que se puede hacer un día como hoy al periodista, es colaborar con esa construcción de la memoria histórica. Escuchando. Preguntando. Leyendo. Capturando frases e imágenes. Asociando. Ser uno mismo -ciudadano que va al banco, a la obra, la taxi, a la escuela, al kiosco, a la oficina, a vender en el tren, a la feria-, su propio periodista. Ser crítico. Estar atento. Hacer posible que el trabajo del periodista de todos los días, el de los medios, aporte a una transformación de la conciencia colectiva.

Sergio Adrián Armand


 

29 de Marzo de 2004

La Pasión de Acusar

Fanatismos. Películas. Acusaciones. Pasiones. Efectos. Crudeza. Realismo. Censura. Arbitrariedades. Siglo XXI. Nuevo Siglo. Viejos miedos. Un cóctel difícil de digerir, pero al cual nos acostumbramos desde hace tiempo.

El sentido crítico a veces no parece volar sobre ciertas afirmaciones extremistas. En tiempos en que los adherentes a una de las tantas religiones de nuestro mundo celebran una episodio significativo, en que otros lo encuadran como acontecimiento histórico, y muchos aprovechan la vertiente comercial y turística que el ocio propicia, existen otras creencias y sentimientos ignorados. ¿No es éste momento, quizás, el más propicio para una reflexión, si se lo quiere, de carácter ecuménico para los "hombres de fe", y de hermandad social para la humanidad?

Guerras Santas no hacen bien. La propia existencia de una argumentación que justifique un exterminio en nombre de una superioridad sobrenatural, habla de nuestra intención, sumando la repulsiva certeza de evadir la autoría de nuestra decisión. Argumentos "trascendentales" para ambiciones lascivas, morbosas, tejen la misma trama ficcional que una vez levantaron las Cruzadas medievales. ¿El Cáliz? No hablamos de leyendas; sino de tierras arrasadas, y pueblos asesinados, en pos del poder económico de otros. Por supuesto,m la invención del enemigo interior, cuanto más efectista, mejor.

Epoca de autocríticas en algunos países, época de regreso al discurso retrógrado en otros. Los pueblos, mientras tanto, se pronuncian. A veces, la arbitreriedad del Estado se impone. A veces, tiene más fuerza el pueblo. Acaba de suceder en España. El sentido crítico pudo con la arrogancia ciega que ni siquiera supo apostar a la inteligencia de la gente. Y en tanto el mundo se achica cuando hablamos de cadáveres, nos preguntamos quién tiene en este momento la autoridad moral para dirigir un mensaje a nadie.

Extremismos en todos los aspectos: ideológicos, religiosos, sectarios. ¿Cuál es la verdadera intención detrás? Hace unos años asistimos a la prohibición de un film sobre Jesús como hombre. Ni Martin Scorsese, director, ni Willem Dafoe, actor protagónico, entendían lo que estaba sucediendo; máxime teniendo en cuenta que ellos sentían que estaban haciendo, como este último lo expresió en una entrevista en el Actor's Studio, "algo hermoso".

Ahora, existe una discusión - a días de hechos terriblemente dolorosos para la humanidad- sobre el rol social del arte, y en este caso de un cineasta. Se discute si un film como el de Mel Gibson puede inflamar las pasiones al punto de motivar una acción fanática y violenta, ya que las aguas están a punto de romper el hervor.

Aún con el riesgo de caer en un oscurantismo que cercene o juzgue los emergentes culturales, sean éstos industriales o no, el planteamiento no deja de ser interesante, ya que la cuestión del "rol social" del artista la expresa maravillosamente el realizador Ivan Szatbó -director de la increíble "Mefisto"- en una de sus charlas que impartió en la Escuela Internacional de Cine de La Habana que dirige Gabriel García Márquez: haciendo referencia a Werner Von Braun, dice: "... desde pequeño soñó que iba a llegar a la luna y por eso siempre quiso construir cohetes. Cuando terminó la universidad, a los veinte años, empezó a imaginarse cohetes. Necesitaba dinero, y por fin encontró a aquellos generales alemanes que le ayudaron; así en los años treinta, ellos construyeron para ese joven ingeniero una fábrica de cohetes, en una isla en medio del mar. Él solamente quería llegar a la luna y nunca pensó en otra cosa. Cuando terminó el primer cohete, el V-1, hubo que probarlo pero la Luna estaba muy lejos todavía, así que lo dispararon hacia Canterbury y la destruyeron... Esa es la responsabilidad del hombre con talento. Por eso a mí me interesa qué relación tiene el llamado que hace el mundo y el carácter humano, y cómo es que éste cambia. Pienso que todas las películas que he hecho hablan del hombre que busca su seguridad en su lucha diaria, muestran sus aventuras y cuándo se convierte en pecador a causa de su propia capacidad".

Recordemos que Mefisto habla de un actor que trabaja al servicio del Estado Nazi, y ubica en carácter sumiso y funcional al poder todas las manifestaciones culturales.

Hablar del film "Pasión" en estos términos sugiere el peligroso juicio al arte, demonizando a su autor como responsable de generar actos violentos desde la propuesta cinematográfica. Al mismo tiempo, resulta interesante visulumbrar a un artista como responsable, al menos, de un mensaje.

Cuál es el de "Pasión", quedará a juicio de los críticos cinematográficos. Sí nos interesa una sociedad sensibilizada, que responde a estímulos. Muchos estímulos, los del Terrorismo y el Terrorismo de Estado, desbordan locura y arbietrariedad, mientras someten al mundo.

En una etapa histórica donde la voz de los pueblos empiezan a generar resultados, esta semana, la Semana Santa de la cristiandad, debe ser independientemente de los dogmas, una semana para reflexionar, con sentido crítico, con respeto por las víctimas, con mirada retrospectiva, con una lucha legítima por la paz, con un etendimiento entre los pueblos. El día en que estas palabras dejend e ser utópicas, estaremos superando la barbarie. Y la utopía está más cerca de lo que pensamos.

 


 

12 de Marzo de 2004

No hay forma de pedir perdón

Más allá de las motivaciones que pudo tener Pedro Aznar para hacer propia en forma maravillosa la canción de Elthon John, indudablemente algunas líneas resuenan solas hoy: "Qué mal, qué mal, esta absurda y triste historia que se pone cada vez peor".

No hay forma de argumentar. No hay forma de justificar. No hay forma de contener el llanto.

Hay otro Aznar que, en medio de la desgracia, podría fortalecer un discurso que utilizó aquel otro de quien es aliado, para justificar esas otras matanzas en una hipócrita e igualmente salvaje cruzada, contra otros pueblos indefensos. Ninguna matanza puede justificarse. Y no pueden ser disfrazados de justicieros aquellos que alimentan el infierno de la violencia.

Una vez más, sufre la humanidad. Una vez más por caprichos, ideologías, fanatismos, guerras contra imperios. Una vez más paga el pobre. Una vez más estalla la impotencia y enmudece las lágrimas que no pueden gritar. Una vez más, uno se pregunta por qué. Quién. Hasta cuándo. Una vez más nos acordamos de la AMIA; de la impunidad, de que fue nuestro 11 de Septiembre y debería haber sido tapa de los diarios de todo el mundo. Por qué. Quién. Otra vez.

Sin pedirle permiso a Pedro Aznar, va a modo de acompañamiento a nuestros hermanos españoles, esta otra letra de su autoría:

Otra vez más se desangra

Otra vez más motir o matar
Otra vez más
Otra vez más en que el mundo está callado,
Mira a un lado

Otra vez más se desangra

Otra vez más nadie va a pensar
Otra vez más
Otra vez más alguien va a cortar tus manos
Aún sabiendo que es tu hermano

Otra vez más, y ya van tantas,
Nadie parece ver
Nunca la guerra será santa,
Nunca hay un motivo ni hay enemigo
Ganar es perder

(Otra vez más -se desangra-; Pedro Aznar)


16 de febrero de 2004

TIERRA DE NADIE

 

Leyendo las "Historias del Siglo XX" de Rudy, me divierto y encuentro con la alusión constante a Estados Unidos y su prepotencia para adueñarse de las cosas. Cito, a propósito del relato que Rudy hace del año 1903: Se instrumenta en EE.UU: la "Ley del Jajajajá" para responder a reclamos de no injerencia en asuntos de otros países. "Nada de lo humano nos es ajeno, en términos de propiedad", explican. "Usaremos esta ley sólo cuando haya reclamos, y las carcajadas no se deberán oír fuera del territorio de los EE.UU.; en caso de que se escuche en otro sitio, el lugar pasará a formar parte de los EE.UU.". Genial desde toda perspectiva, este libro nos despierta y hace entender que al leer esta visión satírica de la historia, nos encontramos con una constante: el mundo es Tierra de Nadie y EE.UU. se erige en dueño.

Leyendo los titulares del jueves 4 de Marzo de 2004: Segunda autocrítica, en más de veinte años de democracia. Una por década. Poco. Pero vale, a pesar de que los argumentos simplemente reafirman la condena social. También sabemos que hay un pensamiento mayoritario, o minoritario, o ni lo uno ni lo otro. En otras palabras: sabemos que muchos argentinos piensan en justificar "medidas" que para nosotros, otros muchos argentinos, son "horrores". Nos acercamos en esta relatividad de significados y palabras a la carta que Rodolfo Walsh escribió a la Junta Militar durante la fatídica dictadura argentina de los '70. Argentina ha sido "Tierra de Nadie", esa "tierra de nadie" que se tomó como argumento en los años de plomo, y esa otra tierra de nadie que se continuó como sórdida herencia en los años democráticos.
Y la paradoja es que los protagonistas cambian. Existen quienes señalan esta tierra de nadie hablando de la inseguridad -la que existe, la que resulta cruenta e insostenible; es indudable-, pero también aquellos que ven esta tierra de nadie en la acción de esos otros perros que la impunidad protege.

Tras el discurso del Jefe de la Armada Jorge Godoy durante el aniversario de la muerte del almirante Guillermo Brown, en el cual calificó a la ESMA como "símbolo de barbarie", y manifestó que la misma fue utilizada "para la ejecución de hechos calificados como aberrantes y agraviantes a la dignidad humana, la ética y la ley, para acabar convirtiéndose en un símbolo de barbarie e irracionalidad", nos enteramos también de los dichos de otro Jorge. De Jorge Simoni, Intendente de Villarino (víctima de violentos asaltos en las propiedades de los productores agropecuarios), avalando, si surgieran, "escuadrones de la muerte" que pudieran formarse entre los propios productores. Es más, ratificó su adhesión de "matarlos antes que salgan del campo". Es muy difícil, a veces, establecer juicios de valor cuando los puntos de vista dependen de veredas afectadas de una u otra manera. En las explosiones de cacerolazos, los ahorristas se mezclaban con piqueteros sin problemas. Hoy, los piqueteros son los "negros vagos" a los que muchos quieren "darles leña". Hoy, pensamos que el argentino se une aparentemente en explosiones espontáneas que, en realidad, son individualidades que explotan al mismo tiempo, pero no necesariamente bajo una misma consigna, aunque el "que se vayan todos" se haya vendido como tal. Hoy, el ahorrista es una cosa distinta de los docentes, los piqueteros y el taxista que quiere transitar sin problemas. Curiosamente, entre la imagen del piquetero y la del delincuente hay una brecha muy corta, dentro de la cual el "chico de la calle" no cabe, pues hasta de estas "contiendas" es excluido. ¿Existe alguna síntesis del argentino en alguna de estas "facciones"? La invención constante del enemigo para cuidar la "chacra" (a veces existente, a veces virtual) también fue una herramienta para la construcción del "enemigo interior" que alimentó la "guerra sucia". Alimentada y nada natural es la construcción cultural del aspecto negativo del otro.

De todos modos, la cuestión de la "mano dura", y la de "justificar" en ciertos casos la "escuadrones de la muerte", nos obligan a enfrentarnos con una de las frases del discurso de Godoy: "Así como no puede ocultarse el sol tras un harnero, no pueden esgrimirse argumentos válidos para negar o excusar la comisión de hechos violentos y trágicos en ese ámbito. Hechos que nadie podría justificar, aun en las gravísimas circunstancias vividas".

¿Es posible imaginar un ciudadano que ante los hechos violentos no sienta la necesidad de descargar el doble de violencia contra el delincuente? Posiblemente los argentinos nos polarizamos en función de cuál ha sido nuestro victimario. Lo curioso es que las víctimas se categorizar y dividen, enfrentándose entre sí, según cuál consideren que son sus respectivos victimarios.

Existe, sin duda, una cuestión social: la de construir valores en conjunto. Pero cuando los actores sociales del ámbito político o si se lo quiere periodístico apuntalan esa otra construcción, entonces muy difícil parece alcanzar aquel otro objetivo.

En tanto, entre discursos, decisiones del gobierno, sectores que se movilizan y enfrentan, personas con miedo, valores contrapuestos y la promesa siempre imperante de un "nuevo" país, mirando más cerquita, en uno de los recitales gratuitos que se ofrecen en la Ciudad de Buenos Aires, lugares donde se impone la convivencia y la buena voluntad hanida cuenta de que tenemos la posibilidad de disfrutar gratuitamente de buena música, vemos a la gente que "se planta" delante de otra que está sentada en el pasto, para ver mejor, simplemente con el hecho consumado; simplemente con la prepotencia de no respetar algún código de convivencia implícito: el que sencillamente sugiere compartir un espacio y hacerlo accesible a todos.

 

 

22 de diciembre de 2003

SOMO LO MEJORE SOMO

Estas palabras generarán insultos. Muchos dirán ¿de qué hablás si no sabés? Otros discutirán, otros amenazarán. ¿Escribir sin furia? ¿Guardar las formas periodísticas? Claro. Es fácil. A quien no le gusta algo, le es fácil criticarlo. Por ejemplo el fútbol. A quien no le interesa es una mosca blanca. Por ende, esta crítica es de una pobre alma, desubicada social, sin conciencia de su ser nacional. Porque el ser nacional parecía verse en la pantalla, un domingo 21 de diciembre, poco antes de una navidad más, navidad en el país de los Reyes Magos, de la credulidad desguasada, de dormir en la calle, de comer de la basura, de... ya lo sabemos. ¿qué hay de nuevo?, preguntaríamos al estilo de Bugs Bunny, persiguiendo la zanahoria eterna.

Un partido de despedida de San Lorenzo. La despedida de Beto Acosta del equipo de San Lorenzo, tras 18 años de jugar en este, en Unión, Boca, Francia, Chile, Japón, Portugal, la Selección... ¿Cómo negar la emoción? Sea uno o no apasionado por el fútbol, la entrega de años y la despedida siempre tienen fuerza. La pregunta que nos hacemos nos obliga a abstraernos de este evento particular: abstraernos del Beto Acosta, de sus compañeros, de los 300 festejos... Mirar a la distancia y encontrar qué figuras se veían en la organización de este partido de despedida. Tinelli (¿les suena?), como otras estrellas. Pero Tinelli no es "otras estrellas". Es el futuro dueño de Radio Del Plata (Sí, otra más al escabeche), dueño de equipos, militante monopolista (no es el único), bastardeador de los medios, de los valores, del respeto.

Y para ver a la distancia basta echar une breve mirada a los titulares vinculados al deporte: "El éxito de Boca factura millones... Busca ganar nuevos mercados como el chino, de 1.300 millones de personas. Su récord de socios hizo que le quede chica la Bombonera". Y el mercado se impone. Por ende, el dinero es la motivación de muchos. Me lo confirmó una vieja gloria del fútbol argentino, un jugador que no nombraré, pero que goleó e hizo ascender a un equipo en el '55. Si el dinero no es motivación para un jugador, tengamos por seguro que es presión. Y muchos dirán, entonces, que es una realidad, y resulta idealista o bohemio negarla.

Bien. Aceptemos entonces que el fútbol no conlleva en los pibes el sueño de ser un crack, sino un crack exitoso que facture millones. Bien, lo aceptamos. Bajamos la cabeza. Los que no sabemos de fútbol (o fúrbol, o fúlbol, como nos hartamos de escuchar en los medios de comunicación) no debemos opinar. ¿Qué hago escribiendo un editorial? ¿Para qué escribo si no se?

Simplemente me pregunto, ya que el fútbol es un mercado que factura millones, ya que la despedida del Beto Acosta fue emotiva, atractiva, convocó multitudes (35 mil personas), era un éxito asegurado, las luminarias del fútbol y de las otras bailoteaban en la cancha, y que se recaudó: ¿no se podría haber hecho algo? ¿algo más?

Sumergido en mi ingenuidad, entré a un hogar, estaban viendo el partido, me senté, y pregunté: "Che... lo hacen a beneficio... ¿No?", a lo cual me respondieron: "A beneficio de ellos".

Y metí a todos en la misma bolsa. Lo veía a Tinelli, a "los famosos", y tragaba bronca. Agujeros negros. Tragan, abarcan, degluten. No se preocupen. No les toco a la gloria homenajeada. Pero en vista de lo innegable, del hambre, de lo que estamos viviendo... ¿qué hubiera costado? Simplemente... ¿no se cruzó por la cabeza de nadie aprovechar el éxito asegurado de una convocatoria para hacer algo? ¿Acaso el autor de estas palabras delira, no sabe sobre qué suelo está caminando? Si es así, obvien este editorial.

Pero entonces deberé dejar de escribir, porque tengo por seguro que los criterios de relevancia y consonancia en la dimensión de nuestros valores están emparentados con la necesidad y voluntad de la mayoría. Y hay una mayoría que necesita una mano.

No tenemos el fútbol en la cabeza. Tenemos una media. Opaca. Oscura. Eterna.

 


20 de octubre de 2003

 

Oscuritos

Tez oscura. Ojos como dos grandes agujeros blancos. Y marcas oscuras. Marcas negras. Te miran con desaprobación. O súplica. O pregunta. O nada. Pero le inventamos una intención pra protegernos de nuestro propio agujero. Compro celulares. Aprovechá el día de la madre con esta súper oferta. En medio de la 9 de Julio, una silueta diminuta apenas puede avanzar. Pero la jauría de autos acelera resuelta. Si destella espere. Nunca deja de destellar. No va más. Hagan sus apuestas. Llega a la otra vereda. No llega. Negro el siete. No existe. Nadie los ve. Nadie lo tiene en cuenta ni siquiera para el azar. Pelo largo. Sucio. Monedas no tengo, si no, no viajo. 7 años. 7 bolas sin tirar. Bolas ganadas por otro. Caja de empleados. Cajas. Cartón. Caja sin monedas. La caja es la moneda. La guerra de las cajas. La guerra con sacrificios inevitables. No quieren evitarse. El sacrificio de esas vidas es el objetivo de esta guerra. Genocidio eterno. Los cartoneros tapan el tránsito. No llego al trabajo. El taxi lo atropellaría de buena gana por dejar el changuito en mitad de la calle. Oscuritos. Claro, si no usan una remera blanca nadie los ve. Chiquititos. Es normal. Siempre hubo. Lo dijo Sarmiento. Es legítimo. escapa a la legalidad, pero siempre hubo y siempre habrá. ¿Nadie regula esto? Privatizar la pobreza. Qué vas a hacer. El mundo es así. No hermano. Vos sos así. No me metas culpa. Son los tipos que hundieron ste país. No; sos vos que ves a Susana. Ganaste un Duna. Llamá al 0.600.999999 y llená el cupón con tus datos. Revuelven. Abren bolsas. Chiche Gelblung ordena sobreimprimir un cartel: "tienen 11 hijos y tienen cable", mientras vemos una casilla por dentro. O una casa pobre. O lo que sea. Si una se esfuerza en armar bien las bolsas por qué dejan la vereda así. Habría que sacarlos. No. Habría que taparlos. Uf, paro el auto y me rodean 200 para limpiarte el vidrio. Ah... ¿no te alcanzan los 50 centavos? ¿Para qué pedís? ¿El mangazo viene con tarifa ahora?

Oscuritos, con gorra o sin. No son chicos. Son el escenario. Telón de fondo. No hay sueños posibles. Duermen sin soñar. Sueñan sin dormir. Oscuritos y cierro los ojos. Y mi negrura no es un tono de piel que alimenta xenofibias descerebradas; es vacío. No miro. Me resigno a su resignación. Entonces, creyendo que me apiado, le hundo el puñal. Saco la llave. Afuera hace frío. Entro al hall. Está calentito. Afuera no. Para mí llega la noche. Cumplí con mi misión en la vida. Escribí, hablé, enseñé. Me creo digno. Ahora el descanso, la cena ganada, una película. Espero el ascensor, y de reojo, los veo afuera, tras el vidrio de la puerta, revolviendo las bolsas. Se me cae el escenario. Me descubro barro con disfraz de persona. No hay fecha. Un efecto especial, me digo, y caigo en un agujero que me hace cada vez más miserable, a costa de la miseria de ellos. Y mi reflexión insume un tiempo que los ahoga más. No tengo derecho a creer que siento dolor.


 

Las Historias Silenciadas

(Acerca de Sol de Noche)

7 de Setiembre de 2003

Termino de escribir esto un poco tarde. Comencé el 26 de Agosto, luego de ver el documental Sol de Noche. No pude aportar demasiado a lo que otros me aportaron. Tomé contacto con las teclas una semana después.

No estoy seguro de qué es peor... si el hecho de que existan historias silenciadas, o la certeza de que algunas historias no son escuchadas. Pero las Historias quieren ser escuchadas.

Por suerte hay quienes se encargan de contarlas, y con cierta fe en la conciencia y el espíritu, quedan a la espera de oídos (en este caso audiovisuales) que quieran saber. Y los hay. Por supuesto, no hay que entender que Sol de Noche se queda a esperar que alguien quiera escuchar su historia, ya que el trabajo de divulgación también ha sido arduo, como su investigación, como el meterse en cuerpo y sangre con la historia de Olga y Luis. Después de ver el documental realizado por Pablo Milstein y Norberto Ludin, con textos de Marcelo Bijmajer, las cuidadas -y logradas- entrevistas de Javier Rubel, producción ejecutiva -y narración- de Eduardo Aliverti, uno se queda pensando en muchas cosas. En cómo todavía puede existir gente que con la argumentación más absurda e hiriente (por hipócrita) habla de una pacificación de nuestro pueblo a costa del olvido (léase presidente de la Sociedad Rural, entre otros); o en si veraderamente existe gente convencida de que el genocidio negado tuvo un sentido o era inevitable. En estos últimos días, video francés con alarmantes testimonios de actantes de la dictadura de por medio, la desfachatez del decir la verdad con el convencimiento de que no hay nada de qué avergonzarse, nos somete al vaivén de un péndulo que nos acerca a ese otro extremo, el de siempre, que es el de la negación de la historia, la negación de los muertos. Y si bien esta reflexión, a modo de editorial, no es en sí una crónica cinematográfica, vale el trabajo citado como pretexto.

Cuando por primera vez leí el slogan de la película que narra la vida de Olga Aredez, y su vida con Luis, su esposo, médico del ingenio Ledesma, las palabras "Una Mujer; un pueblo; un país" marcaron una relación indisoluble, y a la vez invisible para muchos. ¿Qué parte de nuestro pueblo es reconocido como tal? ¿Qué parte de nuestro pueblo es mirado? ¿Y cómo es que esa parte se convierte en la mitad de una totalidad, tendiendo a ser mayoría, y sigue negándose como si pudiera esconderse con una escenografía endeble? Hablamos de una historia de heroísmo, pero no de aquel tipo de héroe mitificado, deshumanizado, sino de algo más básico, como es el entender la igualdad de todos, en este caso por parte de Luis, que tras ser expulsado del ingenio, las circunstancias lo encontraron como intendente de su pueblo: Libertador Gral. San Martín en la provincia de Jujuy. Es cuando decide cobrarle impuestos al poderoso ingenio de los Blaquier, quienes mediante la explotación de los aborígenes en un sistema que combina capitalismo salvaje, esclavitud y feudalismo en una kafkiana combinación erigieron su imperio durante una importante parte de nuestra historia. Dos detenciones sufrió Luis Aredez tras su destitución como intendente. La segunda, se sumerge en las sombras de la ya conocida alianza entre poder económico y dictadura. La llamada "Noche del Apagón", que tuvo lugar en Julio de 1976, a poco de comenzada la dictadura de la Junta Militar liderada por Videla, Massera y Agosti. Noche en la cual unas 400 personas, casi todas (sino todas) trabajadores del ingenio, fueron secuestradas, en camiones provistos por el ingenio, con conductores del ingenio. Y esto terminó en la tortura de muchos... y en la desaparición de muchos. También, en la desaparición de Luis.

Y en ese derecho de enterrar a los muertos, a los muertos que nunca nos permitieron sepultar, a esos muertos que el terror de Estado quiso convertir en fantasmas, Olga peleó y pelea, marchando los jueves alrededor de la plaza de Libertador, sola, ante la indiferencia de muchos.

Y la idea es que la indiferencia pueda sostenerse cada vez menos. Que el esfuerzo por ser indiferente sea tan grande que resulte imposible sostenerlo. Vuelvo, entonces, al slogan: ¿Cómo hacer que una persona, un pueblo y un país sean uno? Quizás derribando las ideas preconcebidas que permiten que existan en el seno social asesinos paseando entre la gente como protectores caudillos. Pero estas ideas ya no se derriban con discursos. En todo caso, la construcción de otra mirada, pasa por lo vivencial y compartido. Si nuestro pueblo está en ese camino o no, es muy difícil de determinar. Por supuesto, uno desea, necesita, albergar esa esperanza. Al creer en que, como integrante de ese pueblo, uno influye, ese compromiso puede transmitirse sin presión, sin manipulación.

Es momento de que la "justicia social" deje de ser vista como mala palabra. Pero tenemos un camino largo y tortuoso, a juzgar por algunas voces que con un espantoso convencimiento, aplican lógicas de guerra (con escuelas extranjeras muy marcadas) en la admisión -ya que no cabe el término "confesión"- de sus acciones durante la dictadura militar en Argentina. Lamentablemente, nuestra sociedad tiene voces fragmentadas -en el sentido de cuál es nuestro común anhelo- y hasta ejecutores del terror explican el por qué del término "guerra sucia".

Resurge una y otra vez esta lógica del control, de la "mano dura" en el sentido represivo, como si nada hubiéramos aprendido, o como si necesitáramos que alguien dirija el rumbo hacia esa oscuridad otra vez, para apoyarla. Porque ese es el tema: los intereses que apoyaron el terror de Estado una vez. Los intereses que han permitido que resurjan rostros y discursos inimaginables tiempo atrás. Los intereses que persisten y construyen un sistema de creencias y certezas acerca de lo que es seguro y lo que es inseguro. Con semejante manipulación, se logra la espantosa paradoja de que exista gente que vea a los derechos humanos, entonces, convertidos en mala palabra. O como se ha escuchado tras la "expulsión-huída" de De la Rúa, y se debatía en el Congreso si llamar a elecciones o elegir un presidente por el tiempo restante del mandato que el fugitivo debía cumplir: "Berrinches democráticos", dijo un carcamán justicialista, para responder al repudio de la gente por no poder elegir a sus representantes.

La civilidad es un aprendizaje, pero el ser un pueblo y sentirse parte del mismo -no con un sistema de exclusión o auto-exclusión como el que fomentamos- es un trabajo más difícil, ya que exige un compromiso y desprendimiento mucho mayor.

El desafío es despojarnos de las creencias arcaicas y maniqueas que signaron la historia de nuestro país, y que nos han transmitido de generación en generación naturalizando la desigualdad como una situación inevitable, y haciendo que un genocidio no haga desaparecer a una generación (como si no fuera cruelmente doloroso), sino a la propia historia de un pueblo. Por ende, al pueblo mismo.


 

Una vez cada tanto...

10 de Agosto de 2003

Uno escribe una vez cada tanto. O todos los días. O a cada minuto. Depende de la profesión, de las exigencias, de la autodisciplina o de la necesidad.

Pero algunos discursos, se escriba o no, se hable o no, se mantienen constantes, aunque las voces y las consignas parezcan cambiar. Entre tantos dichos, entre tantas posiciones que van desde un especialista estadounidense cuya opinión se publica en el diario argentino La Nación y sostiene que el paso a retiro de la cúpula militar promovido por el presidente Kirchner a poco de asumir abre viejas heridas y debilita la institución al negarle "oficiales experimentados" hasta la del presidente de la Sociedad Rural Argentina Luciano Miguens, asegurando que "por supuesto que a veces la justicia hay temas que no los habrá resuelto de la mejor manera posible pero si revemos todo, si volvemos al pasado, perdemos tiempo y posibilidades cuando nos está mirando el mundo, cuando tratamos de mostrarle a los organismos, cuando tratamos de cumplimentar muchísimos deudas o servicios a los que no hemos comprometidos", en un absurdo -como siempre- circo hipócrita en que los intereses oscuros del permanente grupo hegemónico necesitan recurrir a la retórica para justificar los mutantes genocidios de siempre -cobrando la forma oportuna según el modelo y sistema político imperante- porque, incluso, ni siquiera tienen la ceguera ideológica de creer que lo hecho es lo "correcto". Como siempre. Como ha sucedido en dictaduras, y en democracias desde aquella semana trágica de la primera mitad del siglo XX en Argentina.

Y la pregunta inevitable es: ¿cómo haremos para "cambiar la cabeza humana" de nuestra sociedad? Agazapados, esperando el menor brote (real o construido) de violencia, inseguridad o malestar económico, en lapsos de tiempo asombrosamente cortos vuelve una y otra vez la cuestión de la "mano dura". Y al decir del actor, comediante, escritor y director teatral Enrique Pinti, llevamos dentro el enano fascista, aquél que nos hace decir "a éste habría que sacarlo" cuando algo no nos gusta. Por eso hablamos, o preguntamos, cómo "cambiar la cabeza".

Mientras esperamos los aconteceres del debate en el Congreso acerca de la posibilidad de nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, escuchamos múltiples argumentaciones legales acerca de cómo encarar la cuestión: "inoponibilidad", "nulidad", son palabras que navegan entre las argumentaciones de la "inseguridad jurídica" que representaría una ley que anule otra ley. Si bien es cierto que el concepto es diferente a la derogación inmediata de una ley, los argumentos vinculados a la inseguridad jurídica no pueden evitar el ridículo frente a la inseguridad del derecho (en este caso de una mayoría social frente a una minoría genocida) que significaría mantener estas leyes.

En concepto diferencial de la nulidad con respecto a la derogación es éste: la derogación implica que no se puede evitar abrir una nueva causa utilizando la protección que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final prometían. Pero la nulidad permitiría reabrir causas contra quienes ya han sido beneficiados con awuellas leyes.

¿Cómo hablar, entonces, de un futuro cuando se habla de privilegiar, en los dichos de Miguens, las deudas o servicios a los cuales nos hemos comprometido? ¿De qué futuro hablamos cuando la intención de muchos es, lisa y llanamente, negar la mínima amalgama al dolor que significaría el justo acto de justicia?

Quizás lo más lamentable en nuestro país, no es el choque que podrían representar ideologías contrapuestas, sino el permanente juego de la retórica hipócrita, que juega, como en El Banquete de Platón, a combatir con discursos mientras se pone en juego la constelación de los valores esenciales que un pueblo entero viene defendiendo, y la posibilidad de convertirlos en la filosofía de nuestra Nación Cuando hablamos de filosofía, hablamos de voluntad política. Cuando hablamos de filosofía, estamos diciendo que los delitos de lesa humanidad no pueden tener una fecha de vencimiento para ser juzgados. Asoma ahora una pequeña luz de voluntad política. Que lo que se construye con tanto esfuerzo pueda ser defendido.


 

Grito de Tinta

10 de Abril de 2003

Y como ya se ha dicho mucho desde la poesía y el periodismo, el mundo se ha vuelto inhabitable. De todos modos... ¿de qué país es el género cinematográfico que acuñó la frase "no cabemos los dos en este pueblo"? Tal parece que ésa es la línea de diálogo del imperialismo. Ya no importan las motivaciones, que demasiado se han analizado (de todos modos, nunca es suficiente). Importa el hecho de que las consecuencias ni siquiera sean consideradas como parte de la realidad, esa realidad modificada por el Imperio.

Una impotencia temblorosa, quizás aquella que se mezcla en nuestro país donde vemos caras de candidatos preguntándonos cómo es posible que, después de todo lo que hemos vivido, las caras postulantes sean justamente ésas.

¿Qué hacer? ¿Cómo disolver el imperio del hecho consumado -los feudalismos del mundo entero- para dibujar aquella otra realidad que necesitamos? Si la civilidad ya no existe -hecho que sospechábamos hace dos semanas, hecho que comprobamos hoy- no tenemos poste de amarre. Sabemos que la "ley del más fuerte", y la "guerra permanente" no son nuevas, y han estado siempre detrás de la máscara de la democracia. No hay salvación. No hay escondite. No hay acciones para contrarrestar esto. Esa es la sensación... mas no necesariamente la verdad.

En todo caso, la verdad es demasiado dolorosa. Demasiado. Y la repetición de la historia -Panamá, Nicaragua, Irak, la permanente Escuela de las Américas, escuela de asesinos que forjó los temples de Massera y Galtieri- es ya no el dedo en la llaga, sino la lenta canción del verdugo mientras mata a su víctima disolviéndola viva en ácido.

Se disuelven las miradas. Se disuelve el decir. ¿Cuál es el sentido de que haya existido Gandhi? ¿Cuál es el sentido de los libros? ¿De qué mundo, realidad, futuro, hablaremos en las escuelas, en el bar, en casa? ¿Qué sabor tendrá ahora el mate o la cerveza? Quizás la humanidad aprenda cada vez más a insensibilizarse, a ver menos. Posiblemente sea un entrenamiento más, como si la Escuela de las Américas nos enseñara a llorar cada vez menos, a tragar cada vez más bichos.

El hecho consumado puede más, como el no necesitar excusas para matar civiles, para bombardear un hospital, para desintegrar niños, para derribar periodistas por el sólo hecho de "mirar".

La única resistencia posible, es no aceptar. De alguna manera, invisible aún aunque sospechada por una sombra que crece, el no puede ser muy poderoso. No a corto plazo, y se sabe. Pero la guerra permanente, el imperio hegemónico, tampoco está planteado a corto plazo.

Nos queda mucho camino. Tendremos que caminar goteando sangre, sufridos por el dolor. Pero estamos obligados a no morir, para no ser indiferentes a aquellos que no tuvieron la opción de decidir mientras otros determinaban sus muertes.

Sergio Armand


 

El Imperio de la Prepotencia

16 de marzo de 2003

No es sólo Estados Unidos. En realidad, nuestra historia parece exhibir un mayor peso en el plato de los hechos prepotentemente consumados. Este autor espera equivocarse profundamente. Este autor quiere que más de uno le diga "está equivocado. Todos estos hechos refutan lo que usted dice". Y sí. Verdaderamente existen hechos y personas, -históricos o no- que dan cuenta de esto. Personas "anónimas" que le dan sentido a la idea de futuro, a la razón de mantener la esperanza de mejorar las cosas. Mientras tanto, la impotencia cobra vigor también (el vigor de la impotencia es una paradoja, claro está, para el impotente, pero no para el que la aprovecha).
Es difícil, e incluso arbitrario, pretender estudiar el desbalance. Porque de la mirada depende. Es simple: si el parámetro de la democracia no funciona porque la "capacidad de veto" de Estados Unidos puede más para imponer sus intenciones, es porque la relación de fuerzas es más definida como parámetro que la democracia misma. La presencia constante de la violencia, aún cuando ésta no es ejercida pero sí "prometida" como posibilidad -según el discurso de Michel Foucault- convierte a la democracia y los derechos humanos en un postre que disfrutaremos "si nos portamos bien".

Pero más allá de la política exterior, los capitalismos, los imperialismos y los protagonistas del Fondo, del Terrorismo y del Banco Mundial (orden arbitrario de los protagonistas por parte de este autor: hecho consumado), también está la construcción de predominios valorativos en las personas, en la sociedad. Cuando hablamos con muchos... ¿cuántos están a favor de la represión? ¿cuántos a favor de la "mano dura"? ¿Cuántos están deseando sentirse más tranquilos bajo una ley marcial a sabiendas de que su pastel está a resguardo? Hablamos de Argentina. Hablamos de Chile. Hablamos de Venezuela. Hablamos de Nicaragua. Es decir: no hablamos de ningún fenómeno autónomo local, regional. Hablamos de una intención-virus, que en forma al principio centralizada, logra reproducirse en pos del mantenimiento de un discurso peligrosamente hegemónico: hay que extirpar el mal. Y -¿quién lo duda?- el mal está. Es el terrorismo real, sin duda. Es Saddam, sin duda. Es el terrorismo de Estado, sin duda. Es la corrupción local, sin duda. Es el hecho de que un criminal se postule a presidente, sin duda. Es la mafia política, sin duda. Es la violencia política en la Universidad, sin duda. Es el hecho de que no nos indigne que un Menem tenga el caradurismo extremo, la vergüenza ausente, la sonrisa despiadada, la impunidad para no sufrir. Es el hecho de -sin caer en la dictadura de la proscripción- las alternativas políticas muestren más de lo mismo, en vez de presentar la respuesta a la demanda social. Es que nos cansemos, y nos ganen por cansancio. Es que ya no luchemos, porque creemos que es en vano. Y esta "primera persona del plural" no habla por todos, porque hay muchos que, considerando que lo anteriormente apuntado como vicios es malo, hacen lo contrario. Pujan. Luchan. Logran. Creen. Son muchos, son anónimos, no son figuras políticas, pero hacen generan una política constitutiva de la filosofía de vida.

Esto, sin duda, también puede ser germen. Un germen que se reproduzca de la misma manera en muchas regiones de nuestro mundo. Porque, en todo caso, la propia humanidad tiene el derecho de proclamar: "Están con nosotros (las personas) o con ellos (los traficantes de la muerte)".

Sergio Adrián Armand

16 de marzo de 2003

 


 

SÁBADO BUSH

Viernes 14 de Febrero de 2003

¿Qué decir, cómo sentirnos, qué hacer, cuando casi acostumbrados, resignados, con la cabeza baja como aceptando una esclavitud impuesta por nuestros ancestros, ya nos hemos ahogado mil veces? Cuando -tras haber salido, al menos en apariencia, de la oscuridad y el genocidio institucional de uniforme en nuestro país para seguir agonizando en el genocidio institucional de camisas y corbatas- los discursos acerca de la política exterior de Estados Unidos se revelan como la gran mentira a nivel mundial, la lectura sobre el quiebre de las democracias en América Latina para conservar su modelo económico e ideológico trascienden las fronteras de la intelectualidad de las aulas para estar en boca de todo el mundo, los mecanismos coercitivos del imperialismo también se vuelven notoriamente más visibles, sin temor a que nos hallemos, súbitamente, en la Edad Media. Quizás la clave sea que el propio pueblo de Estados Unidos le pida cuentas a su gobierno. Quizás los flujos de información deban cambiar de dirección de una vez por todas. Este "quizás" tiene una posibilidad de supervivencia, por supuesto, ya que la credibilidad de las fuentes informativas tradicionales está también en agonía para dar paso a las fuentes alternativas, las cuales, amén de carecer en algunos casos de legitimidad debido a la vulnerabilidad de las redes electrónicas para filtrar información falsa con una firma ajena, empiezan a ser más que tenidas en cuenta: necesarias a la hora de contrastar más fuentes, denuncias que jamás llegarán a los medios pertenecientes a las empresas que detentan en control de más de un rubro y están demasiado empantanadas por los intereses que ya conocemos como un disco rayado pero eterna y lamentablemente vigente en un nuevo siglo que mucho tiene del XIX.

Es cierto que, así como en nuestro propio suelo las instituciones están en crisis, internacionalmente sucede lo mismo. Así asistimos al deterioro de la imagen y función de la ONU. Alguien vinculado al campo legal me hizo saber una vez: "los tribunales internacionales no existen; no sirven para nada". Entonces, entendemos que no sólo en Argentina hace falta reconstruir desde cero un país con valores defensores de su pueblo, sino también en el mundo, ya que el hecho consumado modelo "M" (sí, el de las bodegas riojanas) es el mismo del modelo "B" (el mismo de la guerra santa anterior y el de la actual). Las guerras santas también sirvieron en la Edad Media para teñir de trascendentales las búsquedas de riquezas económicas. Lamentablemente, demasiado idílicas sonaron después la denominación "Cruzadas" para que se abusara hasta el hartazgo después, mezclando el espectáculo religioso televisivo, el "cable a tierra" del desesperado sin reconocimiento, con el espectáculo religioso político que convierte en designio de Dios la aniquilación de los pueblos inocentes. Y no sólo con bombas. Mostrar la pobreza extrema, el hambre, el dolor de los chicos en la calle, equivale a decir "miren cómo sufren el castigo por sus propios pecados": así es la retórica del discurso estadounidense. Sí, son "Palabras Cruzadas", aniquilar la democracia mientras se dice defenderla; exterminar la libertad mientras se asegura como valor fundamental.

Claro que antes decíamos que la libertad era para ellos, y la democracia también, mientras privaban de ambas a los pueblos oprimidos (los de abajo, los de más al costado, los de más arriba a la derecha), ahora el propio pueblo de Estados Unidos no puede expresarse. La construcción de la realidad mediática y discursiva no es tan efectiva como solía serlo, y no queda más remedio que acudir a la prohibición fundamentalista. Países que desintegran sus alianzas, pueblos enteros, la propia prensa "no sumisa" (porque de la otra hay demasiada) y los propios ciudadanos norteamericanos observan con asombro la metamorfosis hacia la tiranía que no es tan nueva en los ideales de Bush, ni de los gobiernos anteriores, aunque, si bien es difícil hablar de ángeles y demonios cuando de gestiones de gobierno se trata, convendría examinar los hechos y discursos vigentes, así como catástrofes y cruzadas mediática religiosas que acompañaron el diseño de conciencias. Reagan, Bush I, Bush II. Antes, películas como Rambo. Ahora, películas como Pearl Harbor o Daño Colateral. Antes, Billy Graham. Ahora, (en nuestros pagos) Luis Pallau.

¿Acaso el hecho de que el modo de actuar actual del gobierno, y los modos anteriores, hayan sido satirizados masivamente hasta el hartazgo en films como "Mentiras que Matan", no genera al menos la necesidad de discreción? Aparentemente no. Los Cruzados se llevan todo por delante, y se auto-proclaman mártires al tener que lidiar con las fuerzas negativas del enemigo. Por ende, que el mundo se levante contra la guerra, en vez de hacerle sentir una fuerza internacional, legítima, moral, social y hasta legal (si de convenios internacionales hablamos) que lo obliga a ubicarse en un contexto aceptado en todo el planeta, lo define como el único con la Verdad, convirtiendo al resto en "El Enemigo".

Cito una frase de "Contacto" del fallecido Carl Sagan, ubicada en un contexto en el que, tras la llegada de un Mensaje proveniente del espacio exterior con las claves para la construcción de una Máquina, el mundo se une y entre los objetivos está la "carrera por la reducción de armas": "Como ocurre en toda carrera armamentista, cada potencia procuraba marchar al mismo ritmo que la otra, pero en este caso la diferencia estaba en que se trataba de disminuir la cantidad de armas. En términos militares, no habían renunciado a mucho ya que conservaban la capacidad de destruir la civilización planetaria".

¿Quién le ha dado autoridad para definir el destino del planeta cuando todos le quitan esa autoridad? Es la fuerza bruta, el hecho consumado, la prepotencia. Y obviamente, no es sólo Bush (aunque es fácil verlo como un nuevo Hitler), sino también Powell, Krueger, los anteriores, el terrorismo de Estado, el sometimiento para el beneficio de unos pocos. La vieja historia. La de siempre. La de los teóricos de la economía, la historia y la sociología. La que ha explicado desde hace mucho tiempo Noam Chomsky desmitificando la construcción del consenso democrático sin la existencia de un consenso, alertando sobre el petróleo de medio oriente, anticipando las guerras. La que denuncia Eduardo Galeano en su escuela del mundo del revés. La que gritan los músicos y artistas. La que molesta al ser humano que siente la vida como prioridad uno, prioridad que debe ser compartida como condición constitutiva de ella.

Las noticias subterráneas, aquellas que nos llegan hablando del constante ataque biológico de Estados Unidos contra Cuba desatando plagas y enfermedades que queman cosechas y exterminan a su gente -haciendo que el trabajo de los científicos cubanos para mejorar la calidad de vida se convierte en la lucha contra el ataque despiadado del imperio- no sobrepasan el asfalto caliente del establishment mediático, esa otra boca con labios pintados con veneno que mantienen la persiana baja a la información.

El propio pueblo de Estados Unidos debe ahora vencer el miedo para salir a la calle a protestar a pesar de las prohibiciones. La marioneta Tony Blair tratará de contener al suyo de la misma manera.
Nosotros, todos, -y aquí abuso de la profesión periodística para adherir a una propuesta de acción que es política y filosófica- podemos unirnos como están convocando los distintos sectores y organizaciones sociales en todo el mundo, para que el sábado 15 a las 17 hs., hagamos saber que no queremos más sangre. Ni de balas. Ni de bombas. Ni de chequeras.

Cabe destacar que en el momento de cerrar estas líneas, la revista Time de Europa está haciendo una encuesta a los lectores, preguntando cuál de las Naciones que se citan a modo de "múltiple choice" es la más peligrosa para la paz mundial en el 2003: ¿Corea del Norte, Iraq, o Estados Unidos?

 

Sergio Adrián Armand

 

 


 

AHOGADOS EN EL WHISKY DEL TORMENTO

Lunes 13 de enero de 2003

¿Por qué un personaje tan oscuro como Leopoldo Fortunato Galtieri merece un editorial, merece la atención, merece el pensamiento y tantas líneas como la del presente escrito? Porque no es el único. Porque hay otros. Porque la muerte no limpia el daño. Máxime si la muerte es inconsciente, si no vino después de un arrepentimiento. No nos ponemos el ropaje de este personaje, pretendiendo extender el dolor eternamente para que el verdugo pague por sus pecados, pero su inconsciencia nos deja impotentes. Y porque las muertes que este verdugo dejó dolerán siempre. No tengo simpatía por los uniformes, pero por cierta consideración a parte de la historia militar en otras partes del mundo (tampoco me gusta entrar en el juego de los próceres porque no reo en esta construcción maniquea) ni siquiera podemos llamarlo por un grado militar. El problema es más grande: el fantasma está detrás de este personaje, no ha muerto, y tiene poder físico para seguir alterando la vida de los pueblos.

No es el único, decía. Pero evidenció la locura en el complejo sistema de cajas chinas del control gestado por la Escuela de las Américas de Washington. No la locura del Washington (que es, en tal caso, otra con una fundamentación que promete el eterno exterminio), sino la de uno de sus soldaditos de plomo. En tal caso, si bien no podemos dejar de lado la tragedia de Malvinas, tanto por la demencia que la provocó como por las consecuencias que generó en los seres humanos que murieron en ella, cabe en tal caso agravar el mapa con lo que Galtieri ejecutó en Rosario, como El Terror de Funes, uno de los peores -si no el peor- campos de concentración, tortura y exterminio que se conocieron en la pasada dictadura argentina.

Murió sin pagar, o pagando poco. E insisto: no es el único. Otro, inconsciente o descerebrado apaga su vida terrenal en el Hospital Militar, sin dar a conocer signos de arrepentimiento. Otros, transitan sonriendo ante el pueblo argentino, dejando saber que nada lamentan. Galtieri lo supo hacer. Desafió en la medida que pudo, a pesar del repudio. Pero no es un reconocimiento a su coraje. Es un señalamiento al gesto de soberbia que de otras maneras, personajes no tan diferentes, aunque sin uniforme, nos siguen haciendo: desde un banco que nos roba el sueldo o nuestros ahorros, un empresario que viola los derechos aumentando las tarifas e imponiendo una dependencia monopólica, a los medios de comunicación que determinan que los protagonistas políticos del momento sean los mismos que han contribuido en buena medida al sufrimiento del pueblo que se prolonga. Las asambleas son desplazadas en los titulares por las internas peronistas. Y así, el círculo eterno se comprime y se convierte en un circuito asfixiante. El problema es que nos acostumbramos a la asfixia, como en la vida cotidiana nos acostumbramos al metano sin detectar la muerte progresiva, lenta, invisible.

Sin embargo, la memoria puede hacer visible el gas, la muerte lenta, el sometimiento. De eso se trata. De la memoria, de asociar, de entender. En este caso, la ceguera, si permanece, es voluntaria.

Y es imperdonable el sostenimiento del mismo terror en manos de otros que hoy se hallan diluidos en la pretendida civilidad argentina: políticos, empresarios, instituciones, medios.

Por eso las líneas sobre Galtieri. Porque su existencia en la historia es un error fatal, pero no involuntario. Y porque esa voluntad está presente, está vigente, y debe ser enfrentada con nuestra voluntad: la de la libertad y los derechos humanos. La de una sociedad que debe, puede y tiene derecho a desear -y generar- la realidad de una democracia genuina, no en papeles, sino en los hechos.

Si aún creemos que el bolsillo -el que jamás se llenó ni mantuvo constante su contenido- es más importante que los valores de un pueblo, que la propia vida, que el derecho a la vida, no nos sentemos a esperar que mágicamente nuestro destino cambie gracias al candidato ideal.

Porque el primer candidato para cambiar las cosas es el pueblo cuando se hace escuchar.

 

Sergio Armand

 


 

MEMORIA Y PENSAMIENTO

Lunes 16 de diciembre de 2002

El recuerdo es importante. Fundamental. En un país donde la memoria podría convertirse en la principal clave de análisis para no repetir errores, se hace necesario vinclarla a la asociación, a la mirada en perspectiva, al análisis. En Argentina tendemos a eliminar los matices, y convertir todo en valores polares. Así, fácilmente, el diálogo posible se desvanece cuando políticamente el otro se convierte en enemigo simpplemente porqure no coincide en todos los puntos con el otro. Y es así como Argentina no encuentra alternativas políticas, cuando la alternativa cae en el mismo tubo oxidado de la lógica partidaria: "necesito mil fiscales" dijo algún personaje conocido, repitiendo la historia de la prepotencia proselitista. "¿Quién trabaja?" se pregunta uno.

Nadie, absolutamente nadie, puede desvincularse de este proceso de deterioro. Es importante saber del policía bonaerense que juntó firmas para la sindicalización de su fuerza de trabajo, y para la defensa de los derechos sociales. Aporta el matiz entre los claroscuros.

¿Cuál es el sentido de repetir las imágenes de los trágicos hechos violentos del 19 y 20 de setiembre de 2001? Estimular la memoria podría ser. Ver la masacre injustificada, como cualquier otra muerte provocada. Sin embargo, exenta de meditación, de análisis, de pensamiento, de miradas críticas, las imágenes suman a la construcción de la paranoia social, al temor, y no a la determinación de una actitud que impida que la violencia se repita, y se garantice el derecho a manifestar nuestra protesta social.

Hace mucho tiempo que algún profesor nos hablaba acerca de la mutua legitimación de la esfera de la política y los medios de comunicación. Sin embargo, ese universo quedó atrás hace tiempo. Hoy, la política se supedita a un interés que domina la tenencia de los medios de comunicación, así como detenta el poder sobre nuestra vida a la luz o en la oscuridad, con agua o sin agua, con comunicación o sin comunicación.

En medio del discurso retrógado de Estados Unidos y sus soldados en nuestro territorio por encima de cualquier consideración constitucional, mediante el famoso hecho consumado que cubre de fastidiosas pinceladas la historia de nuestro pretendidamente bendito país, todavía las personas luchan. En nosotros está la responsabilidad de no bañar de excepticismo las pocas bocas de aire que aún están cerca para permitirnos compartir una alternativa. Quizás -aunque ingenuo suene- crear por fin una imagen positiva de la política, en el sentido más primigenio del término.


Editoleja

(Publicada en la edición impresa Nº 5, Julio de 2002)

El Otro Capital

 

A veces el dolor sirve para justificar un goce posterior. Esta idea la observamos en cierta concepción del arte, de la religión, en las aplicaciones de pretendidas políticas económicas sobre el destino de los pueblos, o en el concepto de la experimentación de laboratorio. El dolor, el cual se trata de justificar, también es referente cuando mediante analogías o metáforas se pretende instaurar la necesidad del mismo. Un caso es la imagen del parto. Otro caso es el cambio de piel de la serpiente. De todos modos, una necesaria transformación no tiene por qué ser dolorosa siempre. Lo interesante reside en un hecho: quien sentencia la inevitabilidad del dolor para que una transformación tenga lugar, no lo sufre en su propia piel, pero sí lo absorben los demás.


La convicción de que sólo un modelo de mundo es posible, lleva las más de las veces a una aceptación silenciosa que reside aún cuando en medio de la impotencia e indignación proyectamos nuestro grito de oposición.


Desde la autoproclamación de la moneda -convertida en información financiera- como regente del mundo, el valor de un ser humano no lo dispone él mismo. Ni siquiera los demás. Lo define el valor de cambio de cierta capacidad, evaluada por un mercado, pero también por la cultura de la sociedad que decide cuán indispensable es ese conocimiento para su gente. Entonces, el filósofo no tiene rol, la antropología es un adorno, y la educación debe ser barata.


En el seno de esta nebulosa de valores, y a pesar del mundo hiper-productivo del dogma neo-liberal que desarticula los valores humanos básicos existen, ignorados por el megaojo mediático, países paralelos al país que los alberga. Estos hechos no forman parte de la primera plana de los diarios. Las grandes empresas multimedia, ya no garantizadoras del derecho a la información sino aglutinadoras de una visión hegemónica, polarizan las debacles mundiales según el interés defendido. A veces, cierto periodismo independiente o formas de difusión más elementales y vinculares se hacen cargo de hacer ver estas otras importantes realidades. No es una pintura de ciencia-ficción donde existen múltiples dimensiones y universos, aunque sí nos llevan al asombro ante el horror, y ante la maravilla del potencial y voluntad humanos: una familia no tiene otra salida que comer su propio caballo -el principal elemento de trabajo- para alimentarse; una semilla de alpiste entre las historias de más de la mitad de un pueblo. Construcción de comedores, organización de bibliotecas, trueques, peñas, asambleas, jornadas, debates, proyectos compartidos, condensan lentamente una alternativa, temida por quienes como siempre tratan de infectarla con los viejos vicios de la corrupción propia del aparataje político, que de política esencial poco tiene. El blanco y negro que muestran los medios, pues, es en realidad una gama de grises. No es una situación privativa de la Argentina, por supuesto. La argentina es una tierra rebosante de fertilidad, a la cual unos pocos tienen acceso a pesar de tener "la mala suerte" de haber nacido en ella. Posee un capital humano asombroso, una capacidad de inventiva ante la crisis que nos convierte en profesionales muy requeridos... en otros países. ¿Mano de obra barata? ¿"Fuga de profesionales"? ¿Plan sistemático de desactivar el potencial de conocimiento y autodeterminación de un pueblo? Todo puede ser. Pero concentrémonos, entonces, en lo que tenemos aquí: mucho más que científicos, artistas, pensadores y profesionales de otras áreas. Tenemos niños y adolescentes que desbordan inteligencia, ganas, potencial, vida. Tenemos jóvenes que creen en los demás y suman horas inexistentes en el día para generar posibilidades, soluciones, para construir una sociedad mejor. Tenemos adultos y ancianos que organizan un claro en el bosque, alimentado por cultura, pasión, espíritu. Son las noticias chicas. Son las noticias secundarias que con suerte aparecen en algún diario. A sus protagonistas hay que cuidarlos. Hay que quererlos. Hay que merecerlos. Hay que ganarlos. Ganar el derecho de que ellos se queden con nosotros. Ese es el verdadero crédito que nos va a ayudar a construir una república.

Con el objetivo de incentivar el sentido crítico sobre el desarrollo de la ciencia, los intereses vinculados y el derecho a acceder a dichos descubrimientos, este número de El Cerebro se dedica a la exploración sobre el fenómeno del "Genoma Humano" desde muy diversas áreas: esperanzas de vida a partir de la ciencia, derechos que se pagan porque las patentes obligan, o que se ganan porque los descubrimientos son de la humanidad. Creemos que incentivar la imaginación sobre temas que, debido a la urgencia económica, pesan menos sobre nuestras vidas, no es estar encerrados en la burbuja de plástico. El peligro es desactivar nuestros sueños forzados por el crítico momento social que estamos viviendo. Se trata de no quedarnos dormidos, no aceptar esa inevitable realidad, y trabajar para cambiarla. ¿Utopía? Ya no es un sueño, se impone como necesidad para preservar nuestra vida. Y para dignificarla.

 

Julio de 2002


 

1 de Junio de 2001

SPIDER-MAN NO COME VIDRIO... NOSOTROS SÍ.

 

Por Sergio Armand

No entiendo. No entiendo. ¿Hasta dónde llega la alevosía en nuestro país? Es increíble sentir que ahora, nuestras aspiraciones bajaron tanto, que sólo pedimos un poco de disimulo por parte de quienes desvalijan nuestro país desde su temprana historia. Una parte de esa historia, lo hicieron basados en maniqueismos; otra parte, copiando fórmulas, y finalmente, adoptando la política que desde afuera nos han impuesto, en un movimiento pendular entre dictaduras y "democracias" para mantenernos siempre en el mismo sitio de desintegración, para desarmar nuestra vida, pensamiento y cultura lenta, dolorosa, fatalmente. No entiendo que a pesar del despertar del sentido crítico de la sociedad argentina, o mejor dicho, de nosotros (esto de mirar a los demás desde afuera pretendiendo estar al margen es otra de nuestras tantas hipocresías) nos sigan hablando -desde el oficialismo, desde la oposición política, desde la prensa, desde la publicidad- como un grupito de fanáticos con camiseta celeste y blanca, caras pintadas (de la bandera argentina) y llorones ante cualquier gol.

Es cierto que necesitamos alguna alegría. No pretendo, desde estas palabras, quitarla o negar la posibilidad de sentirla. Nos juntamos con amigos a ver si podemos mantenernos despiertos durante la noche. Nadie pretende cuestionar eso. Gritamos el gol y salimos a bocinear. Bárbaro. ¿Quién dice que no? Pero... ¿somos capaces otra vez de dejarnos asesinar mediante decretos y leyes que son votadas cuando no vemos ni escuchamos? Como siempre, un fin de semana largo, o durante la trasnoche, cuando todos estamos enchufados con el Mundial, sacan lo peor de lo peor, para sepultarnos más abajo que los residuos nucleares que parecen inminentes vecinos.

Como desde hace un tiempo, vallando el Congreso lo más lejos posible para que no podamos acercarnos (¿democracia representativa?) con la clara imagen de que están plenamente conscientes de que no estamos de acuerdo, de que queremos decir que no, y de que esas voces, las nuestras, se las pasan por donde ya sabemos.

¿Podemos soportar que YPF diga "Vamos Argentina"? ¿Podemos escuchar sin inmutarnos de que un personaje nefasto como "Chiche" Gelblung defienda a un Mc Donald's de quienes le hacen un escrache, señalando a estos últimos como trabajadores dependientes del Estado, que venden apuntes en la Universidad "evadiendo el fisco"?

¿Es posible que desde la prensa, cuando vemos un partido del Mundial, los periodistas alimenten el mito argentino de que "somo lo mejore" afirmando que el equipo contrario está nervioso por nosotros?

¿Somos tan profundamente estúpidos de tocar bocina con el auto de mala gana cuando una calle está cortada por los manifestantes que recuerdan a los jóvenes asesinados en Floresta en el inicio de este año?

¿Soportamos que muy ligero de cuerpo un camarista acuse a los cacerolazos de "berrinches democráticos"?

Es tiempo de buscar formas concretas para que este despertar no sea momentáneo, para que bno nos acomodemos otra vez en la almohada. Es tiempo de tomarnos el derecho de vivir un Mundial, pero hacer saber al mismo tiempo que no por eso estamos dormidos, de que como ciudadanos no vamos a permitir que se decida sin la consulta al pueblo que es el que verdaderamente debería legitimar a quien lo represente, y no a quien detente un poder. Quizás esa sea la palabra a trabajar. Poder. La palabra a la cual, eventualmente, hay que estudiar para poder descubrirle una nueva connotación. La del poder que implica responsabilidad.

¿Es posible que una idea tan elemental que aflora en los diálogos de "El Hombre Araña", sea una utopía tan lejana para nuestro pueblo?


 

 

Otras Editolejas

Por Sergio Armand*

Editolejas anteriores:

Cada vez que parece que no podemos estar peor... estamos peor.

 

¿De qué es momento? ¿De mirar para adentro o mirar para afuera? ¿De criticar el abuso de los otros o asumir la responsabilidad, aunque esos otros sigan con el abuso para anular nuestro esfuerzo? ¿De mirar el Oscar o pensar en el Mundial? ¿De qué es momento?

 

1 de Marzo 2002:

AIRE PARA RESPIRAR, LIBERTAD PARA EXISTIR

Quizás nunca antes haya existido una convicción tan profunda como ahora en los argentinos, acerca de la ausencia de interés en el pueblo que quienes detentan el poder político y económico demuestran...

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Globalización sin Aldea

Resulta imperioso abandonar el tono mesiánico en un editorial, algo que parece un contrasentido, ya que los editoriales son los “rostros morales y políticos” de un medio de comunicación, o al menos, pretenden manifestar su toma de posición. El mesianismo justifica genocidios.

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Archivo: Editolejas escritas entre el Menemismo y el Chupetismo

(La memoria ayuda a evitar la repetición de errores)

Feliz Domingo para Todos

El Pozo y el Pendulo

¡Conviértete, so Pecador!

Ave Murphy

¡Ruidos!

Animos

*Editor revista El Cerebro


URGENTE: SER PERSONAS... LUEGO PAÍS

26 de Abril de 2002

Cada vez que parece que no podemos estar peor, estamos peor. Quizás porque el otorgar incesantemente culpabilidades a otros (aunque fundadas) sea un juego adictivo que no podemos dejar. No estoy seguro. Sí, somos un pueblo que reaccionó fuertemente porque se sintió tocado en el bolsillo, y quizás en su dignidad. Pero no reaccionábamos antes, cuando los jubilados sufrían injusticias, o los sin techo, o los chicos de la calle. Ahora nos mancomunamos. No intento darle un tinte negativo al hecho de reaccionar. La reacción, a veces (no se si en este caso) significa despertar. Cuando hablo de reacción no hablo de violentar. Ya nos violentaron bastante. Ahorristas que son robados, violados con solvencia, expropiados de lo suyo de la forma abusiva que siempre caracterizó a las multiempresas, los bancos -sí, los que abren cuentas corrientes no pedidas, generan deudas no contraídas, determinan cambios de reglas sin informar al cliente- o las prestatarias de servicios -que en realidad nos consumen más que lo que nosotros consumimos-, son al mismo tiempo reprimidos cuando ellos, evidentemente, no tienen un derecho a manifestarse. No importa cuál sea la forma ética o no. Ningún representante institucional tiene la autoridad moral para decir "no es forma", cuando la forma en que han tajeado el estómago de los argentinos tampoco es forma. ¿Qué es el sistema financiero? ¿Quiénes son los afectados del sistema financiero? ¿Cuándo les importó ser honestos en defensa de el futuro de la gente? No. No se puede aceptar el sacrificio humano dispuesto por el FMI. Porque al fin y al cabo, los que se dicen "ex-clase media argentina" (no entiendo por qué se insiste tanto en ello cuando la mayoría jamás veraneó en Brasil, incluido el que suscribe) son, como en la novela "La Máquina del Tiempo" de H. G. Wells, los "Elons", que viven en estado paradisíaco, sin saber que en realidad son futura comida de los "Morloks", que los mantienen vivos para ello. El espejito de color eterno del argentino es, además, no sólo el haber creído en una estabilidad que jamás fue tal, sino alimentar un ego que jamás tuvo un esfuerzo, una actitud detrás que lo justificara. Quizás el fútbol, Gardel y Maradona, lo mismo que el churrasco y el tango, son muletillas destructivas para nosotros, porque fuera del dulce de leche, el inventor de la birome (según se afirma), la primera  transmisión radial (según se defiende), y lo ya citado, nunca tuvimos nada. Nunca política surgente de la representatividad. Nunca una Constitución verdaderamente defendida. Siempre la rentabilidad política, siempre la copia de modelos, siempre la maldita convicción de tomar los consejos del Viejo Vizcacha como la palabra de Gandhi.

 

Pero veo a los jóvenes. ¿Por qué siempre se les cargó sobre sus espaldas el karma de ser la salvación de este país, si siempre les matan el espíritu? No lo merecen. Tampoco perecen tener que escapar de este país. Pero si hablamos en términos religiosos, he ahí el pecado. Hacerles lo que le hacemos. Matarles los sueños. Neutralizar la energía, las ideas, la creatividad, el trabajo, la capacidad de construir. Y están. Todavía están. Pero seguimos salvando a los ladrones, a los que negocian, a los que se convierten en concubinos del Fondo, a los que se nos ríen cuando explicamos una injusticia hacia nosotros, y excluimos a lo que vale la pena salvar. Más que negar los cacerolazos o las Asambleas, es importante sentirnos responsables desde cualquier lugar en que nos encontremos, desde el trabajo que tengamos.

 

No es posible que permitamos que la historia se defina por sobre nuestras vidas, y las de por terminadas, simplemente porque otros lo deciden con la liviandad de una chaucha, y la conciencia de un botellón de gaseosa.

 

S.A.


¿QUÉ VA A PASAR?

¿De qué es momento? ¿De mirar para adentro o mirar para afuera? ¿De criticar el abuso de los otros o asumir la responsabilidad, aunque esos otros sigan con el abuso para anular nuestro esfuerzo? ¿De mirar el Oscar o pensar en el Mundial? ¿De qué es momento?

El sentido crítico es importante. Fundamental. Pero no la única actitud posible. Lo necesitamos. Hay que ejercitarlo, defenderlo, ampliarlo mediante la educación y la búsqueda del conocimiento. Fortalecerlo a través de la libertad de expresión.
Muchos juzgan a los que se van. Otros se lamentan de los que se quedan. Y por fin, en el vaciamiento profundo que tiene raíces en una historia para nada reciente, tememos la violencia, mientras otros pretenden crear el terror de una posible violencia civil con el propósito de justificar el renacimiento del terrorismo de Estado. No. No se puede permitir la concepción de ningún tipo de represión violenta. Tampoco deberíamos concebir la inminencia de perder la democracia. El trabajo que nos espera es, mediante la civilidad, defenderla sin caer nunca. Y las herramientas son la ampliación del conocimiento, el derecho a la información para que toda la gente tenga a disposición instrumentos democráticos, legales, constitucionales, para poder obrar. El sentido crítico nos debe llevar a este obrar, a esta amplitud de perspectiva. No al escepticismo. No al "no creo en las asambleas, total nos van a seguir robando". El sentido crítico empiea por uno mismo. Y la concepción de un nuevo país también. ¿Murieron las utopías?

Creemos que no. Al contrario. Los nacimientos pueden ser dolorosos, pero dan frutos. Hay que creer en que este tiempo que empezamos a invertir los argentinos, madurará si nos lo proponemos.

Es un caudal de seres humanos que se cristaliza en una riqueza de la cual nosa privan, pero que poseemos en forma invisible. Nuestro espíritu y mente, nuestras ideas, nuestros pibes, nuestros artistas y nuestros investigadores, los profes, los maestros, los que luchan desde el periodismo real y no corporativo. Somos, que nadie lo niegue,. Que nadie piense que la minoría corrupta son la totalidad de la Argentina. Somos y es importante que la imagen de nuestro país se convierta en eso. En nosotros. En conjunto, eliminando de una vez el miedo a "perder la chacrita". Eliminando la "chantada" de ocultar conocimiento por temor a perder el lugar. Entendiendo, de una vez, que cada uno tendrá una identidad más íntegra si se es, justamente, digno en medio de un mar de dignidad.


Sergio Adrián Armand
26 de Marzo de 2002


 

AIRE PARA RESPIRAR, LIBERTAD PARA EXISTIR.


La muletilla más repetida por la clase dirigente ha sido la promesa de un cambio y una nueva etapa. Y sabemos que en la Argentina siempre fue la intencionalidad del establishment y la clase política (el primero tuvo, junto a los ejecutores del modelo impuesto desde Estados Unidos, una responsabilidad determinante en la sangrienta dictadura militar que finalizó, espero, hace diecinueve años) en función de proteger sus propios intereses. Quizás nunca antes haya existido una convicción tan profunda como ahora en los argentinos, acerca de la ausencia de interés en el pueblo que quienes detentan el poder político y económico demuestran. Por supuesto, la palabra "pueblo" suena de una manera, "sociedad" suena de otra, "gente" de forma distinta. O por lo menos, durante mucho tiempo, cuando la diferencia ideológica, o la pretendida diferencia de clase influían en ello, uno u otro término era preferido, o despreciado.

Probablemente esta abolición de las fronteras entre los términos -aún estoy en la duda de si esto efectivamente está ocurriendo- no tenga antecedentes en la historia argentina.

Quizás el sentido de pertenencia de una gran masa a la llamada "clase media", y la certeza de no formar parte más de ella, haya sido definitorio en el movimiento de demanda que masivamente está teniendo lugar. Por supuesto, no es justo para los miles, para los millones que siempre estuvieron excluidos de cualquier derecho humano, a pesar de vivir en un Estado que en papeles lo garantizaba, pero en la práctica no.

Personalmente me preocupa que cuando se esgrimen, a modo de describir la gravedad de lo que estamos viviendo, los argumentos de lo que antes podíamos comprar (ya sea en la cultura de la plata dulce, del 1 a 1, o del shopping) y hoy no, permanezca el deseo de volver a vivir en una mentira que, al aceptarla burdamente, nos hundió en este pantano aparentemente insalvable. No afirmo con esto que quienes siempre sintieron pertenecer a la "clase media" no hayan tenido -o no tengan hoy- derecho a vivir con un poco de dignidad, e incluso, dentro de lo que siempre se conoció como sistema de consumo; pero es cierto que la pontificación de ese sistema de consumo, la irresponsabilidad al no considerar o practicar un control civil sobre él, ha permitido que la democracia que muchos creímos que se ganó políticamente a fines del '83, se perdiera en el fango de ese otro poder dictatorial: el de los capitales prepotentes y oligopólicos; tiranía fortalecida por privatizaciones y colonialismos empresariales mediante.

Con sólo viajar a la provincia de Buenos Aires, podemos encontrarnos con gente que tiene muy claro lo que está ocurriendo -no viven en una "burbuja rural" como muchos afirman- pero deciden que renunciar a la salud en pos de una mentira no tiene sentido. Y esa gente, esa humanidad, ese humor, esa decisión, nos revelan que el País -si entendemos como tal a una constelación social constituida por personas- puede tomar ese color: el de las personas.

En este camino, no existe nadie que escape a la responsabilidad civil sobre esa construcción. La capacidad de indignación que parecía perdida ante el abuso de las megacorporaciones, o la ineptitud o alevosía de los políticos, aparece ahora con el fin de rescatar valores compartidos por la población de un país que todavía no remató su nombre. Y existen quienes cuestionan esa manifestación, ese poder, ese reclamo.

La Prensa es responsable también -y asumimos esa responsabilidad- en la defensa de los valores democráticos. Cuando la prensa instala una discusión, un acontecimiento, un temor en la sociedad, no puede desconocer que constribuye a aceptaciones y rechazos en la llamada opinión pública. No es posible que sólo ante el acontecimiento de los "cacerolazos" los medios gráficos empiecen a hacerse eco de la necesidad de la defensa del consumidor y publiquen extensas notas sobre las entidades o grupos que nuclean la lucha por esos derechos, y no lo hayan hecho antes, cuando la gente "no parecía tener información" sobre ello.

Cuando el temor a la pérdida total del Estado de Derecho -no la pérdida por incumplimiento de la Constitución, cosa que ya ha tenido lugar numerosas veces mediante manoseos constantes a la misma y retoques burdos con brocha gorda, sino por una acción directa de quienes podrían violarla como históricamente ya ha sucedido- encuentra una cierta naturalización de la posibilidad en las conversaciones cotidianas, la pérdida de capacidad de indignación vuelve a aflorar. Y hay que evitar esa pérdida. En nuestros valores más íntimos debe sentirse esa convicción de que el único orden posible es el de la unión de nuestros espíritus para defender nuestra libertad. ¿Las instituciones han desaparecido? No. Los que están cuestionados son los hombres que las conducen, no las instituciones en sí, ya que de otro modo, habría que consensuar cuál debería ser el carácter de esas instituciones.

La pérdida que sí debemos rescatar, es la del miedo. Y quizás -es una expresión de deseo, pero también una apuesta en el accionar de este humilde periodista- aquí sí podamos hablar de un nuevo momento en nuestra historia: la del despertar de la responsabilidad civil.


Sergio Adrián Armand
1 de Marzo de 2002


 

Globalización sin Aldea (O los Otros Mesianismos)

 

Resulta imperioso abandonar el tono mesiánico en un editorial, algo que parece un contrasentido, ya que los editoriales son los “rostros morales y políticos” de un medio de comunicación, o al menos, pretenden manifestar su toma de posición. El mesianismo justifica genocidios.

Estados Unidos fue mesiánico cuando lanzó la bomba en Hiroshima.

Categorizó a los japoneses de kamikazes. Naturalizó la idea del espíritu suicida y asesino como parte de la totalidad del pueblo japonés.

Estados Unidos fue mesiánico cuando luchó contra el comunismo y extendió el miedo rojo como el dragón del cual en el Medioevo los tiranos aparentaban proteger a sus explotados e infrahumanizados súbditos.

Estados Unidos fue mesiánico cuando montó el espectáculo de la Guerra del Golfo. Estados Unidos es mesiánico ahora. Los genocidas de nuestro país, en la reciente dictadura, utilizaron discursos mesiánicos cuando aseguraban que los argentinos habíamos ganado la paz desde 1976.

Los discursos que prometen mágicamente el cambio mediante la purificación de la hoguera permiten canalizar odios contenidos y construidos sobre otros. Se ganan rebaños. Se erigen pastores que poco conocen de la Tierra. Siguen los líderes y la ausencia de responsabilidad individual en un mundo de morboso individualismo.

Es mesiánico Bin Laden.

Fue mesiánico Saddam Hussein.

Lo han sido muchos otros, como Adolf Hitler, o el emperador Calígula. Ningún tipo de violencia contra la vida debe justificarse.

Ningún mensaje mesiánico que tome en cuenta el quitarle la vida a otros debería ser escuchado.

No hay xenofobias naturales. Se marcan con leyendas alimentadas a través de siglos. Se naturaliza la bondad o maldad de pueblos enteros cuando la imagen la pinta la intencionalidad de quienes detentan la tenencia del planeta.

La “purificación” da lugar a nuevos “Torquemada”, que suplantan hábitos religiosos por religiosos trajes. La Banca Mundial es el “Potro” que estira nuestros brazos y piernas. Y por fin, hay que desempolvar las alertas antibélicas y antinucleares de los ’60 y ’70. EE.UU. no soporta la cruz de Vietnam, pero no cree que Dios lo abandonó, sino que habla por ellos. ¿Dios es argentino? No. Dios es norteamericano. Siempre lo fue, o Súperman no hubiera existido. EE.UU. jamás se planteó que fue ejecutor de un Holocausto Fatal (Hiroshima-Nagasaki) y un Holocausto Permanente (Latinoamérica).

Pero no es cierto que sólo existe “Un Poder Manipulador” en nuestra sociedad mundial. Lo peor es el autoconvencimiento manipulador, la inconsciencia suicida, el dejar hacer para que otros no vivan. Y somos entonces nuestros propios genocidas. Porque es cierto que la violencia contra el pueblo norteamericano en estos atentados ha sido cruel, y no se puede obviar. Lo importante, es que en medio de una situación real, con enemigos reales, no se alimente el fuego de un discurso que puede, al hacerse extensivo al resto del mundo, distorsionarse para justificar luchas virtuales con víctimas reales. Argentina no despertó de esa virtualidad, y demuestra que en su reciente historia democrática nadie aparenta haber querido el poder para trabajar por su País.

Y si estas líneas suenan ingenuas, he aquí el síntoma de nuestra enfermedad terminal. Mientras los ojos vuelven a centrarse en el discurso de Estados Unidos, lentamente cae el velo y asoma la certeza de que jamás propició democracias verdaderas, y menos en su propio entorno. Nosotros aparentamos, en cambio, jamás haberla practicado. ¿Cuándo convertiremos el reclamo en responsabilidad, la elección en confianza y la opinión pública en evaluación sobre quienes nos representan? Suena a cuento de hadas, y esta es otra radiografía del mal. Sumergidos en la cultura surgente del oscurantismo y la vigilancia latente, seguimos con el miedo a firmar un petitorio para, por las dudas, no quedar “pegados”. Nos llamamos a nosotros mismos “ateos” y “escépticos”, ostentando un sentido crítico, cuando al mismo tiempo entregamos (sin confiar) la decisión sobre nuestros destinos (hoy, ayer, siempre) a un hombre con intenciones claramente económicas que desconocen el significado de la palabra “representatividad”.

En este panorama, confiamos en la ventana de la Prensa. Y cuando los valores de “realidad” construidos por el poder comienzan a tambalearse para permitir la entrada al cuestionamiento del modelo, con el fin de proponer uno nuevo –algo que definió la historia de la ciencia y sus principales logros–, el mesianismo de ciertos sectores del periodismo fortalece ciertos vicios del Poder, y apuran una instancia de “Guerra” aún antes de que los poderes se pronunciaran oficialmente sobre la misma. Es importante aclarar que no hay que caer en la tentación de generalizar al periodismo, como tampoco al abogado, al político, al policía, al tachero, al colectivero, al ciclista, al motoquero. Pero sí diferenciar entre periodismo y empresa periodística. Y por ende, visualizar la paulatina transformación de empresa periodística a empresa. En algunos casos, empresas vinculadas a poderes que desean profundamente ocultar más de una verdad, y sostener valores que se hallan muy lejanos a los derechos humanos. Y en este panorama, instalar en la sociedad la inevitablidad de la Guerra ha sido un acto irresponsable, y darla por sentado una actitud interesada.

La ambigüedad delatada en subtítulos que hablan de “la primer guerra del siglo” mientras los textos de los locutores hablan de “atentado terrorista”, requiere una defensa del derecho a la información –y no sólo de la información– para permitirnos repudiar todo tipo de violencia... y todo tipo de terrorismo. Incluso aquel Terrorismo de Estado que se empeña en construir el Enemigo Interior para justificar las Causas Santas que nos siguen sepultando.

Y por ahora, con la “crueldad misericordiosa” de sepultarnos vivos.


Sergio Adrián Armand

Setiembre de 2001


 

FELIZ DOMINGO PARA TODOS

 

Los domingos ya no se respetan. Antes, por lo menos, se nos permitía descansar antes de enfrentar el infierno semanal. Ahora no. Porque no alcanza con refregar en el rostro de nuestras consumidas expectativas el vacío de la piedad. También quieren que lo sepamos antes de dormir, antes del lunes, logrando que el domingo ya no sirva como última exhalación del descanso.

Antes, los dichos eran capturados, publicados, y se transformaban en evidencias que dificultaban el "desdecir" del funcionario de turno (y no nos detengamos a hablar de cuántos números tiene el talonario de turnos hasta ahora, por favor). El domingo, el Pésident (es la orto-grafía correcta, ya que el término utilizado corresponde al nivel de función, mientras que la aclaración de "orto-grafía" refiere al rostro de quien acabamos de nombrar) negó ser el autor de la deuda, y preguntó dónde estaban. A veces, sólo a veces, se puede cruzar por nuestras mentes una fantasía acerca de la improbable inocencia de quien pretende mostrarse ingenuo. El autor de la deuda estaba al lado de él, fue puesto en el Poder por él, tiene plena acción por él, y autoriza nuestra violación sistemática en manos de la nariz... de él. Y pensar que en algún momento, alguien se atrevió a pensar que tenía cara de bueno.

Hablábamos de dichos capturados. La prensa gráfica solía tener un cierto margen de credibilidad, justamente porque los titulares quedaban impresos y guardados en hemerotecas, a diferencia de los fugaces sobretítulos televisivos, que por tradición han sabido disolverse en el archivo etéreo de lo efímero.

Sin embargo este dicho fue eliminado de la reseña que algunos diarios hicieron al día siguiente, en aquel lunes "explosivo de noticias" que pretendían esgrimir. ¿Por qué?

La descripción de algunos de estos medios sobre la tensa atmósfera que se vivía en la sala donde se anunciarían las medidas -o donde se confirmarían-, estaba referida a la vivencia de los funcionarios que allí esperaban. No a la vivencia de la gente. O de la sociedad.

Mientras que algún sobretítulo del "gran diario argentino" halaga al presidente en "su apuesta más fuerte y riesgosa", empezamos a creer que pesan más los supuestos testículos del primer mandatario, que nuestros "duros de matar" -aunque no invulnerables- esféricos. Y no es justo. No es justo que se falsee el peso de los testículos.

Volvamos al gran diario argentno.La investigación sobre el atentado a la AMIA ocupa apenas un pequeño recuadro en el margen superior izquierdo, mientras que la explosión en Palermo por el escape de gas está en el ánguo superior derecho.

La "calentura" del gobernador sanjuanino Alfredo Avelín contra Cavallo es puesta como una nota de color, y los dichos del Secretario Legal del Ministerio de Economía, Alfredo Castañón, nos recuerdan una continuación de la Noche de los Lápices, cuando aparece el término "estudiantina" como sinónimo de irracionalidad. ¿Por qué no mostrar una posición frente a ciertos dichos? "Estudiantina, anticapitalismo, comunismo" reza el subtítulo; y si la intención por parte del medio gráfico hubiera sido reírse de la simplificación comparativa, se imponía, entonces, alguna aclaración sobre estos conceptos, o sobre la fallida argumentación de Castañón, para quien "algunos dirigentes parecen una estudiantina, reclamando jubilaciones de 1000 pesos".

Domingo está feliz delante de todos, en un Infeliz domingo para todos (menos para ellos) ¿Hablamos de testículos? Verdaderamente, tenemos que recordar la última frase de Daniel Rabinovich en "La Argentina de Tato", haciendo referencia a nuestro país: "Y se murió... por el peso de las bolas de la gente".


Sergio Adrián Armand

22 de febrero de 2002


 

¡Conviértete, So Pecador!

Publicado en "El Cerebro" N° 3 - Octubre/Noviembre de 2000

Si juzgamos los comerciales referidos a las conexiones a Internet y quienes prestan estos servicios, la imagen de las personas a la cual se dirigen se traduce en una palabra: idiotas. Hablamos con Analía mientras nos levantamos a Roxana por chat, le mostramos los músculos a Jacinta Pichimahuida con la web-cam, y compramos el disco exclusivo de Tujecito a cincuenta dólares clikeando en el único sitio que lo vende, pero al cual nos enorgullece acceder porque pertenecer, tiene sus privilegios (sentirnos idiotas del primer mundo).

Acepto, estimada audiencia, vuestras preguntas:

- ¿Es esta una crítica apocalíptica hacia las nuevas tecnologías?

- Noooo.

- ¿Es acaso un alegato marxista anti-imperialista?

- No se necesita ser marxista.

- ¿El autor de estas líneas no ha tenido sexo antes de escribir el editorial?

- Por Internet, no.

El mundo se está volviendo mercenario. Todo vale con tal de que alguien se convierta en cliente. Y por supuesto, vale la prepotencia. Las camas duran un mes. Los muebles se han convertido en material descartable, como la actualización de un antivirus.

Los sistemas de televisión por cable ofrecen un servicio, lo recortan, aumentan la cuota y luego pretenden ofrecer un sistema premium más caro, para devolver lo que se daba antes.

En alguna compañía de teléfonos ya casi no existen las oficinas de reclamo, sino líneas rotativas con una grabación que nos da 80 opciones en un menú de internos comerciales, pero ninguno para reclamar.

Si nos llaman desde un celular a nuestro teléfono de línea, algunas empresas hacen que nosotros, al recibirlas, paguemos parte de esa llamada. Las empresas lo niegan. Otras (las de la competencia) lo afirman, haciendo referencia a "los otros".

Un CD para ingresar gratis a Internet se nos obsequia en la calle, y al instalarlo nos pide el numero de tarjeta de crédito para luego, al negar nosotros ese dato, provocarnos desconfiguraciones varias en nuestra máquina. "Soy boludo... pero con solo apretar un botón, ¡soy mas boludo...!" A Richard Pryor, un actor estadounidense, le preguntaban en el film "Moving": " ¿Usted cree que la vida es un gran chiste?", a lo que Pryor respondía: "No, creo que la vida es una serie de 30.000 chistecitos, todos cortitos, que hacen cola para darnos cachetadas" .

En Argentina, los que hacen cola no son chistes de la vida, sino la intencionalidad de quienes lucran política y comercialmente con nuestras necesidades, y nuestros derechos.

No hay derecho a la información. No hay derecho al consumidor.

Es una época de corbatas, de una excelencia falsa que se ampara en la prolijidad de muebles laqueados y en una reconversión de las tediosas oficinas públicas en centros de compras, donde todo es una gran vidriera... con nosotros como maniquíes atados a las exhibiciones, sin poder movernos hacia ningún lado. Argentina es el colmo de esta cultura mercenaria. El colmo de los anti-valores. El colmo del robo legitimado, de la deslealtad comercial, del no-compromiso, de la informalidad.

Pero Argentina está formada por nosotros, y no es un ente externo a sus habitantes. Porque el territorio, las llanuras, las mesetas, la pampa húmeda, el desierto y la selva misionera... no tienen la culpa. Los hackers son los nuevos terroristas, trocando bombas por infartos.¿En que clase de Mediohuevo estamos viviendo? En el de una Nueva Inquisición, en algunos aspectos, mucho más retrograda si tenemos en cuenta las luchas por la democracia y las conquistas de los derechos humanos que han acontecido, más los dolores y las heridas de los crueles episodios de nuestra historia que deberían habernos dejado alguna enseñanza. Estamos acostumbrados a que cualquier funcionario o gobernante refriegue sus caprichos en nuestras narices, violando sustancialmente los principios democráticos. Y al mismo tiempo, tendemos a patearles el tablón, en lugar de exigirle que cumpla en tiempo completo con la institución a la cual sirve: el Estado de Derecho; la Democracia Constitucional.

Argentina consolida su panorama telúrico: los ranchos, los quinchos, las cercas... y en estos quinchos, en estas cercas, todo es kiosco de rentabilidad política o económica, transformando, en una suerte de auto aceptación ante el Torquemada de la globalización, principios fundamentales como la educación. Convengamos que entre escuelas y universidades tanto estatales como privadas bien sustentadas por idoneidad profesional y académica, también aparecen otras que proliferan como Sea-Monkeys, extendiéndose por todo el país como sucursales de supermercados.

Trasciende que en algunos casos, algunas de estas “cadenas” se dan el lujo de censurar bibliografías que no estén de acuerdo con las ideas del dueño.

Si antes criticábamos a Japón porque los empleados iniciaban una jornada laboral cantando el himno de lealtad a la empresa, ya podemos mirar para nuestros pagos.

Los himnos están encubiertos, y la lealtad debería ser reorientada, en políticos, empresarios, gobernantes, y todos nosotros, hacia la democracia, hacia la civilidad, hacia la convivencia incluso en la calle, donde la Tierra de nadie se manifiesta en el vehículo más grande-, hacia reglas de juego claras, que no estén opacadas por intencionalidades que acechan para cambiarlas sin que nadie vea.

Porque Argentina es, todavía, un lugar donde apenas nos descuidamos, alguien se roba o cambia las piezas en nuestro juego de ajedrez.... y se las ingenia para hacernos cómplices de nuestro propio descuido.

Sergio Adrián Armand

 


 

Algo que decir

¡AVE, MURPHY!

 

Inundado de ingenuidad, le pregunté a un canillita: "¿Siempre pasa esto un sábado a la mañana?". El canillita, con una sonrisa que remitía a la obviedad, contestó que no.

Los diarios se agotaron. La gente se activó. La gente se movió. Empezó por la lectura. Empezó por la información. Empezó por enterarse.

Hubo un indicador importante el sábado a la mañana... aquel sábado en que se publicaban en los diarios, con lujo de detalles, las medidas del Emperador Murphy...

Quizás la ausencia de información es un elemento que forma parte de nosotros desde hace mucho, y estamos recuperando los pasos perdidos. Nuestra responsabilidad, en este caso, es enterarnos. Como decimos siempre, enterarnos es también proponer. Escuchar, es también hacernos ver. Respuestas y preguntas.

Cuando más impotentes nos sentimos, se hace difícil pensar en nuestra propia responsabilidad ante las injusticias sociales que tienen lugar en el presente. ¿Pensamos en nuestra credulidad constante? ¿Reflexionamos acerca de que alguna vez, nos "comimos" lo que un dictador de Uniforme nos decía sobre nuestra "Argentina Potencia"?

¿Reflexionamos sobre los espejitos de colores que nos venden una y otra vez? ¿Nos damos cuenta de que la democracia está vinculada a la Constitución, a los derechos de los ciudadanos, a una forma de poder que deberíamos ejercer?

Ya dejamos pasar demasiadas cosas. Demasiadas.

Es increíble que un solo punto de vista, una sola especialidad, una sola técnica (la economicista) domine la política entera a aplicar sobre una Sociedad.

Es increíble que se hable de "reducir el riesgo País" mientras se atenta violentamente contra la Sociedad, como si no formara parte de ese riesgo.

Es increíble que vivamos en un país en el que todavía consideramos incorporar al poder de turno a funcionarios que colaboraron con una dictadura genocida en nuestro país. Han sido -y son actualmente - varios nombres.

Es increíble que mansamente bajemos la cabeza y aceptemos la alevosía de pagar el aumento de un boleto de colectivo, subte o tren un viernes a la noche, sin estar al tanto del carácter monopólico e inconstitucional de la medida.

Es increíble que al asumir un nuevo Ministro, tenga los poderes de un nuevo Presidente.

Es increíble que ninguno de estos personajes sienta que debe rendirnos cuentas.

Es increíble que una persona, cual nuevo Emperador, pueda tener la facultad de cambiar las Instituciones (convertir Ministerios en simples Secretarías) motivado por una aparente ecuación matemática, y una oculta intención de dominio.

Es increíble que a un "Préstamo" que nos entierra cada vez más se lo llame "Blindaje", o se hable del mismo como un oasis de tranquilidad.

Es increíble nuestra ceguera y nuestra falta de participación.

Es increíble la desautorización constante de un Presidente hacia su equipo, el boicot interno e incesante, el cambio de figuritas, la falta de pertinencia e idoneidad de los funcionarios respecto a sus gestiones.

Es increíble que todavía no conozcamos la figura del "juicio político".

Es increíble que votemos a "alguien" (aunque yo no lo voté), y nos gobierne el "otro" (aunque esto no es privativo de la Argentina, como ya sabemos).

Es increíble que nada de esto nos parezca increíble.

Pero es importante que consideremos algo: en pocos días, se recordará un Golpe de Estado. Se recordará mucho más que una violación a nuestros derechos naturales y humanos. Se recordará la prepotencia, el asesinato, la impunidad, el horror. Se apelará a la memoria.

Sabemos que lentamente también se van constituyendo dictaduras de corbatas. Pero existiendo las herramientas propias del Estado de Derecho -aquellas que nunca debemos abandonar- siempre se puede hacer algo.

Con lo otro no.

No nos olvidemos de lo que ocurrió. No mezclemos las fichas. Separemos bien una cosa de otra.

Recuperemos el ejercicio democrático defendiendo nuestros derechos. Pero hablemos de derechos, y no de otra cosa. Cuidado, porque... la misma potencia acreedora que ahora decide tantas cosas y nos provoca penurias hoy, también influyó y decidió bastante sobre lo otro que hemos vivido, aquella vez... sobre un País que aún no conocía el "Nunca Más".

Sergio Adrián Armand

(Adivinen la fecha)


 

¡RUIDOS!

Emitido en El programa El Cerebro - Junio de 1995

Hoy literalmente me explotó la radio en la cara. Intentaba sintonizar una emisora para escucchar las noticias. No estoy casado con ninguna en particular, y soy un convencido del sano ejercicio de cambiar de dial para escuchar nuevas opciones. En el intento, un chispazo de electricidad corrió desde la radio hacia mi rostro, traspasó el cerebro, corrió hacia un lado y otro de la habitación y desapareció. "No voy a cerrar mis oídos", pensé, "Ante ninguna amenaza". Pero ahora necesito una radio nueva.

No cerrar el oído ante las amenazas significa parar las antenas. Pararlas y enterarse. Cambios de figuritas, tensiones, súbitas calmas, repeticiones de personajes que ya han hecho de las suyas en tiempos pasados que parecen olvidarse una y otra vez... Repentinamente entramos en un film como "Robocop", en la cual la policía se halla a punto de ser provatizada, y las sus fuerzas hacen huelga para resistirse al cambio. Una ciencia ficción, o futurismo cinematográfico, que hoy forma parte de una acostumbrada realidad.

Vivimos en una era de argumentaciones. Vos seguramente absorbés declaraciones, justificaciones, contradicciones, desmentidas. Se te forma una coraza y todo se transforma en datos que no entran en vos, sino que giran alrededor. Escucharás las declaraciones de arrepentimiento y culpabilidad que salen a la luz, y sin embargo, probablemente, no creas en un sinceramiento total, sino que te preguntás por qué... por qué sale de repente todo a la vista. ¿Te acordás de las de Schilingo, o Molina Pico? ¿Y el llanto de Cavallo? ¿Y el dicho "La democracia no se negocia"? ¿Y el caso Carrasco (que no se borra con un servicio militar optativo)?

Es común asistir a la imagen de un líder sindical que festeja el éxito de un paro brindando con champagne que le sirve una mucama.
No es común la imagen de que los servidfores del pueblo deberían ser quienes dicen defenderlo, quienes dicen gobernarlo.

Este es el panorama en que vivimos: Hay chiquitos boxeando en un ring con los ojos vendados, dando lugar a apuestas. Hay un oscurantismo medieval entre las computadoras. Hay intención ciega, malsana o inconciente. Pero tenemos que abrir los ojos. Abrir los ojos.
Las promesas se hacen pensando en un futuro. A veces, la promesa hecha permite especular acerca de cuán lejano puede estar ese futuro que obligue a cumplir con dicha promesa. Nuestra historia, y la de muchos otros, está poblada de acciones inmediatas que no tienen en cuenta las consecuencias futuras, las consecuencias a largo plazo. Salvar el momento. Ésa parece ser la premisa en muchos casos. Esperanzas, expectativas y anhelos. A veces van juntos. A veces se generan. Muchas, se destruyen. Algunos planifican un mejor futuro negandole el futuro a otros. Sacrificios justificados en pos de algo. Sacrificios decididos no por el sacrificado, sino por los verdugos encubiertos.


En la década del '70, se conoció una película llamada "Fuga en el Siglo 23". La historia se centra en un futuro en el que, después de una guerra nuclear, y con la imposibilidad de habitar nuestro plneta, unos pocos seres humanos se ven obligados a aislarse de lo que empezaron a llamar "mundo exterior". La ciudad se ubicaba bajo una cúpula. Un ámbito cerrado. Para mantener el equilibrio poblacional de esta ciudad, los seres humanos debían morir a los 30 años... o participar de un juego mortífero llamado "carrousel", del cual nadie salía vivo.
Hace poco tiempo, los diarios del mundo daban a conocer como noticia una idea que en China comunista había tomado forma: la muerte voluntaria de ancianos para mantener el equilibrio poblacional de este país. Una suerte de eutanasia masiva y controlada... una eutanasia sugerida.
Oriente siempre fue un ejemplo de respeto a los ancianos, a su sabiduría y a su experiencia de vida. Los ancianos eran la clave de la vida, guardaban sus secretos para transmitirlos en el momento justo. Los ancianos eran algo que se deseaba alcanzar.
Repentinamente nos encontramos en el mundo de la eficiencia y la utilidad. Y se mide la propia vida en pos de su utilidad.
Hoy vamos a explorar la forma en que el arte y la ciencia predijeron los futuros negros como consecuencia de nuestras acciones... y la forma en que este futuro negro se hace lentamente realidad... aquí... BAJO LA CUPULA.

Sergio Adrián Armand


 

ANIMOS

(Emitido en el Programa "El Cerebro" -107.5 mhz- en 1995)

Si al comenzar un programa de radio o preparar el contenido de una revista tomáramos conciencia de lo que un periodista, locutor, conductor o divulgador de lo que sea, aporta en esta construccion de la realidad, muy probablemente comenzaríamos a temblar.

Los periodistas somos seres humanos que a veces actúan con cierta ceguera... porque la magnitud de nuestra influencia, de ser conscientes, nos superaría, no nos permitiria hacer lo que hacemos.

Todo acto arrojado, todo acto que lleva a una persona a exponerse, está ligado a cierta inconsciencia... cierta quijotada. ¿Y cuántos de nosotros, con distintas acciones, en cualquier lugar, cuando decimos "Y sí... me juego..." nos tiramos a la pileta dando un triple salto mortal...?

Desde el comienzo de nuestra búsqueda periodística, hasta cierto momento de nuestra vida, los ánimos cambian. Nuestras creencias quizás se trastocan. Descubrimientos, formas, broncas, hechos, memoria, comentarios, miedos, anhelos...

No importan los aparatos y la estructura que utilizamos. Aunque los medios construyen realidades, para quienes intentamos comunicarnos desde la radio, la revista o un sitio electrónico en una red, se nos descubre una realidad palpable en cada uno de quienes escuchan, miran, leen.

Sus caras, sus cuerpos verdaderos, nos hacen ver que quien escucha mira o lee existe, que quien escucha, mira o lee tiene mucha más acción e influencia que un ser pasivo que absorbe y nada hace, que quien escucha, mira o lee no es una ficción imaginada por una coporación de banqueros que adquieren un medio masivo de comunicación como si se tratara de una cadena de pizzerías.

¿Emisor y receptor? Falsa dicotomía.

 

 

 

 

 

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